Enrique
Quintana.
¿Cómo es
posible que el día en el que la Reserva Federal de Estados Unidos anuncia la
medida de reducción de tasas más agresiva desde hace 12 años, los mercados
bursátiles se hayan ido para abajo?
Esa fue una
pregunta que ayer estuvo dando vuelta entre observadores y analistas. La visión
convencional señala que cuando el costo del dinero baja –y más con la sorpresa
y la fuerza con que lo hizo la autoridad monetaria de Estados Unidos– los
precios de las acciones se deben ir hacia arriba.
Hay que
reconocer que estamos en una situación inédita y están ocurriendo cosas que nos
sorprenden, por lo que cualquier explicación es apenas una hipótesis. Pero a mi
juicio, hay dos hechos asociados que pueden contribuir a explicar lo que sucedió.
El primero es
el viejo principio bursátil que recomienda: compra con el rumor y vende con la
noticia.
El índice
Dow Jones subió el lunes pasado un 5 por ciento, a consecuencia de las
versiones que señalaban que las autoridades monetarias de todo el mundo estaban
por tomar medidas coordinadas para impedir que los efectos económicos de la
epidemia del coronavirus fueran a convertirse en una recesión global.
Los
inversionistas compraron acciones ese día anticipando algo parecido a lo que
ayer anunció la Reserva Federal.
Tras
conocerse la inusual medida de la Reserva, y luego del impresionante salto en
los índices bursátiles, hubo quienes decidieron tomar utilidades el día de
ayer, por eso una caída cercana al 3 por ciento.
El otro
factor que puede haber detonado la ola de ventas tiene que ver con el
razonamiento de que ‘no se matan las pulgas a cañonazos’. Es decir, si el señor
Powell y sus colegas decidieron bajar medio punto las tasas de interés de
manera sorpresiva es porque ven una amenaza real.
Para
algunos que tenían dudas de que el coronavirus fuera a tener un impacto serio
en la economía, ya quedó claro que el riesgo es grande y que se tiene que echar
mano de la artillería pesada para enfrentarlo, así que ante esta conclusión
nuevamente el sesgo de los mercados bursátiles fue negativo.
El ánimo
de los inversionistas está hipersensible. Por esa razón, no descarte que veamos
altibajos fuertes todavía por un cierto tiempo.
A diferencia
de lo que pasó en Nueva York, aquí el índice de la BMV subió ayer en 0.7 por
ciento y nuestra moneda llegó a estar en la mañana del martes hasta en 19.15
pesos por dólar, aunque cerró cerca de 19.40.
¿Significa
eso que en México hay menos riesgo que en Estados Unidos?
Ojalá fuera
ese el caso. La realidad es que vamos en el mismo barco. Si realmente la
economía de Estados Unidos incrementa sus problemas debido a fallas en las
cadenas de suministros, nos va a contagiar.
En México
tendremos una creciente discusión respecto a la necesidad de tomar medidas
adicionales a las que hasta ahora se han aplicado.
Es muy
probable que antes de dos semanas ya estemos discutiendo la pertinencia de
suspender eventos masivos, como ya han estado haciendo otros países y
organismos como el FMI y Banco Mundial.
Hay que
ser humildes y reconocer que aún sabemos poco de este coronavirus y sabemos
menos aún de los impactos que puede tener en múltiples aspectos de nuestra vida
y de las relaciones económicas internacionales.
La Reserva
Federal sorprendió ayer con su decisión. Le aseguro que no va a ser la última
ni la mayor de las sorpresas. Más nos vale estar preparados.
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