Dolia
Estévez.
La timorata
respuesta de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) al fallo de la
Suprema Corte de Justicia, coartando el derecho de los mexicanos a defenderse
de la violencia de la Patrulla Fronteriza en tribunales estadounidenses, manda
el mensaje de que, pese a la retórica en sentido contrario, el compromiso con
las comunidades transfronterizas termina donde empieza el talante acomodadizo
de la política exterior mexicana.
En una de
las decisiones más significativas en la lucha por los derechos humanos, el
máximo tribunal negó a los padres de Sergio Adrián Hernández Güereca demandar a
Jesús Mesa, el patrullero que lo ultimó en Ciudad Juárez en 2010. La opinión
mayoritaria negó extender la protección constitucional a extranjeros que acusen
a sus agentes por hechos que ocurrieron en otras naciones (Hernández v Mesa
02/25/2020). Hernández, que a la sazón tenía 15 años, perdió la vida de dos
balazos que Mesa disparó desde Estados Unidos.
El Embajador
Christopher Landau, defendió el dictamen del tribunal donde se desempeñó
como asistente jurídico de dos magistrados conservadores a principios de los
90. “¿Qué tan cierto es que la Corte otorgó permiso a agentes fronterizos de
disparar en contra de mexicanos `si es necesario?’”, le preguntó un usuario en
Twitter. “Absolutamente falso”, respondió, “Soy abogado de apelaciones y acabo
de revisar la decisión. La corte decidió que la víctima de un incidente trágico
de este tipo no tiene derecho de demandar al agente que disparó directamente
bajo nuestra Constitución. Saludos”.
Si bien
el fallo lo emitió un poder nominalmente autónomo, al tener la Corte mayoría
conservadora, incluidos dos magistrados nombrados por Donald Trump, sus
decisiones avalan y refuerzan las políticas de la Casa Blanca. Pocas veces la
contradicen. Trump se ha esforzado en politizar el sistema de justicia de su
país a niveles jamás vistos.
Pese a la
gravedad del precedente, la SRE sólo dijo “lamentar” la decisión tomada el
jueves pasado con los votos de cinco magistrados conservadores contra cuatro
liberales. La dependencia a cargo de Marcelo Ebrard expresó “profunda
preocupación” por los efectos que tendrá en otros casos de mexicanos también
muertos a tiros en la frontera (Comunicado No. 56, 25/02/2020).
Nietzsche
decía que las lamentaciones no valen nada, proceden de la debilidad.
La
denuncia más fuerte vino de Joaquín Castro, Congresista demócrata descendiente
de mexicanos. Tras calificar al fallo como “despreciable” por ser un “ataque a
los derechos civiles y humanos más básicos”, Castro acusó a la Suprema Corte de
haber “legalizado matar sin causa”. El también presidente del Caucus Hispano
del Congreso, dijo que la decisión envía el mensaje de que, “no valoramos las
vidas humanas de nuestros vecinos del sur” (Comunicado 25/02/2020).
Por su
parte, más de 70 organizaciones no gubernamentales en ochos países, Estados
Unidos incluido, firmaron una declaración advirtiendo que el veredicto genera
impunidad y más violencia contra las comunidades en la frontera. “El fallo
establece un precedente peligroso en cuanto cierra la puerta a la
responsabilidad legal de agentes estadounidenses por violaciones de derechos
humanos transfronterizos”, aseveró el grupo liderado por el Centro por la
Justicia y el Derecho Internacional (Comunicado 02/28/2020)
Con base
en el “recurso Bivens”, que permite la denuncia de acciones ilegales de agentes
gubernamentales y la reparación de daños para las víctimas, los padres de Hernández
acusaron al patrullero de violar la Cuarta Enmienda constitucional que prohíbe
el uso excesivo de fuerza letal sin justificación y la Quinta Enmienda sobre el
debido proceso.
En nombre de
la mayoría, el Magistrado Samuel Alito defendió el papel que juegan los
agentes fronterizos en la protección de la seguridad nacional. Sostuvo que el
“recurso Bivens” no aplica por tratarse de un caso de política exterior que
corresponde al Congreso definir. Los jueces Clarence Thomas, cercano a Landau,
y Neil Gorsuch, nombrado por Trump, fueron más lejos abogando por la completa
desaparición del “recurso Bivens”.
A nombre de
los cuatro votos de la minoría, la magistrada Ruth Bader Ginsburg contrapuso
que el uso de la fuerza letal para disparar a un niño no tiene nada que ver con
la defensa de la seguridad nacional. El atacante, recalcó, es un “agente sin
control”, que se fue por la libre. Vaticinó que la exclusión de ciudadanos
mexicanos del sistema de justicia estadounidense tendrá un efecto negativo en
las relaciones con México.
El tibio
comunicado de la Cancillería anuló la preocupación de Ginsburg. El Gobierno de
AMLO parece más preocupado en no provocar al furibundo inquilino de la Casa
Blanca que en defender a los mexicanos transfronterizos.
Al
desconocer la jurisdicción extraterritorial, el fallo trunca la posibilidad de
que haya rendición de cuentas y de que los responsables de los asesinatos de
mexicanos en la frontera sean procesados y sancionados. No sólo eso. Refuerza
el temor de que los jueces partidarios de Trump pongan fin al programa DACA que
busca legalizar a 700 mil migrantes que llegaron cuando eran niños. De ser así,
la decisión, agendada para junio, será un triunfo para el presidente en plena
campaña reeleccionista.
Es hora
de que la SRE resucite la petición de extradición contra Mesa que Estados
Unidos rechazó y active la acusación penal en su contra. Si el Gobierno de
Trump se niega, AMLO deberá condicionar futuras extradiciones de mexicanos a
Estados Unidos a la entrega del patrullero blindado por la impunidad
estadounidense. Quid pro quo. Sólo así empezaremos a resarcir el daño moral a
las víctimas de la Patrulla Fronteriza y a equilibrar la balanza de la
relación.
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