Enrique
Galván Ochoa.
Al cierre
de 2018, el Fobaproa (hoy renombrado como IPAB) tenía pasivos por mil millones
de pesos, según su propio balance auditado. En su nacimiento –admitieron muy
sonrientes sus creadores, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón–, asumió deudas
privadas por mil 200 millones de dólares mediante un sórdido pacto prianista.
Transcurrieron cuatro sexenios, incluyendo los de Fox y Peña Nieto, y no
pagaron la deuda. Paradójicamente aumenta por la forma truculenta en que fue
aplicado el esquema financiero. Supongo que al presidente López Obrador le da
nausea aprobar que se utilice dinero del presupuesto para seguir abonando el
rescate bancario, cuando desde la oposición fue su principal oponente. Pero no
hacerlo afectaría los ahorros de los trabajadores, porque mañosamente las
Afores han adquirido buena parte de los bonos IPAB. El tema ha vuelto a tener
actualidad ante la situación crítica que enfrenta la economía por el
coronavirus y el desplome en el precio del petróleo. Ya se escuchan voces en el
sentido de que el gobierno debe rescatar a líneas aéreas como Aeroméxico e
Interjet, que ya pasaban por una difícil situación financiera desde antes que
estallara el problema sanitario. Conviene recordar dos fórmulas que propusieron
en su momento –es decir, antes de que el Fobaproa fuera formalizado– ante la
crisis financiera. Son de mercado. Una, del financiero (ya fallecido), Manuel
Espinosa Yglesias, fundador de Bancomer: los banqueros deberían pagar con sus
bienes sus deudas, no endosárselas al gobierno. Dos: Carlos Slim propuso que el
Estado debería facilitar a los banqueros líneas de crédito para que solventaran
la situación, que tendrían que pagar, pero no asumir sus deudas. (Un esquema
parecido siguió Estados Unidos que salvó de la quiebra a empresas como General
Motors). Una combinación de ambas fórmulas podría aplicarse hoy, pero de
ninguna manera otro Fobaproa.
Ganó el
pueblo
Mexicali
tiene un horario distinto al de la Ciudad de México: dos horas más temprano.
Por lo tanto, no tengo los resultados finales de la consulta ciudadana que se
realizó el sábado y el domingo para decidir si debe permitirse que continúe la
construcción de la planta cervecera Constellation Brands. Sin embargo, los
resultados del viernes indicaban que los mexicalenses votaron en contra. Tienen
una razón inobjetable: la planta va a quitarles agua para el consumo humano. En
cualquier lado del mundo el agua es un producto esencial para la vida, pero
para aquella comarca es de vida o muerte, primero, por las altas temperaturas
del verano y luego por ser una zona agrícola. Aparentemente los permisos
otorgados a la empresa están manchados de corrupción y metieron las manos tanto
funcionarios panistas, priístas y del Verde Ecologista. Hoy rugirá el
presidente de Coparmex, Gustavo de Hoyos, contra el gobierno federal… si
pierden la votación, como parece que sucederá. Fue un error de Constellation
Brands tomar como defensor a un personaje sin fuerza local que no ha podido ser
gobernador de la entidad.
Twiteratti
Escribe el
Embajador Christopher Landau @USAmbMex (como respuesta a @FelipeCalderon): En
tiempos de crisis, un ex presidente no tiene porqué meterse en la política
doméstica de otro país. Ahora más que nunca nos toca trabajar juntos. No
politicemos todo por gracias a Dios.
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