Raymundo
Riva Palacio.
En el primer
año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las libertades se deterioraron
y la percepción de mayor corrupción aumentó. La gobernabilidad declinó, pero el
poder centralizado incrementó. Las palabras sobre democracia, se han quedado en
una retórica hueca y sin sustento. El futuro no pinta bien, como deja ver el
Proyecto de Justicia Mundial, que en la primera vez que mide al gobierno López
Obrador, lo reprobó. Esta organización sin fines de lucro con sede en
Washington, que fue crítica con el gobierno de Enrique Peña Nieto, muestra que
si antes estábamos mal, ahora estamos peor.
Este
miércoles fue dado a conocer mundialmente el Índice 2020 sobre el Estado de
derecho, una revisión sobre cómo se están aplicando las leyes para combatir la
corrupción, la pobreza y las enfermedades, cruzada con las variables de
seguridad, derechos, justicia y gobernabilidad, donde se ve lo mal que le fue a
México el año pasado. De 128 países, México se encuentra en el lugar 104, una
caída de tres lugares, superada sólo por los gobiernos autócratas de Venezuela
(128), Nicaragua (118) y Bolivia (121), y por Honduras (116), cuyo gobierno
está infectado por el crimen organizado. El gigante latinoamericano, Brasil,
está lejos, en el lugar 67, y Chile, la democracia más acabada de la región, en
el 26. Entre los países de ingresos medios y altos, a México sólo le ganan en
pérdida de libertades, Venezuela, Irán y Turquía.
El informe
trae sorpresas amargas. Una es en el capítulo de Ausencia de Corrupción, que
considera como formas de corrupción el soborno, influyentismo de intereses
públicos y privados, y desvío de recursos públicos en el Ejecutivo, el
Judicial, el Legislativo y los militares. El mandato de las urnas a López
Obrador, de combatir la corrupción, ha sido incumplido y causó decepción. La
caída, en comparación con el último año del presidente Enrique Peña Nieto, fue
de 0.03 puntos. La percepción de que el Presidente ha optado por la impunidad,
le costó al país en el ranking, al ser situado en el lugar 121, superando sólo
a siete naciones que están peor evaluadas que México.
El mismo
sitio ocupa el capítulo Orden y Justicia, que mide la manera como la sociedad
evalúa qué tanto hace el gobierno por la seguridad de las personas y su
patrimonio. “La seguridad es uno de los aspectos que definen cualquier sociedad
de leyes, y es una función fundamental del Estado”, dice el índice. “También es
precondición de la concreción de los derechos y las libertades que el Estado de
derecho busca promover”. La seguridad es la razón por la cual nacieron los
Estados modernos, para proveerla a sus ciudadanos y súbditos. El documento no
aclara si la evaluación se dio antes o después del culiacanazo, la demostración
más clara de la claudicación del Estado mexicano a las leyes.
Los Derechos
Fundamentales, que es otra de las categorías del Proyecto de Justicia Mundial,
se refiere a los derechos humanos y la libertad de expresión. Una vez más, el
Índice no registra todavía las largas campañas de hostigamiento y control sobre
la libertad de prensa, acompañadas por un sistemático y masivo golpeteo en las
redes sociales y, de manera sobresaliente, en las comparecencias matutinas del
presidente López Obrador en Palacio Nacional. Tampoco incorpora el sentir y
pensar de los mexicanos del atraco a la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos, donde el Presidente nombró a una neófita en la materia que se rodeó de
profesionales que no son abogados, y que planteó una agenda de trabajo con
intereses particulares. No sería raro que el sitio 78 donde ubicaron a México
en el documento, tuviera un retroceso el próximo año, superior a la caída de
0.02 puntos, en 2019.
Uno de los
factores que registró el Proyecto de Justicia Mundial como negativo, fue la
pérdida de contrapesos que tiene el gobierno. Ese factor cayó 0.01 puntos, con
respecto a 2019, al notarse la ausencia de mecanismos de rendición de cuentas
en los poderes del Estado, así como en la prensa. No entra el Índice en
detalles de dónde se registró ese retroceso que colocó a México en el lugar 89
de la tabla, pero se puede argumentar que los mexicanos se empezaron a dar
cuenta de la subordinación del Poder Legislativo, en particular la Cámara de
Diputados, y de la propia presidencia de la Suprema Corte de Justicia,
encabezada por Arturo Zaldívar, que parece apéndice de la Conserjería Jurídica
de la Presidencia, y melosamente solícito con López Obrador.
La
transparencia fue una de las reformas democráticas de segunda generación que la
sociedad civil –universidades y medios– forzó para que el presidente Vicente
Fox aceptara una legislación. La opacidad es una característica de los
regímenes autoritarios, y entre más transparente es un gobierno al compartir su
información y empoderar a la gente con herramientas para que rinda cuentas,
mayor fortaleza adquiere el sistema. El de López Obrador es un gobierno
esencialmente opaco, como las murallas al público al esconder procesos de
licitación resueltos en adjudicaciones directas o acciones de seguridad
pública. El Índice tiene a México en el lugar 36, que se puede interpretar como
inercial, donde no se avanzó, pero tampoco cayó.
La justicia
en México, no extraña, también se empantanó. La Justicia Civil (116) y la
Justicia Criminal (119), reflejaron las deficiencias en el sistema de
procuración y administración de las leyes, y externalizaron las dudas sobre su
imparcialidad y eficiencia como mecanismo de resolución de disputas. Esta
parte, esencial del Estado de derecho, tampoco pasó la prueba del primer año de
gobierno de López Obrador, que en materia de derechos y libertades, para todo
lo que se esperaba de él, ha sido decepcionante y preocupante.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.