Enrique
Galván Ochoa.
Resultó
extraño para los integrantes de la OPEP y los secretarios de Energía del G-20
que durante tres días México se resistiera a bajar su producción de petróleo en
la misma medida que los grandes productores (23 por ciento) y sólo aceptará
disminuirla en 100 mil barriles diarios (5.5). Han tratado a representantes
mexicanos mucho tiempo y saben que (y con qué) se agachan. Tal vez ahora
entiendan mejor el motivo por el que un viejo conocido suyo, el ex director de
Pemex en el gobierno de Enrique Peña Nieto, Emilio Lozoya, está en prisión, al
igual que Genaro García Luna, el secretario de Seguridad de Felipe Calderón. Es
otro México el que representó la secretaria de Energía, Rocío Nahle. La
acribillaron. Según esto, el presidente Andrés Manuel López Obrador y su
representante iban a ser culpables de que no se pusiera fin a la guerra del
petróleo. La historia era otra. Arabia Saudita no quería firmar el acuerdo
porque automáticamente le garantizaba la supervivencia a las empresas de
fracking de Estados Unidos que no pueden producir a bajo costo. En México, en
redes sociales y medios, los golpes contra AMLO y Nahle fueron despiadados.
Llama la atención, pero no sorprende, que mexicanos ataquen a mexicanos porque
defienden a México. Cuando el Presidente apareció a anunciar que había hablado con
Donald Trump y éste le había ofrecido su apoyo para que no bajara más su
producción de 100 mil barriles, siguieron los golpes porque Arabia Saudita
continuó presionando. Al final, aflojó cuando Trump amenazó con su arma
favorita: aranceles. El acuerdo unánime de los 23 países participantes
significa la reducción en la plataforma petrolera mundial de 9.7 millones de
barriles a partir de mayo. El diario Financial Times, no muy afecto a la 4T,
escribió que México se había anotado un triunfo diplomático. Pero lo importante
es que concluyó la guerra petrolera, México no tendrá que bajar más de 100 mil
barriles diarios y otros 250 mil serán compensados por Estados Unidos por medio
de algún mecanismo que se desconoce. La lección al mundo es que México es capaz
de sostenerse, aunque tenga un vendaval en contra, de afuera y de los (ponga
usted aquí el calificativo) de adentro.
Crisis en
los medios.
Se habla
mucho de las pérdidas que la pandemia causa en algunos sectores de la economía,
como las compañías aéreas, los restaurantes y la automotriz, pero hay otra
víctima: los medios de comunicación. En Estados Unidos semanarios como Seven
Days (Vermont) y hasta Gannett sufren, esta cadena de más de 100 periódicos,
dueña del USA Today. En total, 28 mil trabajadores en la industria de los
medios han sido despedidos, suspendidos o se les ha reducido su salario, según
una encuesta de The New York Times. El presidente y director ejecutivo de News
Media Alliance, David Chavern, dice: Las suscripciones digitales están ahí, los
números de tráfico siguen aumentando, pero la contracción publicitaria es
brutal y continua. En México, la situación probablemente es peor. El gobierno
federal (y también algunos estatales) han reducido drásticamente su presupuesto
publicitario desde el año pasado. El chayote, que constituía el ingreso
principal de algunos conductores de televisión, radio y columnistas de la
prensa escrita, desapareció del presupuesto oficial. Usted puede calcular
cuánto perdieron en su ingreso midiendo la furia con que atacan al gobierno.
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