Enrique
Galván Ochoa.
En el
mundo de los negocios se distinguen tres personajes: el gerente de la empresa,
el directivo de asociación empresarial y el creador, el fundador del negocio.
Al final de la historia, los gerentes de compañías y los directivos de
organizaciones tipo Coparmex sólo son empleados y sirven a los intereses de los
hombres de negocios como Germán Larrea o Carlos Slim. Sin embargo, estos días
pareciera que actúan en esferas diferentes. Vemos a los dueños de los negocios
desfilar por Palacio Nacional o conversar por teleconferencia con el presidente
López Obrador, y aparentemente le dan su apoyo al plan de supervivencia
nacional. Pero los directivos de los organismos cúpula actúan en otra
dirección. Atestiguamos que un hombre mesurado como Carlos Salazar Lomelín,
presidente del Consejo Coordinador Empresarial, se expresa muy irritado porque
la Presidencia les cerró las puertas, no escucho sus propuestas para enfrentar
la crisis. Está llamando a que los empresarios busquen sus propias fórmulas,
salidas. Por su lado, el presidente de Coparmex, Gustavo de Hoyos,
prácticamente está llamando a una insurgencia empresarial contra el gobierno.
De Hoyos, no hay que perder de vista, es un panista que buscaba la gubernatura
de Baja California, se quedó en el camino y ahora mira más alto, el Palacio
Nacional, aunque probablemente si sus fantasías llegaran a cumplirse viviría en
Los Pinos. Su lucha, dice, está encaminada a defender el bienestar y el empleo
de los ciudadanos. Sin embargo, esta conversión populista es reciente, porque
en semanas anteriores lo hemos visto defender a una empresa cervecera que
pretendía quitarle parte de su agua a Mexicali; también luchó contra el
etiquetado explícito en la comida chatarra que es causa de obesidad (ahora
sabemos que esta condición hace más vulnerable al organismo ante el ataque del
coronavirus), y, ¿cómo olvidarlo? su defensa del outsourcing. En fin, la
cuestión es esta: ¿hay un doble juego? Por un lado, los grandes empresarios le
expresan su solidaridad al Presidente, pero, por otro lado, dejan que los
cúpulos actúen en otra dirección? Si no es así, que amarren a sus canes.
Acuerdo
mundial.
A menos
de que el presidente Trump escriba un tuit disolvente, hay señales de que la
guerra del petróleo pudiera llegar a su fin, y pronto. La OPEP –Organización de
Países Exportadores de Petróleo y sus aliados– ha concertado una
videoconferencia para el viernes de esta semana. Ahí estarán reunidos, a la
distancia, los representantes de Rusia y Arabia Saudita, cuyo desacuerdo en
cuanto a cortar la producción es una de las causas del conflicto. Al día
siguiente, los secretarios de Energía del G-20, ya conocidos los resultados de
la reunión de la OPEP, celebrarán una videoconferencia para debatir propuestas
más amplias con miras a un acuerdo mundial petrolero. Rusia, Canadá, Brasil y
Arabia Saudita son miembros de ambas agrupaciones. El G-20 puede ser un foro
más amplio para incorporar a Estados Unidos. Tenemos a la vista lo que podría
ser un acuerdo histórico. México es miembro del G-20. De seguro estará presente
en la teleconferencia.
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