Tatiana
Clouthier.
No cabe
duda de que la situación por la que atravesamos hoy nos muestra cómo toda
acción tiene consecuencias. Claro, éstas pueden ser positivas o negativas.
Llegamos a
la situación actual a encontrar un sistema de salud saturado y al máximo de su
capacidad, y la carestía sistemática de insumos médicos. Esta realidad
muestra que todos hemos sido corresponsables de malas prácticas que han minado
al sistema de salud mexicano. Por un lado, durante muchos años no hicimos
seguimiento puntual al buen uso de los recursos humanos, materiales, e
inmobiliarios destinados al sector salud.
Lo
anterior incluye cómo se hacían las licitaciones y quiénes eran las
farmacéuticas y proveedores que los contratos beneficiaban. Por otro, cuando se
hacían públicos casos de corrupción, no pusimos atención a si se castigaba o no
a los implicados.
La
corrupción desgastó la infraestructura y los servicios de salud que son un
derecho fundamental de todos los mexicanos. En el último sexenio, fuimos
testigos de la corrupción y de sus efectos adversos en la vida de miles de
mexicanos. Durante este último año, el gobierno se ha dedicado a enmendar años
de corrupción y de desatención al sector salud. De esta manera, terminó de
equipar o concluir más de 40 hospitales abandonados por las pasadas
administraciones, aunque no necesariamente solo del IMSS.
La
situación adversa que hoy sufrimos se deriva no sólo de decisiones
gubernamentales, sino de la negligencia individual. Muchos de nosotros hoy
caemos en cuenta del daño directo o indirecto que hicimos al registrar a un
trabajador con un sueldo inferior, o de plano, de no registrarlo ante la
institución de salud, bajo el pretexto de que “le convenía más” en su quincena.
También, mermamos
las arcas del IMSS mediante la práctica común de elevar las aportaciones que
uno hace al seguro social un poco antes de retirarse para aumentar la pensión
que se obtendrá.
Me
pregunto si hay ante esto economía que alcance. Todo parece indicar que no, y
hoy, ante la pandemia que enfrentamos, estos problemas acumulados nos obligan a
realizar esfuerzos enormes. A pesar de estas voluntades encontramos que de una
manera u otra el pasado nos cobra factura.
Gran
lección.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.