Enrique
Quintana.
El documento
que el presidente López Obrador dio a conocer el sábado, en el que explica la
política económica de su gobierno para hacerle frente a la crisis derivada del
coronavirus solo tiene, a mi parecer, dos puntos relevantes a ser tomados en
cuenta.
En su
conjunto es insustancial y reiterativo. Dice que la actual crisis no deriva de
la pandemia sino de la crisis del modelo neoliberal, consideración que anticipa
mucho de su contenido.
El primer
punto que me parece importante es el que alude a la entrada en vigor del T-MEC
que, de acuerdo con AMLO, traerá inversiones, sobre todo a partir del conflicto
comercial entre China y EU.
El otro es
la insistencia en la inutilidad de la medición económica basada en el PIB.
Veamos
ambos.
Desde hace
varios años hay una conexión muy clara entre el crecimiento de la industria en
Estados Unidos y el crecimiento de México. Si el programa de rescate del
gobierno norteamericano funciona, el crecimiento tanto del gasto del consumidor
como de la producción industrial en nuestro vecino del norte tendrá un efecto
positivo en la actividad económica de nuestro país.
Con ese
razonamiento, el gobierno de López Obrador pareciera quererse ahorrar los
recursos fiscales que tendría que invertir para incentivar la actividad productiva
en México.
Como el
propio AMLO refiere, esta conexión se haría más relevante aún si se exacerba el
conflicto comercial entre Estados Unidos y China, con lo cual más y más
empresas establecidas actualmente en territorio chino buscarán otros lugares
para relocalizarse y no estar sujetas a los vaivenes de este interminable
conflicto.
México se
podría convertir así en el punto más atractivo para la inversión tanto
norteamericana como de empresas de otros países que quieren llegar al mercado
estadounidense.
Esa es la
apuesta.
Sin embargo,
tiene problemas. El más importante deriva de la desconfianza.
En muy pocos
meses se han presentado dos decisiones que afectan negativamente a la
inversión.
La primera
fue la clausura virtual de la planta en construcción de la cervecera
Constellation en Mexicali. La otra fue la modificación de los criterios de
despacho eléctrico que se concretó el viernes pasado y que afecta negativamente
a las inversiones que se han hecho y otras en curso por parte de empresas que
apostaban a las energías limpias. Según el CCE, hay impacto en inversiones por
30 mil millones de dólares.
Se está
creando la impresión de que el gobierno mexicano puede, sin problema, cambiar
las reglas del juego a la mitad del camino.
Esto podría
disuadir a algunas empresas a hacer inversiones que apunten al mercado
norteamericano.
Los efectos
de la pandemia, con todo y lo graves que han sido, pasarán.
Lo que puede
hacer un daño permanente a la economía es la desconfianza, pues ella podría
continuar hasta el final del sexenio, con lo cual pudiéramos tener varios años
por delante de estancamiento o incluso de caída de la economía.
Y aquí entra
el segundo punto, referido al final del documento de AMLO.
Como, a su
juicio, el PIB no es una medida relevante, pues no permite observar el
bienestar o la felicidad del pueblo, entonces no importa si cae 10 o 15 por
ciento. Eso es poco importante para él.
Esta
consideración nos anticipa que, a pesar de los malos resultados del programa
para reactivar la economía, no habrá cambios, sino la insistencia en los
programas sociales vigentes, aunque el Coneval concluya que son insuficientes.
Lo dicho:
AMLO apuesta a que Trump siga, a que sigan los problemas con China, a que los
programas de rescate allá funcionen, y a que Estados Unidos nos remolque sin
haber tenido que gastar recursos fiscales en México.
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