Enrique
Quintana.
La pandemia
que nos aqueja ya marcó un antes y un después.
Para cada
uno de nosotros, estas últimas semanas ya forman, de una o de otra manera, un
episodio que marcará nuestras vidas.
Eso también
pasará en la sociedad entera.
Pero habrá
muchas cosas que continúen. Cambiaremos, pero nuestro pasado no va a
desaparecer. Su permanencia nos dará identidad aún en un nuevo entorno.
Una de las
preguntas clave en esta coyuntura en la que nos encontramos es qué permanecerá
y qué será diferente.
Aún no lo
sabemos.
Imagínese
usted que se presentó un tsunami. Todavía estamos en él. Necesitamos que las
aguas bajen para saber qué es lo que encontraremos cuando nuevamente la tierra
sea visible.
Probablemente
hallaremos que la geopolítica mundial ya es otra. Que China se ha recuperado y
que su trayectoria para convertirse en la economía número uno del mundo se va a
acelerar.
Quizás
también observaremos que, por sobrevivencia, Estados Unidos busca aliados para
tratar de mantener su hegemonía. Allí la oportunidad de México.
Encontraremos,
cuando regresemos a nuestro espacio de trabajo, que éste ha cambiado
radicalmente. Que ya nunca volverá a ser el mismo.
Quienes
hemos tenido la oportunidad de trabajar a distancia, sabremos que deberá
ofrecer algo más, para poder ser más productivos, si no carecerá de sentido.
En países
como México, cuando todos regresemos a las calles, encontraremos el terrible
impacto social que la pandemia ha dejado y que hoy aún no es visible.
Ninguna
crisis financiera que nuestra generación haya vivido se parecerá a lo que hoy
ya vivimos. La profundidad y alcance que tendrá serán mucho mayores.
“Como es
obvio”, según dicen, no se trata de la crisis del neoliberalismo.
Se trata del
impacto económico y social del más terrible ataque de un virus en contra de la
humanidad en los últimos 100 años. Si no se encuentra la vacuna en los
siguientes meses, los muertos habrán de contarse por millones y no por cientos
de miles, como ya sucede ahora.
Encontraremos,
cuando salgamos, una población en la que se van a exacerbar los impulsos
localistas, que quisieran cerrarse al resto del mundo y conjurar las amenazas
que los intercambios de mercancías, de conocimientos, de personas, traen
consigo.
Encontraremos
también, afortunadamente, que existe un grupo de la sociedad –no sabemos qué
tan importante e influyente– que entiende que la única manera de enfrentar
amenazas como la que estamos viviendo es con el conocimiento y la ciencia.
Encontraremos
que en la medida que las amenazas se han vuelto globales, así también deben
volverse nuestros esfuerzos para conjurarlas.
Para algunos
resultará increíble, pero encontraremos a políticos que piensan que la pandemia
fue solo una etapa incómoda, que les impidió seguir con sus giras y sus
campañas, y que creen que es cuestión de semanas para que ‘la normalidad’
regrese y se puedan plantar en las plazas públicas, rodeados de sus partidarios,
que los ovacionen y que les digan que sigan adelante.
Encontraremos
políticos que, pese a las evidencias de su mala gestión, van a presumir de los
buenos resultados que han obtenido… en la realidad alterna en la que ellos se
mueven.
Así lo harán
Trump o Bolsonaro. ¿O acaso usted estaba pensando en otro personaje?
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