Diego
Petersen Farah.
La crisis en
Notimex, la agencia de noticias del Estado Mexicano es, más allá de lo
anecdótico, pues involucra a personas públicas que en algún momento fueron
aliadas y hoy se dan hasta con la cubeta, es la muestra más clara y reveladora
del uso de las instituciones públicas para fines privados o partidistas. Hay
entre algunos funcionarios del Gobierno de López Obrador un sentimiento de
revancha, de reivindicación de sus demandas, muy similar que observamos en los
primeros triunfos del PAN en los años noventa e incluso con la llegada a la
Presidencia en el año 2000. La impronta ideológica es algo que se espera de
cualquier Gobierno, pero respetar las instituciones de Estado es lo que da
certeza jurídica y de futuro.
Notimex y
los medios públicos se han convertido en instituciones de propaganda, como en
los peores momentos del partidazo, lo que en sí mismo es un retroceso, pero
también en trincheras personales desde las que algunos personajes dirimen sus
animadversiones con otros colegas. Aunque es terrible, lo más grave no es que
usen recursos del Estado para dirimir asuntos personales, sino que se obligue a
los empleados de la agencia a asumir posturas, crear cuentas, atacar a
comunicadores, como es el caso de San Juan Martínez –fehacientemente mostrado
por el estudio de SignaLab del Iteso– o usar un programa en una televisora de
Estado para defender a los cuates, como lo hizo Ackerman con Manuel Bartlett.
San Juana
Martínez es ave de tempestades. Por donde ha pasado ha dejado conflicto. Se ha
equivocado de punta a punta en el manejo de la agencia que hoy está en huelga,
confrontada hacia el interior y con decenas de frentes abiertos hacia el
exterior. Evidentemente el problema comenzó con el nombramiento: una periodista
combativa y dispuesta al conflicto a la menor provocación no era evidentemente
el perfil adecuado para manejar una agencia de información de Estado. Se
decidió mal, no se actuó a tiempo cuando los empleados comenzaron a dar señales
de que había problemas en la dirección, se dejó correr una huelga que pese a
estar estallada se ignoró y hoy no parece haber más salida que la remoción de
la directora con el costo político que ello tiene. Entre más tarden en tomar la
decisión será mayor el deterioro de la institución y el desgaste del Gobierno.
Más de
alguno pensará que es el momento de cerrar Notimex, que hoy en día las agencias
de Estado tienen poca importancia y casi nada que aportar. Es una verdad a
medias: las agencias nacionales hoy tienen la función de llegar allá a donde ni
los medios ni las redes alcanzan a cubrir, pero sobre todo dar al mundo una
visión, lo más neutral posible, de lo que pasa en el país.
Una agencia
de Estado necesita visión de Estado y decisiones de Estado. Ahora sí que,
parafraseando a Fito Páez, ojalá la 4T esté a la altura del conflicto.
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