Por Ezequiel
Flores Contreras.
El caso de la muerte de la enfermera María
del Carmen Galeana evidenció una red de influyentismo y corrupción que
involucra al gobierno estatal y a la sección 36 del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Salud (SNTSA) dirigido por Beatriz Vélez Núñez.
En su perfil
de Facebook, la doctora Verónica Ortiz Zúñiga, quien trabaja en la
Secretaría de Salud (Ssa) estatal, denunció públicamente que a la enfermera no
la mató el virus, sino la indolencia institucional.
Escribió: “Ella
ya sufría de depresión, pero a las autoridades indolentes no les importó, pudo
más la soberbia de los jefes que todo el tiempo le pedían dictámenes del ISSSTE
(aun sabiendo que no se los podían otorgar en esta época de pandemia), para no
pasarla al área COVID-19, sabiendo y conociendo sus antecedentes, nunca
supieron cómo tratar a una trabajadora con depresión diagnosticada”.
Ortiz Zúñiga
añadió: “En México no nos está matando el virus nada más, nos está matando
la indolencia e ignorancia de los ‘jefes’ directores de hospitales,
coordinadores y jefes jurisdiccionales, jefes de recursos humanos, delegados
sindicales, que son indolentes e ignorantes que toman decisiones desafortunadas
para las trabajadores de la salud, exponiendo su salud y la de la población y
como en este caso se está cobrando muchas vidas esta pandemia y no solo por el
virus”.
Otros
trabajadores de la Ssa emitieron mensajes en el mismo sentido, como el caso de
la usuaria Toñita Cabañas Madero, quien escribió lo siguiente:
“Ella
estaba enferma aparte de su depresión porque días antes me había llamado. Con
su sistema inmune no debieron ponerla en área de Covid-19. Debieron haberla
mandado a su casa por vulnerabilidad. A mí me la quería negar la sub directora
aun comprobándole mi estado de salud”.
Y Loret
Ortega colocó un mensaje donde advirtió el influyentismo que prevalece en el
hospital Raymundo Abarca Alarcón, donde trabajaba la enfermera que se quitó la
vida tras contagiarse de covid-19.
“Ojalá y
pongan más atención a todo el personal de salud, que ya regresen los que se
fueron a descansar porque son conocidos de no sé quién, porque conocen a no sé
quién y les dieron un dictamen médico sin tener enfermedad alguna. Y que ahora
se vayan a descansar los que han estado en pie sobre la lucha de este mal.
Porque como tienen base hacen lo que quieren”.
Al respecto,
Cristina Flores añadió: “A los que se creen jefes, les vale madre si estás
enferma. Entre solo que quieren chingar al personal, les pides días de tus
vacaciones y te los niegan, salen que no hay oficio. Yo no sé qué está haciendo
nuestro sindicato, si no nos va apoyar”,
Toñita
Cabañas Madero secundó: “Ellos como jefes no están en el hospital. Checan y
se van a su casa a resguardarse, no les preocupa nada y dejan a merced a todo
el personal”.
Y soltó: “Cierto
doctora Verónica. Les vale sorbete a los directivos. No les importamos. Como
ahorita que aunque el presidente por decreto anuncia que los que estamos por
vulnerabilidad no debemos regresar aun, nos están avisando que ya debemos estar
de regreso, desobedeciendo al presidente. A esta compañera mire, no les importó
sus estados depresivos y su bajo sistema inmune, hoy ya no está con nosotros”.
Christian
Justo añadió: “Así es doctora, hacen movimientos y cambian las condiciones
laborales a su antojo sin ningún fundamento. Así mismo poniendo en riesgo la
integridad de cada trabajador, priorizando quedar bien a costa de la salud del
trabajador”.
Consultados
al respecto, trabajadores del hospital general Raymundo Abarca Alarcón
señalaron que en este nosocomio existe una red de influyentismo y corrupción,
porque a personal allegado al gobernador Astudillo y a la líder sindical
Beatriz Vélez, le permitieron ausentarse para “evitar exponerlos” en el área
covid-19.
Incluso los
trabajadores consultados afirmaron que en el área de terapia intensiva
labora personal no apto, como “secretarias del área administrativa”, quienes
fueron habilitadas para hacer paquetes con insumos médicos.
Además,
subrayaron, la mayoría de los médicos y enfermas que están en el área
covid-19 son de contrato, carecen de seguridad social y laboral, y por ello son
más vulnerables al contagio, la represión laboral y los efectos secundarios de
lidiar con la muerte todos los días.
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