Salvador
Camarena.
Tenemos un
presidente que disfruta y aprovecha la condición de pararrayos. Intuye, y año y
medio en el poder no lo contradicen, que el desgaste es menor al recibir él las
descargas, al torear por sí mismo los vendavales. Frente a polémicas decisiones
de su administración, el mandatario sale a armar polvaredas mediáticas, y los
costos para su gobierno (es un decir) aun lucen marginales. A lo mejor es hora
de cambiar de estrategia.
Vayamos a lo
ocurrido ayer en la mañanera. Una reportera de un medio extranjero cuestionó a
Andrés Manuel López Obrador sobre su política con respecto a sus políticas
frente a la violencia de género.
Al
responder, y para sorpresa de nadie, el Presidente soltó la cantaleta de
lugares comunes (“nunca se había protegido tanto a las mujeres de México como
ahora”, etcétera) que él trata de pontificar como verdades probadas. La
reportera pidió concreción –medidas reales– en la respuesta presidencial. Nueva
cantaleta.
La
periodista de Vice News llevó sus cuestionamientos a Palacio Nacional en un
momento de oportunidad periodística inmejorable. Había trascendido que el
gobierno federal recortó 37 millones de pesos para la Alerta de Violencia de
Género contra las Mujeres (AVGM), lo que dejaría sin presupuesto para ese fin a
las seis entidades con más feminicidios (Estado de México, Veracruz, Nuevo
León, Ciudad de México, Puebla y Jalisco).
El tema es
de escándalo. AMLO no rehúye esas polémicas, porque, al enfrentar los
cuestionamientos, se sale por la tangente de negar la realidad, culpar al
pasado, asegurar que el cambio ha iniciado, y que quien opine diferente está
contra su gobierno o simplemente equivocado.
La siguiente
parte del guion también es conocida: se ha visto demasiado desde el 1 de
diciembre de 2018. Tras declaraciones de AMLO como la de ayer, grupos de
especialistas, expertos, líderes de opinión, algo de la prensa y algunos
opositores dignos de ese nombre condenarán, lamentarán, fustigarán o el verbo
respectivo que gusten, al mandatario. Por insensible, por falaz, por tozudo o
por todas las anteriores.
Pero después
de eso, ¿qué? Tan campante, López Obrador saldrá la mañana siguiente a ejecutar
el mismo numerito. Y si acaso lo considerara necesario, como cuando acusó en
plena pandemia a médicas y enfermeros de ser mercantilistas y la tormenta
escaló como pocas veces, farfullará algo parecido a una disculpa que, otra vez,
usará para reprochar a sus adversarios por “tergiversar” sus dichos y crear
ruido distractor.
Así llevamos
19 meses y medio. Es entendible que se crea que en un país presidencialista
llevar al púlpito de Palacio Nacional preguntas y peticiones es lo indicado.
Mas ya vimos que sólo sirve para que el Ejecutivo imponga su agenda y deseche
cuestionamientos o reclamos propios de una democracia o de un sistema que se
supone pretendía ser regido por la rendición de cuentas.
Venimos de
un modelo en el que los secretarios de Estado debían enfrentar las crisis y si
éstas los rebasaban, podrían ser remplazados –como fusibles– para que el
desprestigio o el desgaste no llegara al Presidente. Ahora es éste quien
capotea todo tipo de crisis. Y le está resultando. Por eso, qué tal si se
cambia de estrategia. Si ya se sabe lo que se obtendrá yendo a la mañanera, por
qué no ir, en cambio, con el gabinete, y con otras destacadas figuras de
Morena, a preguntar si convalidan los hechos, más que las palabras, del líder.
Sería
interesante que gente como la subsecretaria Martha Delgado, de la SRE, y el
propio Marcelo Ebrard, que quiso pasar como un alcalde progre del Distrito
Federal, dijeran si están de acuerdo en que se quiten esos fondos a la alerta
de género. O la mismísima Claudia Sheinbaum. Y Arturo Herrera, titular de
Hacienda. Y el diputado Mario Delgado. Y senadoras como Malú Micher, presidenta
de la Comisión de Igualdad de género, o Ricardo Monreal, o Tatiana Clouthier, y
Olga Sánchez Cordero, y Graciela Márquez, y Julio Scherer, y…
Si ya
sabemos de memoria qué dirá AMLO, por qué no hacer que gente que tiene
aspiraciones políticas o profesionales le entre al toro y diga de su ronco
pecho si les parece que al recortar 37 millones de pesos a la alerta de género
se apoya a las mexicanas como “nunca antes”. Que expongan su opinión y ésta
quede registrada.
De una u
otra forma, las y los mencionados –entre otros– fueron factor para que ganara
AMLO. Y hoy están con él en su proyecto, y hay quien piensa que si no estamos peor
es gracias a gente como ellas y ellos.
Sería bueno
saber si esas personas se atreven a decir, para la posteridad, lo mismo que su
jefe: que las mujeres mexicanas están mejor que nunca. ¿Lo harán, o se
escudarán en el pararrayos de la mañanera?
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