Julio Astillero.
El Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero,
emergió de una especie de autoconfinamiento mediático, poco explicable, para
dar por finiquitada la insostenible verdad histórica a la que se habían
aferrado Enrique Peña Nieto y su mendaz procurador de injusticias, Jesús
Murillo Karam, en busca de ocultar lo sucedido entre la noche del 25 y la
madrugada del 26 de septiembre de 2014, cuando 43 estudiantes de la normal
rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos en Iguala, Guerrero.
“Se acabó la ‘verdad histórica’”, pronunció ayer Gertz Manero
con la misma solemnidad que en noviembre de 2014 su antecesor Murillo Karam
había postulado: Esta es la verdad histórica de los hechos, basada en las
pruebas aportadas por la ciencia, como se muestra en el expediente.
Declarar finiquitada la mentirosa conclusión hecha cinco años
y medio atrás significa la confirmación de lo que era por todos tan sabido:
Peña Nieto y su equipo, con Murillo Karam como principal ejecutante siniestro,
mintieron al país y complotaron desde las instituciones civiles y militares
para ocultar la verdad verdadera y para impedir que hubiera justicia.
Ayer, Gertz Manero dijo que el arquitecto de la criminal
mentira sobre los 43 fue Tomás Zerón de Lucio ( Sembrón, como se le bautizó en
este espacio, que oportunamente ha huido del país, aunque presuntamente ya ha
sido localizado), pero esa descripción no se apega a la realidad y es de
esperarse que con ella no se pretenda que el intento justiciero marca 4T llegue
como máximo nivel hasta este personaje de mediano pelo que era director de la Agencia
de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República: la
responsabilidad histórica y judicial es de Peña Nieto, aunque a este no lo
pueda alcanzar el brazo justiciero, y de Murillo Karam, no de quienes sólo
fueron (siguiendo la figura del arquitecto Zerón) maestros de obras o albañiles
(también se emitieron 46 órdenes de aprehensión para presuntos responsables en
Guerrero).
Este mismo lunes, además, informó el mismo fiscal Gertz
Manero de la decisión de Emilio Lozoya Austin de aceptar su extradición a
México para enfrentar dos casos de corrupción en su contra. El ex director de
Petróleos Mexicanos ofreció su colaboración para esclarecer los hechos que le
han sido imputados, dijo el titular de la FGR.
Meses atrás, quien era su representante legal, Javier Coello
Trejo (y que ahora ha renunciado a tal encargo, por estar en desacuerdo con la
ruta escogida por su cliente), advirtió que Lozoya no se mandaba solo, en un
mensaje nada críptico hacia la zona de confort donde Peña Nieto se ha mantenido
desde que hace dos años casi abandonó el timón nacional en manos de quien
acababa de ganar las elecciones, a cinco meses de que tomara posesión formal
como presidente de la República el político tabasqueño de activismo tan
incesante como su concentración de poder.
Ya se verá si Lozoya negoció beneficios en su tratamiento
judicial mexicano a cambio de aportar declaraciones, indicios o pruebas que
apunten a Peña Nieto, con quien participó en la campaña electoral presidencial
de 2012, cuando recibió millones de dólares de Odebrecht para ganarse favores
políticos que luego le fueran retribuidos a la firma brasileña cuando Lozoya
ocupara un alto cargo en el gabinete peñista. ¿Persistirá la impunidad del
peñismo, hasta ahora solamente tocada por huracanes retóricos mañaneros y por
procesamientos judiciales alejados del mero corazón del entramado corrupto
enriquista, o se mantendrán los inconfesos entendimientos primorosos?
Y, mientras el canciller Marcelo Ebrard ha informado que la
invitación de Trump es para una visita oficial de trabajo a realizarse el 8 y 9
del mes en curso (gulp, ¿qué temas?, ¿en busca de qué tipo de acuerdos?, ¿entre
más tiempo allá, más riesgos acá?)... ¡Hasta mañana, ya vigente el nuevo
tratado neoliberal de comercio en Norteamérica!
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