Julio Astillero.
De
consumarse hoy, como todo apuntaba hasta ayer en la noche, la elección de
cuatro consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) mediante el criterio
desfallecido del menospeorismo, la llamada Cuarta Transformación habrá
desaprovechado clamorosamente una oportunidad, tal vez difícilmente repetible,
de iniciar un proceso auténtico para desenmarañar y depurar uno de los nudos
principales que han frenado el desarrollo democrático de la nación.
Apremiado
por los tiempos jurídicos que le incitaron a una rápida resolución, entrampado
por un mecanismo de toma de decisiones que no supo encauzar hacia el mandato de
cambio político profundo que dictaron sus electores, el ebrardista Mario
Delgado, es decir, el partido Morena en su vertiente legislativa en San Lázaro,
podría ejecutar hoy alguna suerte de malabarismo político (con sus aliados, el
Verde, el PT y el PES, con los que algo se habrá de ceder y negociar) para
sacar adelante la votación en cuanto a las citadas consejerías electorales,
pero no habrá hecho lo suficiente para impulsar la urgente revulsión en el INE
que diera certidumbre a los delicados procesos comiciales en puerta e impulsara
en los ciudadanos la confianza plena en la organización y resultados de esas
jornadas electorales.
A dos años
del arrollador triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y de Morena, y
a casi 20 y 23 meses, respectivamente, de ejercer el mando en los poderes
Ejecutivo y Legislativo, parecería increíble e imperdonable el caer por propia
creatividad en un problema cuya importancia y trascendencia requería planeación
y ejecución oportunas y eficaces.
Las
decisiones iniciales que tomó Delgado sobre el tema fueron de ingenuidad
política o de excesivo deseo de quedar bien con segmentos civiles no
morenistas, a los que entregó la representación de esa cámara para fines de
evaluar a los aspirantes a ocupar en el INE los cuatro asientos mencionados.
Ese comité
evaluador se constituyó con tres designaciones hechas en la Cámara de
Diputados, dos por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y dos más por el
Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de
Datos Personales (Inai). El método de evaluación fue decidido por esos siete
integrantes y, según el doctor en derecho Juan José Cano Ugalde, los criterios
eran más formales que de fondo, más enfocados en aspectos teóricos que en el
análisis crítico de la realidad del INE, sin debate real, con tendencia a
privilegiar una noción sesgada, conservadora o continuista de tal instituto
(https://bit.ly/30DO8ZO y https://bit.ly/2CDbjvj).
Cano Ugalde,
quien fue aspirante a consejero y quedó excluido de la propuesta final,
aseguró, sin pretensión de tumbar el proceso ni ser incluido en una hipotética
nueva elaboración, que tal evaluación parecería elaborada para que no se
hicieran” críticas ni señalamientos al actual Instituto Electoral y consejeros
que lo conforman, pues el plantear con claridad situaciones que actualmente
demeritan a la institución, convirtieron al que lo hizo (de acuerdo a lo que
percibí de la mayoría de los integrantes del Comité) en un enemigo acérrimo de
dicho Instituto o en un anarquista; al menos eso me hizo sentir la mayoría del
Comité Técnico en su entrevista”.
Si todo
queda como se perfilaba anoche en este tema, se habrá regalado un impensado
tanque de oxígeno político al consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova
Vianello y a los partidos y grupos opositores a la llamada 4T pero, sobre todo,
al modelo de organización electoral que con dos nombres (Instituto Federal
Electoral y el actual INE) ha sostenido una apariencia de democracia contra la
cual se manifestaron cuantiosamente los mexicanos en los comicios de 2018.
Y, mientras
viene ya de regreso el famoso avión presidencial (sin haberse vendido, como se
esperaba al enviarlo a Estados Unidos), que fue comprado en un acto de
despilfarro por Felipe Calderón Hinojosa, para frívolo disfrute de Enrique Peña
Nieto.
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