Raymundo
Riva Palacio.
Emilio
Lozoya fue detenido hace poco más de un año en un complejo donde viven
multimillonarios, cerca de Marbella. Es un club de golf llamado La Zagaleta,
donde llegó la policía española a través de una investigación en fuentes
abiertas. Era la casa de un empresario ruso, y cuando detuvieron a Lozoya,
describió el diario El País, llevaba un diccionario ruso y copias de lecturas
en el mismo idioma.
En la prensa
mexicana se había publicado que la mafia rusa lo había ayudado a refugiarse,
aunque nunca se demostró. Tampoco hubo detenciones de mafiosos rusos en España
como consecuencia de la captura. Pero esto no significa que los intereses
económicos rusos le fueran ajenos. De hecho, la abierta defensa de ellos dentro
del gobierno de Enrique Peña Nieto fue su última batalla como director de
Pemex.
La relación
comenzó en septiembre de 2013, cuando el secretario de Energía, Pedro Joaquín
Coldwell, acompañado por el director de Pemex, Lozoya, recibió a Vagit Alekperov,
quien después de haber llegado a ser subsecretario de Energía para asuntos
petroleros en la desaparecida Unión Soviética, fundó Lukoil en 1991,
actualmente la empresa petrolera más grande en Rusia. Cuatro meses después,
Pemex y Lukoil firmaron un acuerdo de cooperación para trabajar conjuntamente
en la exploración y producción de crudo, lo que la convertiría en la primera
empresa extranjera que participaría en el sector, tras aprobarse las leyes
secundarias de la reforma energética.
En esos
momentos se daba la parte más intensa de las negociaciones de la reforma
energética. “Mientras que el debate a nivel constitucional en el otoño de 2013
había sido de grandes conceptos y paradigmas ideológicos -recuerda una persona
involucrada en el proceso-, el de 2014 fue un debate técnico y orientado a
temas específicos”. En la mesa de negociación, encabezada por Joaquín,
participaba la subsecretaria de Hidrocarburos, Lourdes Melgar, y el
subsecretario de Ingresos de la Secretaría de Hacienda, Miguel Messmacher.
Por parte
del Legislativo, los más activos eran los senadores David Penchyna, del PRI,
que presidia la comisión de Energía, los senadores panistas Salvador Vega
Casillas, Jorge Luis Lavalle, Francisco Domínguez y Francisco García Cabeza de
Vaca, así como los diputados de ese partido, Juan Bueno Torio y Rubén Camarillo
Ortega, que representaban al grupo encabezado por el presidente del PAN,
Gustavo Madero.
Lozoya no
formaba parte de la mesa técnica, pero quienes participaron en ella recuerdan
que hacía un trabajo de cabildeo intenso con los legisladores para garantizar
el margen de maniobra que tendría en la reforma, pero que dependería de cómo
quedaban las leyes secundarias. La posición que adoptó, de acuerdo con personas
que participaron del proceso, chocaba frecuentemente con las secretarías de
Energía y Hacienda, que buscaban un balance entre la mayor autonomía de Pemex
que tendría, con nuevos controles financieros y operativos.
“La relación
se fue volviendo cada vez más tensa, especialmente por la liberalidad con la
que Emilio Lozoya contactaba a los legisladores, intentando convencerlos de sus
puntos de vista, por encima de la mesa técnica”, agregaron. “Estas diferencias
ocurrieron en mayor o menor medida en todos los temas mencionados, pero la
mayor confrontación ocurrió en torno al tema de los farmouts. Las posiciones en
el tema de los farmouts eran irreconciliables”. Los farmouts abrían la
posibilidad de que Pemex pudiera explotar campos petroleros en asociación con
empresas privadas, mexicanas o extranjeras, como quedó planteado en el acuerdo
que firmó Pemex con Lukoil, en 2014.
Energía y
Hacienda proponían que en el caso de los farmouts se siguiera el mismo
procedimiento de licitación que en las llamadas rondas petroleras, que
rechazaba Lozoya, a las que llamaba una “aberración” por su proceso
burocrático, complejo e impráctico. Quería asociarse sin licitación de por
medio, y que Pemex pudiera tener la libertad de hacer negocio con quien lo
considerara pertinente, sin licitar contratos de asociación. El cabildeo de
Lozoya provocó reacciones negativas en el PRI y el PAN. Incluso, Bueno y
Camarillo advirtieron que si prevalecía la postura de Lozoya, votarían en
contra de la reforma.
Ante el
riesgo de que reventara la negociación, Videgaray habló con Lozoya en el
cumpleaños del presidente Enrique Peña Nieto, en julio de 2014, en una
discusión que se recuerda como acalorada. Joaquín y Videgaray se lo plantearon
al presidente, quien ya había sido informado por Lozoya –que le dijo que
contaba con los votos en ambas cámaras–, por lo que rechazó la posición del
director de Pemex.
De mecha
corta, Lozoya tomó muy mal la derrota dentro del gabinete, que frustró el plan
con Alekperov. Enfrentado desde entonces con Videgaray, no dejó de quejarse del
mecanismo y lo saboteó hasta su salida de Pemex, en febrero de 2016. En ese
tiempo chocó no sólo con el secretario de Hacienda, con quien se enemistó
profundamente, sino con la subsecretaria Melgar, quien le reclamó varias veces
su negación a realizar los farmouts. La ley secundaria no pudo ser aplicada
hasta que llegó José Antonio González Anaya a Pemex, quien logró la asociación
con la empresa británico-australiana BHP Billiton para explotar el campo
petrolero Trión, con una inversión de más de mil millones de dólares.
El acuerdo
con los rusos fracasó, pero la relación se mantuvo más allá del ámbito
profesional. Lozoya no podía esconder su molestia con Videgaray y Peña Nieto
después de su salida de Pemex. La Procuraduría General de la República empezó a
investigarlo en septiembre de 2017 por el tema Odebrecht, y en aquél tiempo
comentaba con dientes apretados, “si yo empezara a hablar”. Ahora es cuando
encontró el momento para salvarse de ir a la cárcel por presunta corrupción,
apegándose al criterio de oportunidad y declarando contra aquellos contra los
que se enfrentó, particularmente Peña Nieto y Videgaray. El cobro de facturas
viene, pero sus dichos tendrá que demostrarlos.
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