Martí Batres.
La propuesta
de reforma al sistema de pensiones de los trabajadores, anunciada la semana
pasada en la conferencia mañanera del Presidente, es la primera de carácter
progresivo después de por lo menos tres décadas.
Durante esos
años se realizaron varias reformas regresivas —o contrarreformas— que tuvieron
como resultados: 1) la individualización del ahorro de los trabajadores; 2) la
mercantilización de las pensiones; 3) la reducción del monto de las pensiones;
4) la disminución del tiempo de disfrute del retiro; e incluso 5) la
imposibilidad de contar con una pensión después del retiro. O sea, más
desigualdad: fortalecimiento del capital financiero y debilitamiento del factor
trabajo.
Como dice
Enrique Valencia Lomelí, a lo largo de 25 años se privatizó el sistema de
pensiones; pasando de uno público de beneficios definidos, solidario y de
administración pública a uno privado de contribuciones definidas y cuentas
individuales.
Inspirado en
el modelo chileno implantado durante la dictadura de Pinochet, Pedro Aspe
impulsó en México un proyecto que se materializó primero en el Sistema de
Ahorro para Retiro en 1992. Se funda así un nuevo pilar privado adicional a los
fondos públicos.
En 1997, con
la nueva Ley del IMSS se crean cuentas individuales manejadas por Afores del
sector financiero privado. Se pasa de un esquema de 500 semanas de cotización a
1250 semanas. Y de un esquema de beneficios definidos a un esquema de
contribuciones definidas. Las pensiones dependían ahora de lo ahorrado por el
trabajador.
En 2004 se
reforma el Régimen de Jubilaciones y Pensiones de los empleados del IMSS. Los
nuevos empleados podrán retirarse luego de 35 años de servicio y no de 27. Sus
contribuciones pasarán del 3 al 10 por ciento del salario. Recibirán como
pensión el 100 por ciento y no el 130 por ciento de su último pago mensual. Y
ahorrarán en cuentas individuales.
En 2007 se
realizó la reforma a la Ley de Pensiones del ISSSTE, para introducir los
cambios que ya se habían hecho a las diversas normatividades del IMSS.
En 2015 se
reforma el régimen de pensiones para nuevos empleados de PEMEX. Habrá
contribuciones definidas, cuentas individuales manejadas por una Afore y el
retiro será a los 60 años de edad con 30 de servicio, en lugar de 55 y 25 años
respectivamente.
Entre el
2006 y el 2013, la Comisión Federal de Electricidad, la banca de desarrollo, la
Auditoría Superior de la Federación, el Banco de México y muchas universidades
públicas sufrieron reformas similares.
Sin embargo,
el nuevo sistema de pensiones de los trabajadores dio muestras de su fracaso
muy pronto. El propio Santiago Levy, uno de sus impulsores, terminó
reconociendo la inoperancia del mismo en su libro “Buenas intenciones, malos
resultados”. En un período de 10 años, los trabajadores de bajos ingresos (con
hasta tres salarios mínimos) solo tuvieron empleo formal durante el 49 por
ciento de dicho lapso. Y sólo el 16 por ciento tuvo un empleo formal permanente
a lo largo de una década. Eso demostraba que era imposible cotizar mil 250
semanas en 24 años de vida laboral, como exigía la nueva legislación en materia
de pensiones. ¡Para lograr dicha cotización, el trabajador tendría que estar
activo laboralmente durante 53 años!
Hace unos
días, el gobierno presentó una propuesta para reformar el sistema de pensiones
de los trabajadores. No se modifica el carácter privado del ahorro. No
desaparecen las Afores. No se reestatiza el sistema. Sin embargo, aumenta el
monto de las pensiones en un 40 por ciento. Los trabajadores no cotizarán a lo
largo de mil 250 semanas, sino durante 750. El 82 por ciento de los mismos
tendrá garantizada la pensión a los 60 años de edad. La aportación de los
patrones aumentará de 5.15 a 13.875 por ciento del salario en ocho años. Las
Afores reducirán las comisiones por manejo de cuenta y mejorarán los
rendimientos del ahorro.
En efecto,
es un paso —el primero en 30 años— hacia un Estado de bienestar en materia de
pensiones de los trabajadores.
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