Enrique
Quintana.
La situación
económica de México podrá verse en los indicadores de junio en la perspectiva
de un vaso medio lleno o del vaso medio vacío. Usted elija.
Ayer,
tuvimos un dato que nos ilustra de manera precisa este hecho. La producción de
autos en el sexto mes del año subió en casi 11 veces respecto a mayo.
Obviamente esto se explica porque en junio reabrieron un buen número de plantas
automotrices que estuvieron sin actividad durante mayo.
Las
exportaciones de autos igualmente se dispararon respecto al mes anterior y
crecieron en 13 veces en relación con las que se habían efectuado en mayo.
Pero podemos
también tener la perspectiva del vaso medio vacío. Si comparamos la producción
de junio de este año contra la del año pasado entonces el resultado es una
caída de casi 30 por ciento. En el caso de las exportaciones el descenso es de
casi 39 por ciento.
Este
comportamiento lo vamos a observar en múltiples variables económicas cuando
tengamos los datos de junio y más aún de julio.
La
comparación contra el periodo inmediato va a arrojar crecimiento, incluso un
crecimiento espectacular, pues será la diferencia entre casi cero actividad y
el reinicio.
Pero si el
comparativo se realiza contra el mismo periodo del año anterior, entonces el
resultado será negativo y aún en proporción muy importante.
Un ejemplo
de ello es la previsión que ayer arrojó la encuesta que hace quincenalmente
Citibanamex. El consenso es que en 2020 tendremos una caída del PIB de -9.2 por
ciento y otras variables van a resultar incluso más golpeadas.
Pero en las
comparaciones mensuales o trimestrales, seguramente buena parte del segundo
semestre tendremos alzas.
¿Qué es lo
realmente relevante? ¿Cuál es la comparación a la que hay que poner atención?
En realidad,
no hay un ángulo correcto y otro que no lo sea. La realidad implica las dos
caras.
En este
espacio le he comentado que es probable que en la mayor parte de indicadores
económicos (subrayo 'la mayor parte' porque en algunos casos todavía las cosas
van a empeorar) ya hayamos tocado fondo y los niveles absolutos del indicador
vayan en ascenso a partir de junio o julio.
Sin embargo,
lo que está por verse es la fuerza que tendrá ese ascenso. Allí está el
problema.
Por ejemplo,
en el caso de la industria automotriz, pasar del nivel de poco más de 20 mil
autos producidos en mayo a los 238 mil que se ensamblaron en junio es resultado
de echar andar las plantas nuevamente.
Sin embargo,
subir la producción de ese nivel a los casi 340 mil que se estaban produciendo
el año pasado, va a ser bastante más complicado porque va a depender de la
demanda, tanto del mercado estadounidense como del mercado mexicano. Y las
perspectivas no son muy buenas.
Igualmente,
en este espacio le hemos comentado que la suerte de la economía mexicana en
buena medida va a estar ligada a lo que suceda con la economía de Estados
Unidos.
No se trata
sólo de las grandes industrias exportadoras, como la del automóvil, sino
también del sector agropecuario o incluso del comportamiento de las remesas,
que incide de modo importante en la economía local.
Si el
programa de rescate de la economía estadounidense resulta exitoso, es probable
que se empiecen a revisar los pronósticos de la economía de México… pero ahora
hacia arriba.
Por ejemplo,
algunos de los estimados que asumen una caída de la economía de 9 a 10 por
ciento, suponen un descenso de alrededor de 20 por ciento en las remesas y,
sorprendentemente, hasta el mes de mayo no se ha presentado dicho retroceso y,
en contraste observamos un alza de 10 por ciento.
Estamos en
tiempos inciertos y más nos vale reconocer que la realidad puede darnos más
sorpresas de las que imaginamos.
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