Julio Astillero.
No es buena
noticia para la Ciudad de México la salida de Rosa Icela Rodríguez Velázquez de
la Secretaría de Gobierno. Su especialidad ha sido la política y la
administración de la Ciudad de México, con especial acento en temas de
seguridad pública. Veintitrés años atrás dejó el reporteo periodístico para
iniciar una carrera de servicio público en la que ha tenido como coordinador a
Martí Batres en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y a Andrés
Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera como jefes de
Gobierno, con estos dos últimos como estratégica secretaria de Desarrollo
Social.
Como
secretaria de Gobierno de la capital del país –desde el 5 de diciembre de 2018,
hasta hoy– Rosa Icela parecía la fórmula ideal para Claudia Sheinbaum, quien
tenía en el segundo cargo de importancia a una colaboradora discreta, eficaz,
muy trabajadora y con una extendida fama de honestidad. Sin embargo, el
verdadero jefe político de la funcionaria Rodríguez, López Obrador, quien le
tiene una alta estima profesional, decidió retirarla del escaparate chilango y
nombrarla coordinadora de Puertos y Marina Mercante de la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes.
Nacida en la
Huasteca potosina, licenciada en periodismo y mujer de izquierda, Rosa Icela es
enviada a una delicada misión, para la cual no sólo son necesarios los
conocimientos técnicos, que irá adquiriendo, sino las características que ya
posee: honestidad, disciplina y la plena confianza de su jefe. Su nombramiento
se produce luego de la renuncia de Javier Jiménez Espriú a la SCT, en
desacuerdo por la llegada de la Secretaría de Marina a encargarse de las
funciones eminentemente civiles de los puertos, la marina mercante y la
formación de marinos mercantes.
Lo que se
busca, equivocadamente, a juicio de este tecleador, es que la fuerza militar de
la Armada ayude a frenar y erradicar la enorme corrupción que rodea la
operación en puertos y aduanas marítimas y, en particular, el predominio
operativo de los intereses de fuertes cárteles del crimen organizado. Nada
garantiza o sugiere que la cesión de mando a la Armada pueda cambiar, más que
en términos efectistas (como ha sucedido con la Guardia Nacional, que ha
devenido en mera extensión de la Secretaría de la Defensa Nacional, con otro
nombre y uniforme), la putrefacta realidad en esos puntos marítimos. Todo
podría quedar en un simple cambio de gerentes del mismo negocio, tal vez con
estilos distintos. A supervisar a nombre de AMLO que no suceda así, va Rosa
Icela Rodríguez. Ya se verán los resultados.
Alfonso
Suárez del Real fue nombrado nuevo secretario de Gobierno de la Ciudad de
México. Ha sido diputado local y federal y hasta hoy ha sido secretario de
Cultura con Sheinbaum como gobernante. Tiene estudios de bachillerato y ha
tomado cursos de periodismo, historia y cultura, siendo esta materia en la que
más se ha especializado. Fue delegado sustituto en Cuauhtémoc durante casi
siete meses, luego de que Dolores Padierna dejó el cargo para ir a una
candidatura. También fue subdirector del Metro.
El propio
Presidente de la República suele hacer profesión pública de sus creencias
religiosas e incluso ha orado en Palacio Nacional con grupos evangélicos, según
ha asegurado el pastor Arturo Farela. Pero ayer tomó otra dimensión el uso de
esas referencias durante una de las marchas en automóviles que organiza ciertos
fines de semana el Frente Nacional Anti-AMLO (Frenaaa). En San Luis Potosí se
utilizó, desde bocinas en vehículos, un himno guadalupano
(https://bit.ly/2CGizXC), según puede apreciarse en el video tomado por Eduardo
Martínez Benavente (https://bit.ly/2D3gB3b). Una de las estrofas, según
transcribió José Rosario Valles, reza así: Mexicanos: volad presurosos del
pendón de la Virgen en pos. Y en la lucha saldréis victoriosos, defendiendo a
la patria y a Dios.
Y, mientras
un fiscal de Estados Unidos ha negado al ex gobernador priísta de Chihuahua
César Duarte que lleve su proceso en libertad bajo fianza,
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