Enrique
Quintana.
Era el 12 de
mayo cuando el subsecretario López-Gatell anunciaba que la Jornada Nacional de
Sana Distancia terminaría el 30 de ese mes.
Días atrás,
el 1 de mayo, el mismo funcionario había señalado que el 'pico' de la pandemia
habría de llegar entre el 8 y el 10 de mayo, según sus modelos matemáticos.
Señaló que,
a partir de ese momento, el número de nuevos casos diarios empezaría a
descender.
El 8 de mayo
se reportaron mil 900 nuevos casos, pero las cifras no comenzaron a descender,
sino que se mantuvieron creciendo.
El modelo de
semáforos que pretendió organizar la apertura de la economía a partir de junio,
luego de 69 días de confinamiento general, partió de premisas incorrectas. El
supuesto de que la pandemia ya estaría en fase descendente, de acuerdo con los
modelos de la Secretaría de Salud, fue equivocado.
El resultado
fue que, ante señales confusas, el distanciamiento social se redujo, hubo
salidas desordenadas y un mayor crecimiento de los contagios.
Quizá, si
esa jornada se hubiera extendido un mes más y hubiera sido más estricta, hoy
estaríamos con una tendencia claramente a la baja.
En la
primera semana de junio, cuando comenzó el sistema de 'semáforos', el promedio
de nuevos casos diarios fue de 3 mil 770. En los primeros siete días de julio,
el número había crecido a 5 mil 980.
En los siete
días recientes andamos en una media de 6 mil 380.
Salvo que
ocurra una sorpresa, en los primeros días de agosto seguiremos por arriba de
los resultados de julio.
Hay diversos
modelos en el mundo que han proyectado datos de la pandemia en México.
Uno de los
más referidos es el del científico de datos Youyang Gu, que supone un 'pico' de
contagios diarios en los primeros días de agosto y luego una muy lenta
reducción. Al comenzar noviembre, según esta proyección, habría 40 por ciento
menos que los contagios que hoy suceden.
Es decir, si
tomáramos como base los datos oficiales, llegaríamos a noviembre con un nivel
de contagio semejante al que teníamos en los primeros días de junio y poco
menos de 90 mil fallecidos acumulados.
Con este
escenario, no podemos pensar en que se pueda regresar a una apertura más o
menos generalizada de actividades. Es decir, el semáforo verde difícilmente
podría aplicarse, en los siguientes tres meses por lo menos.
Hay
pronósticos más pesimistas aún, como el del Institute for Health Metrics and
Evaluation (IHME), de Washington, que considera que podría ir bajando el número
contagios desde finales de este mes de julio hasta septiembre, pero detecta
luego un nuevo ascenso al punto de que en noviembre ya habría de nuevo más
contagios que los que hoy tenemos.
Si ambos
escenarios se aproximan a la realidad, tendremos una pandemia más larga de lo
que la mayoría anticipaba.
Eso
significa un escenario diferente al que hoy se contempla porque es probable que
la actividad productiva y el empleo desciendan más de lo previsto.
Para las
empresas, también implica crear estrategias que consideren que las
restricciones a la movilidad y la necesidad de un confinamiento, al menos
parcial, van a persistir prácticamente durante el resto del año.
Esta dura
realidad está siendo experimentada, por ejemplo, por el sector restaurantero y
hotelero, que reabrió en diversos puntos del país, considerando que habría un
repunte gradual de la actividad. Y, hoy, ante la realidad de que la demanda no
crece y tenemos lugares vacíos, nos enfrentamos a un ciclo de cierres.
Ojalá la
realidad fuera otra. Pero, es la que es.
Más nos vale
no ignorarla y estar preparados.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.