John M.
Ackerman.
Naufragó
el proceso de evaluación técnica de los perfiles de los candidatos y candidatas
a ocupar los cuatro lugares vacantes en el Consejo General del Instituto
Nacional Electoral (INE).
Todo había iniciado
bien. Las primeras dos etapas del proceso conducido por el Comité Técnico de
Evaluación avanzaron con paso firme y gran profesionalismo. 390 personas se
registraron y 329 sustentaron un innovador examen de conocimientos y
pensamiento crítico.
Posteriormente
el Comité Técnico hizo una revisión minuciosa de los expedientes (CV, carta de
exposición de motivos y ensayo) de las 164 personas que superaron el filtro del
examen para llegar a la lista de 60 finalistas.
Pero de
repente todo se echó a perder. Después de las entrevistas a los y las 60
finalistas, sorpresivamente se materializó un bloque conservador dentro del
Comité Técnico con el fin de impulsar a sus candidatos favoritos y vetar a
cualquier aspirante que “oliera” a pueblo.
Al
participar en las deliberaciones como miembro del Comité Técnico, de repente
llegué a sentir como si estuviera atrapado en la película “Parásitos” con su
magistral escenificación del funcionamiento de los prejuicios de clase que
atraviesan nuestras sociedades capitalistas.
Para estar
en contexto: Intimidades de un proceso de selección y una criatura impertinente
e inmadura
Este
bloque conservador, encabezado por una periodista independiente y una académica
del CIDE con evidentes fobias ideológicas y personales, iba descartando uno por
uno a candidatos intachables que cuentan con una larga trayectoria en la lucha
por la democracia y amplios conocimientos en materia electoral.
En cambio,
se incluyeron a personas con trayectorias sumamente cuestionables y que incluso
tienen claros conflictos de interés con los propios integrantes del Comité
Técnico.
Por ejemplo,
los tres integrantes del comité que son investigadores del CIDE lograron
impulsar la candidatura de su colega y amigo, el doctor Javier Aparicio, a
pesar de su mal desempeño en la entrevista y los fuertes cuestionamientos en su
contra respecto a su complicidad en el fraude electoral de 2017 en el Estado de
México.
También entraron
exalumnas de integrantes del Comité Técnico, del ITAM, del Colegio de México y
del mismo CIDE.
De la misma
manera, Alma Eunice Rendón, prima hermana del actual consejero Ciro Murayama
Rendón, entró milagrosamente a la lista de finalistas. Rendón fue directora del
Instituto de Mexicanos en el Exterior durante el sexenio de Enrique Peña,
periodo en el cual se canalizaron cientos de millones de pesos a la
organización para migrantes Juntos Podemos, de Josefina Vázquez Mota.
Las
quintetas también incluyen a Iulisca Bautista, asesora del actual consejero
electoral Jaime Rivera, quien entró al INE en 2017 como cuota de Marko Cortés y
sostiene posiciones sistemáticamente favorables al PAN. Bautista también cuenta
con fuertes vínculos históricos con el PRD, ya que fungió como directora de
Difusión e Imagen Institucional durante el nada pulcro gobierno de Amalia
García en Zacatecas entre 2004 y 2010.
El bloque
conservador también logró colocar a Carla Humphrey, antigua asesora en el
IFE de dos consejeros panistas, Alonso Lujambio y Arturo Sánchez. En 2005,
Humphrey entró como cuota del PAN al Consejo Electoral del entonces Distrito
Federal y, al finalizar su gestión, se autoasignó un deshonroso bono millonario
de despedida con el argumento de que jamás volvería a trabajar en las
instituciones electorales.
Y como si no
bastara con los casos arriba señalados, también se incluyeron varios
consejeros de las entidades federativas fuertemente cuestionados por su
complicidad con la comisión de graves irregularidades en elecciones estatales.
Jéssica
Rojas Alegría, por ejemplo, tiene una larga y conocida trayectoria como
operadora político-electoral en el Estado de México, donde el PRI ha gobernado
de manera ininterrumpida desde hace 90 años. Es uno de los funcionarios
electorales más cercanos al exconsejero Marco Baños, leal soldado del PRI
dentro del INE desde hace décadas.
Se
incluyeron también dos consejeros electorales del estado de Oaxaca, Gustavo
Meixueiro y Rita López, quienes estuvieron a cargo de la organización de la
fraudulenta elección para gobernador en 2016.
Aquellos
comicios fueron tan cuestionados que el nuevo gobernador, Alejandro Murat, fue
obligado a rendir protesta de manera ilegal e ilegítima en las instalaciones de la
Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión a la 1:30 de la madrugada del 1 de
diciembre de 2016.
Durante la
fase de entrevistas aproveché para preguntarles a ambos candidatos su
opinión al respecto, pero los dos cínicamente negaron que hubiera existido
irregularidad alguna en aquella elección.
En resumen, el
bloque conservador del Comité Técnico logró rellenar las listas finales con
perfiles que garantizarían la continuidad del viejo régimen dentro del INE
mediante el control de la estructura electoral y la conducción parcial y
antidemocrática de esa institución.
Afortunadamente
unos cuantos buenos perfiles ciudadanos sí lograron colarse a las listas
finales. Son muy escasos y es necesario buscarlos como una aguja en un pajar,
pero a pesar de todo, hay materia para que la Cámara de Diputados cumpla con su
responsabilidad histórica de revitalizar la democracia mexicana.
Ahora bien, es
urgente modificar el procedimiento de evaluación para los futuros procesos de
selección de consejeros electorales. El formato actual favorece la participación
de aspirantes grises y promueve una evaluación más tecnocrática que humanista.
También, deja al Comité Técnico vulnerable a las presiones externas del viejo
régimen que en esta ocasión se hicieron presentes en la última etapa de
revisión.
Por ejemplo,
las entrevistas con los aspirantes deben ser transmitidas en tiempo real.
Ello permite mayor participación ciudadana y echa más luz pública sobre las
trayectorias, las perspectivas, e incluso las mentiras de los candidatos.
En el
proceso de deliberación ahora en curso en el seno de la Cámara de Diputados sería
más que conveniente que los diputados revisen los videos de las entrevistas
para los 20 candidatos finalistas para poder emitir sus votos con base en el
conocimiento real de los candidatos.
También hubiera
sido preferible presentar tres listas de mujeres en lugar de sólo dos, como en
su momento propuse en la mesa del Comité Técnico, para cumplir plenamente con
la paridad de género en el Consejo General.
No deja
de sorprender que al final de cuentas fueron las cuatro mujeres integrantes el
Comité Técnico quienes cerraron filas al final del proceso en contra de la
integración de una tercera quinteta de mujeres. Todo con el fin de cerrarle el
paso a una destacada candidata mujer, Diana Talavera, que no era de su agrado.
Al final de cuentas pesaron más sus fobias ideológicas que sus supuestas
convicciones feministas.
En suma, el
proceso vivido demuestra una vez más que a pesar de todos los avances en
materia democrática en el país, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no
acaba de nacer. Pero paso a paso, con la participación de todos y todas, y
siguiendo siempre una firme brújula ética, estoy seguro de que lograremos un
país plenamente democrático y justo.
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