Salvador
Camarena.
El jueves
México sobrepasó las 50 mil muertes por Covid-19. El ritmo de acumulación de
las cifras de los decesos hizo que tal fecha fuera previsible. La ocasión, sin
embargo, no mereció mayor comentario del gobierno federal en la conferencia
vespertina que, se supone, fue instituida para que la población fuera
diariamente informada, a nivel sanitario, de la pandemia. En vez de ello, en la
misma semana que se llegó a tan funesto récord, se fue materializando en la
discusión pública un nuevo tema de salud; uno nada novedoso, pero uno que el
presidente López Obrador pretende que sea, al mismo tiempo, cortina de humo
para no encarar la discusión sobre el demencial monto de fallecimientos de
mexicanos por este coronavirus, y una marca de su administración. Porque en el
tema de la comida chatarra estamos, otra vez, ante la manía de Andrés Manuel,
quien más que corregir un problema específico, inventa desde cero una solución,
pretendidamente, total y, por supuesto, históricamente inédita.
La comida
chatarra es el nuevo demonio del movimiento instalado en el gobierno de México.
Fiel a su estilo de ejercer el poder en estos dos años, en este asunto López
Obrador no se ve como alguien que arregla problemas, para qué conformarse con
tan poco, sino como un gobernante llamado a realizar dramáticos cambios que,
según él, nadie nunca se ha atrevido a intentar.
No tiene
sentido 'perder tiempo' en revisar qué puede y debe ser mejorado de la
estrategia sobre una pandemia, nos ha hecho entender el gobierno, si los costos
de la misma no serían iguales si México no viviera problemas de diabetes y
obesidad. Una especie de general Anaya para cada ocasión: si tuviéramos parque…
Así, el
gobierno se salta la discusión sobre una acuciante realidad –la imparable cifra
de contagios y decesos– elevando la apuesta al señalar que modificarán las
leyes para hacer más difícil el acceso de los menores de edad a comidas y
bebidas de alto valor calórico.
Es imposible
no coincidir en que la población de México tiene un gran problema de nutrición.
Pero no se necesita ganar una elección ni tener un posgrado en medicina para
llegar a tamaña conclusión. Basta con leer los periódicos, que ya es mucho
decir. El quid de hacer un diagnóstico desde el gobierno, empero, radica en
generar una solución funcional para, en primer término, que los buenos
resultados de la estrategia a implementar se puedan prever mediante evidencia o
mínima lógica, no nomás porque hay que hacer algo (no son pocas las ocasiones
en que la solución empeora el mal).
Porque lo
único cierto hoy es que al final terminaremos con dos problemas. Los muertos
por Covid-19 seguirán aumentando –innecesariamente– si el gobierno federal no
corrige su necedad de dejar que la pandemia se autorregule –seremos el
verdadero caso mundial de intento de inmunidad de rebaño– y la ingesta de
comida de alto valor calórico tampoco se modificará sólo porque papá gobierno
hará leyes.
Pero Andrés
Manuel López Obrador no entiende razones. Para él, lo bueno es enemigo de lo
'transformador'. No buscará corregir la miopía e indolencia de López-Gatell,
por tanto el gobierno renunciará a intentar ralentizar contagios o muertes. Eso
es coyuntura, y este Presidente pretende historia. Por eso, en vez de
reformular la política que rechazó hacer pruebas a nivel masivo e instalar
aislamientos estratégicos, qué tal que borramos de cuajo la obesidad: qué
prohíban los gansitos.
Este
metafísico proceder es todo menos nuevo: en vez de corregir la corrupción del
aeropuerto de Texcoco, lo borró; en lugar de mejorar la Policía Federal, la
desapareció; ¿que en el pasado se abusó del Seguro Popular? Extinción
decretada… así hasta llegar a Petróleos Mexicanos, donde el gobierno de AMLO es
el único ente del mundo mundial que no reconoce que el pasado no regresa, que
no acepta que se podía tener soberanía energética sin necesidad de cargar con
los costos de una empresa y un sindicato lastrados por históricas ineficiencias
y corruptelas.
Para qué ver
la naturaleza de un problema, para qué sentir emoción en encontrar correctivos,
si se puede inventar una solución perfecta para cada ocasión y, lo mejor, que
tendrá su éxito asegurado por la voluntad presidencial que fue, oh bendición,
también su génesis.
Así, en cosa
de un mes llegaremos a los 65 mil muertos por Covid-19 pero estrenando leyes
para que las maruchan sólo las compren mayores de edad. Ambos serán logros
emblemáticos de un gobierno que no deshace problemas de hoy… y menos del
mañana.
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