Enrique
Quintana.
Hay indicios
de que tres meses después de las previsiones oficiales, pareciera que ahora sí
llegamos al pico (por lo menos el primero) de la pandemia de Covid-19.
Si
observamos la trayectoria de los promedios móviles de siete días de los nuevos
contagios diarios que son reportados por la Secretaría de Salud, se percibe ya
una ligera tendencia descendente.
La cifra
actual de ese promedio es de 6 mil 40 nuevos contagios por día. El pasado 2 de
agosto llegamos al nivel más elevado que se tiene registrado hasta ahora, con 7
mil 23 casos para ese promedio.
Hay que
advertir que siempre existe la posibilidad de que el subregistro de casos esté
quitando precisión a las cifras que se dan a conocer y de modo más específico,
que la reducción del número relativo de pruebas aplicadas sea lo que lleve a la
reducción del promedio de los casos nuevos por día.
En los
últimos siete días se aplicaron 85 mil 820 pruebas, mientras que en la última
semana de julio la cifra fue de 94 mil 817.
Quienes
defienden que el número de casos diarios, más allá del subregistro, sí refleja
las tendencias de la pandemia, señalan que en la medida que en México las
pruebas se aplican fundamentalmente a las personas que han desarrollado algún
síntoma o que han tenido contacto con quienes han dado positivo, la baja de las
pruebas es consecuencia y no causa de la reducción de los nuevos casos.
Quienes
piensan que las autoridades pretenden hacer creer que los casos van a la baja,
opinan que hacen esto reduciendo el número de pruebas aplicadas, por lo que
este factor sería la causa y no la consecuencia de la reducción del número de
casos positivos.
Lo que sí es
un hecho es que el número de pruebas llegó a su nivel relativamente más elevado
hacia la última semana de julio, aproximadamente 10 por cada 100 mil personas.
En este momento esa proporción está en ocho por cada 100 mil.
Pongámonos
optimistas y consideremos que el registro de nuevos casos diarios sí nos
expresa que ha empezado a bajar el ritmo de contagios.
El modelo
del IHME de la Universidad de Washington, al que hemos aludido aquí en diversas
ocasiones, así lo asume y considera que la tendencia a la baja en el número de
casos diarios va a continuar probablemente hasta la tercera semana de
septiembre.
Pero, tras
la mayor movilidad social que seguramente va a presentarse, con un movimiento
de los semáforos hacia naranja y amarillo en la mayoría de los estados,
tendremos un nuevo incremento de casos desde finales de septiembre y por el
resto del año.
No es algo
exclusivo de México. Es un hecho que ya se ha observado en otros países.
Un ejemplo
de ello es lo que hoy sucede en España.
Tras el
confinamiento, el número de casos nuevos pasó de un máximo de 9 mil 630 el 25
de marzo a un promedio de solo 326 en junio.
Luego de la
apertura, el promedio de los 11 primeros días de agosto fue ya de 3 mil 462
nuevos casos por día y con fechas, como el 3 y el 10 de agosto, en que se
rebasaron 8 mil por día.
Aunque es
diferenciado por región, con problemas muy serios en Cataluña, otra vez hay una
amenaza en España, en donde se contabilizan 675 focos activos en todo el país.
En el caso
de un incremento de los contagios en México para los meses de octubre y
noviembre, como ya le hemos comentado, surge además el riesgo de la llamada
sindemia, es decir la coexistencia y sinergia de dos epidemias, la estacional
de influenza y la de Covid-19.
Con esta
expectativa más nos vale no entusiasmarnos demasiado con el hecho de que
probablemente ya hayamos cruzado el pico de esta oleada de la pandemia, pues
persiste una gran incertidumbre respecto a lo que pueda suceder en el futuro
inmediato.
Y la
incertidumbre todavía es muy grande.
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