Enrique
Quintana.
¡Qué buena
noticia el acuerdo sobre la producción en México de la vacuna de
AstraZeneca-Oxford! Lo malo es que confirma nuestros temores: nos queda un buen
rato de pandemia.
Ahora ya lo
admite el gobierno federal. Ayer, el presidente López Obrador señaló que habrá
disponibilidad de la vacuna hacia el primer trimestre del próximo año. Yo
agregaría: en el mejor de los casos.
Se estima
que la capacidad de producción que tendrán las empresas Grupo Insud en
Argentina y Laboratorios Liomont en México, que serán las encargadas de la
producción en América Latina, será de 35 millones de dosis por mes.
Es decir,
suponiendo que la producción de la vacuna comience, por ejemplo, en enero,
hacia marzo la disponibilidad para toda la región sería del orden de 105
millones.
Para ver
claramente el proceso de extinción de la pandemia, se requiere que al menos entre
60 y 70 por ciento de la población esté inmunizada, de modo que la demanda en
México implica vacunar a cerca de 80 millones de personas y en caso de que se
requieran dos dosis por personas, necesitaríamos 160 millones de vacunas
aplicadas.
Eso no lo vamos
a ver en el primer semestre del próximo año.
Si se hacen
las cosas bien, podría llegarse a ese nivel de inmunidad en la segunda mitad de
2021.
Señaló ayer
el presidente López Obrador: “esta es una muy buena noticia, pero todavía nos
va a llevar algún tiempo, se están acortando los procesos, se está haciendo en
poco tiempo, de manera muy profesional, está garantizada la calidad”.
Y luego,
agregó el canciller Ebrard: “en vez de que la vacuna llegase dentro de más de
un año, se adelanta seis, siete meses y esa diferencia es todo para la
economía, la salud”.
Ambos tienen
razón. El escenario era tener la vacuna en el segundo semestre de 2021 y quizá
lograr su aplicación masiva hasta 2022. Le ganamos medio año a esos tiempos.
Es decir,
aunque la vacuna es, por suerte, una luz al final del túnel todavía falta mucho
tiempo para que tengamos una condición equiparable a la que teníamos al
comenzar este año en materia de riesgo epidemiológico.
La etapa de
la llamada 'nueva normalidad', con todo lo que implica podría prolongarse por
12 meses más, con todas sus consecuencias.
No quiere
decir que estaremos encerrados todo este tiempo, pero sí que será muy probable
que diversos tipos de restricciones sanitarias y controles sí se mantengan por
todo este lapso o quizás incluso por más tiempo.
Esto tendrá
un efecto inevitable en la actividad económica. Los impactos van a ser
diferenciados en función de los sectores.
Es probable
que las empresas exportadoras, que ya claramente están en proceso de
recuperación, continúen con esa dinámica.
En el otro
extremo, también es posible que el sector turístico tenga que reinventarse
porque la primera mitad de 2021 podría ser nuevamente muy mala respecto a sus
referencias históricas.
En el punto
medio, el mercado interno seguramente va a tener un mejor comportamiento que
este año, pero aún estará por debajo de los niveles de años anteriores, con
fuertes contrastes entre segmentos.
La
producción y comercio de bienes básicos seguramente va a seguir con buen ritmo,
pero la actividad relativa a bienes duraderos como vestido, electrodomésticos,
autos, seguramente va a seguir deprimida.
No hay
manera de que el empleo formal compense el próximo año las pérdidas de éste, y
en contraste, no debe descartarse un mayor empuje de actividades informales.
En suma, la
buena noticia de la producción de la vacuna no va a cambiar demasiado la
perspectiva económica en el corto plazo.
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