Martín
Moreno.
Si los
famosos videos que harían cimbrar al país por las presuntas entregas
millonarias de dinero en las que estarían involucrados y filmados, de manera
directa, cinco senadores y un Diputado a cambio de aprobar la Reforma
Energética peñista, resultan como el filtrado en redes sociales el lunes
pasado: un par de achichincles recibiendo fajos de billetes en bolsas de
plástico – lo cual, por supuesto, deberán explicar de quiénes los recibieron y
a quiénes se los entregaron-, pues nos encontramos ante un caso Lozoya
enmarcado más en el escándalo mediático que en una investigación bien
respaldada en lo jurídico y legal.
De entrada,
los videos exhibidos, más allá de la validez jurídica que puedan tener, son
hasta ahora simples filtraciones brotadas de ese “pozo de las inmundicias”
(Umberto Eco dixit) llamado redes sociales.
Francisco
Domínguez, exsenador y actual Gobernador de Querétaro, niega cualquier vínculo
con esta entrega de dinero e incluso despidió de inmediato a su secretario
privado, Guillermo Gutiérrez Badillo, quien aparece en el video. El también
exsenador, Jorge Luis Lavalle, hasta la hora de entrega de esta columna no
había fijado posición respecto a Rafael Caraveo, exsecretario técnico del
Senado y operador de Lavalle. Ernesto Cordero también rechazó cualquier
relación con el video. Ese es el punto: ¿Quién y cómo se les comprobarán lo
contrario?
Por sus
características y perfiles estamos, más que nada, ante un escándalo mediático.
De allí a que se destape un juicio de dimensiones carcelarias contra los
opositores del régimen lopezobradorista – en este caso, miembros distinguidos
del PAN-, habrá un abismo de diferencia. ¿Por qué? No perdamos de vista dos
razonamientos fundamentales:
Primero:
porque al filtrarse a través de YouTube por parte del Gobierno – no seamos
ilusos: es el que tiene contacto con Lozoya y por lo tanto acceso a sus videos
y recibos que fueron cacareados en su momento por el Fiscal Gertz Manero-,
únicamente se está buscando un escándalo mediático-político para afectar la
imagen del principal partido opositor de AMLO y Morena: Acción Nacional,
complicando iniciar un proceso legal firme. Efecto político, más que judicial.
Segundo:
porque si como ha trascendido, este es el único video con el que cuentan el
régimen y Lozoya para entretener y desviar la atención de los verdaderos y
graves problemas que enfrentamos: la tragedia humanitaria mexicana, la COVID-19
fuera de control con casi 60 mil decesos, la crisis económica más grave de
nuestra historia reciente, la inseguridad con más de 60 mil ejecuciones en este
sexenio, la crisis en el sector salud y otras calamidades más, entonces el
llamado Caso Lozoya se ha comenzado a desinflar, a pesar de que la FGR quiera
alargarlo hasta los próximos seis meses, de cara ya a las estratégicas elecciones
intermedias.
Así, y por
lo visto el lunes pasado en el video difundido en redes sociales por un
supuesto hermano de Emilio Lozoya (la defensa ya lo desmintió), el “distractor
Lozoya” solamente quedará en un chisguete, en un globo inflado por los voceros
del régimen, justo en medio de una crisis financiera, sanitaria y de seguridad
sin precedentes en México.
No se hagan
bolas:
El
distractor Lozoya tiene fecha de caducidad.
¿Con Lozoya
descansando cómodamente en su casa sin que jamás pise la cárcel, difundiendo
videos impactantes, aunque irrelevantes y prestándose a hacerle el juego al
Gobierno para desplegar una cortina de humo e intentar eclipsar los gravísimos
problemas que hoy hunden a México, le alcanzará a López Obrador y a la
autollamada 4T para revertir el voto de castigo que se les viene en contra en
las elecciones intermedias del 6 de junio de 2021?
La respuesta
es no. No les alcanzará para revertirlo. El caso Lozoya no cambiará el voto de
castigo en contra de AMLO y del desastre de administración que nos han
entregado en 20 meses de Gobierno. Y aquí, damos las razones:
AMLO ha
perdido, al menos, 20 puntos de respaldo ciudadano durante el último año y
medio, que equivalen a alrededor de 10 millones de votos menos para su causa en
2021. Sí, es el voto indeciso que si bien en 2018 lo favoreció por el hartazgo
ciudadano contra Peña Nieto y el PRI, ahora se muestra arrepentido ante el mal
Gobierno de López Obrador. Esos votos se irán a la oposición en la elección
intermedia y castigarán al partido en el poder. (A mayor detalle, ver columna
“A un año de la intermedia, AMLO pierde 10 millones de votos”. SinEmbargoMX.
Martín Moreno. 3-Junio-2020).
Toda
votación es más emocional que razonada. El voto es más de entraña que de
análisis. Dos claros ejemplos: 2000 y 2018. Por lo tanto, quienes ya han
decidido desde ahora votar en contra de los candidatos de AMLO y Morena por el
mal Gobierno, no cambiarán su intención del voto solo porque Emilio Lozoya
llegó a México y está echando lodo al ventilador, afectando, sobre todo, a los
principales críticos del régimen. Esa postal es percibida más como una
jugarreta política del Gobierno que como una acción realmente encaminada a
combatir la corrupción en el país.
Luego,
entonces:
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si el Gobierno le quitó a mi hijo las medicinas
que necesitaba para luchar contra el cáncer?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si el Gobierno recortó el presupuesto a Salud en
plena pandemia y por eso se murió mi madre?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si AMLO nos dijo que el coronavirus no era tan
dañino, nos invitó a salir y a abrazarnos, y hasta festinó que la pandemia le
caía como “anillo al dedo” a su movimiento, mientras en hospitales, casas y calles,
miles de mexicanos morían sin atención médica?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si la 4T reventó a la economía nacional, ahuyentó
inversiones, canceló proyectos, generó desempleo y nos llevó a la crisis
económica más grave y profunda de nuestra historia?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si el Gobierno nos canceló los programas de apoyo
a madres solteras?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si el Gobierno nos eliminó las estancias
infantiles?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si por culpa del Gobierno perdí mi empleo y no se
me indemnizó después de 20 años de servicio público?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si 15 millones de mexicanos desamparados se
quedaron sin ingresos durante este año?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si el Gobierno abandonó a mexicanos trabajadores
durante la pandemia, provocando el cierre de 150 mil negocios y micros,
pequeñas y medianas empresas, y quebró a 10 mil industrias más, mientras en
otros países sí se apoyó al sector privado?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si la inseguridad está fuera de control y mataron
a mi esposo y a mis hijos?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si AMLO sólo está regalando dinero a sus
seguidores para asegurar su voto en la elección intermedia?
¿Y a mí qué
me importa que cante Lozoya, si se me han terminado mis ahorros y el Gobierno
nunca nos quiso apoyar durante la pandemia, mientras nos pedía quedarnos en
casa?
Faltan poco
más de 9 meses para la elección intermedia, referéndum innegable para evaluar
la actuación del Gobierno en turno.
No, señores.
No nos equivoquemos. El voto de castigo en contra de AMLO y la 4T será durísimo
por el desastre que vive México. Ya lo veremos.
Ni Lozoya,
ni el avión presidencial, ni las cuchufletas presidenciales, ni los berrinches
en Palacio Nacional lograrán cambiar ese voto de castigo. Ese voto ya está más
que consolidado. Nada lo cambiará.
Y sólo
faltan nueve meses.
No nos
equivoquemos.
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