Diego
Petersen Farah.
Hace rato
que el Gobierno de México renunció a gestionar el problema de salud provocada
por la COVID-19 para dedicarse solo a administrar la crisis. El discurso ya no
está enfocado, como hace unos meses, en las estrategias, acciones y políticas
públicas de Gobierno, sino solo en el discurso político, en repetir una y otra
vez que vamos bien, en mantener la esgrima verbal con los opositores, en vender
(o regalar) cachitos de la rifa del avión sin avión y en los últimos días en la
nueva apuesta: tener la vacuna lo antes posible en México.
Si atendemos
a las voces de oposición el balance de la gestión del sistema de salud es
terriblemente negativo. Fue el propio López-Gatell, el 4 de junio, quien estimó
que “el escenario catastrófico” era llagar a los 60 mil muertos. La cifra la
vamos a rebasar con creces, por lo que no les falta razón a los opositores del
Gobierno para decir que hay una mala gestión y el adjetivo se los regaló el
propio vocero de salud: catastrófico. Esta palabra la vamos a oír una y otra
vez, sin mayor análisis ni matiz.
Si atendemos
al discurso oficial el objetivo desde el inicio fue aplanar la curva de
contagios de manera que no llegáramos a saturar los servicios de salud. Salvo
unos días críticos en el estado de Tabaco, esto se ha cumplido cabalmente. La
crisis se ha prolongado en el tiempo, con muchos más casos y mayor mortalidad
de la esperada, pero no ha existido hasta ahora un problema de saturación
hospitalaria que genere una crisis de grandes dimensiones. Muchos han muerto en
casa y el sistema de salud está
estresado, con graves consecuencias por la incapacidad de atención de otros
padecimientos –en la medida que fluyan los datos nos iremos dando cuenta del
tamaño de esas otras tragedias– pero nunca quedó rebasado.
Acorralada
por los escándalos de corrupción, que el Presidente administrará a su antojo,
la gran apuesta de la oposición de cara a la elección intermedia será poner al
Gobierno en el banquillo de los acusados por las muertes que se pudieron evitar
en esta crisis de salud. Es muy probable que hacia fin de año estemos en los
100 mil muertos por COVID-19, una cifra solo por debajo de las muertes por
enfermedades cardiovasculares y en los mismos rangos de la diabetes, que cobró
la vida de 101 mil mexicanos el año pasado.
¿Se pudieron
haber evitado decenas de miles de muertes con políticas públicas adecuadas,
como plantea la oposición? Es un tema muy complicado de probar, mientras que la
corrupción del PRI y el PAN está documentada y con un testigo colaborador
urgido y dispuesto a todo a para salvar a su familia.
Lozoya es la
verdadera vacuna de López Obrador contra el coronavirus.
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