Dolia
Estévez.
Hermosillo
es una de las capitales culinarias más subestimadas de México. Las enchiladas
de mole poblano, los tamales oaxaqueños y los tacos al pastor son famosos en el
mundo, pero poco se conocen la carne asada y las tortillas de trigo de Sonora.
De ahí que no pudo menos que sorprenderme gratamente que The New York Times
dedicara la nota principal de su sección de alimentos a la carne asada de mi
estado natal.
Escrito por
la chef mexicana Pati Jinich, el texto destaca su exquisito sabor y profundo
significado cultural. “La carne asada es una reunión semanal de amigos y
familiares, con el platillo en el centro… para entender una carne asada, hay
que ser invitada a una”. La autora ofrece cinco recetas de platillos y salsas
complementarios como guacamole con chile verde, salsa tatemada y frijoles
refritos (The New York Times, Food 12/08/2020).
Si bien la
carne bovina ha sido obsesión en la región por más de 400 años, el patrimonio
gastronómico de Sonora es mucho más rico. Jinich me dijo que en realidad el
artículo derivó de un proyecto más ambicioso sobre la cocina sonorense. A
finales de febrero, justamente antes de estallar la pandemia, Jinich recorrió
de punta a punta el segundo estado más grade de México durante dos semanas.
Con un
equipo de 10 personas entre camarógrafos y editores, filmó la novena temporada
de “Pati´s Mexican Table” de la cadena PBS, un programa de cocina, cultura y
geografía mexicanas cuyo éxito no puede separarse del carisma de su conductora.
El año pasado, Jinich fue galardonada con el premio James Beard Media.
La temporada
sobre Sonora empezará a transmitirse en PBS y Amazon Prime el primer fin de
semana de octubre. Los 10 episodios recorren el amplio espectro de la
gastronomía sonorense que, como dicen allá, es el secreto mejor guardado de
México.
La serie
empieza en Tucson, “puerta de entrada” a Sonora desde el norte, continúa a
Hermosillo, donde Pati visita conocidos destinos culinarios, puestos de
burritos de carne machaca y de “perros calientes”, o “dogos”. En Bahía de Kino,
observa a los pescadores recibir la “bendición” de una mujer Seri antes de
adentrarse al mar. En San Carlos, en el Mar de Cortez, degusta platos de
mariscos en restaurantes de la localidad. Los episodios proyectarán imágenes
del desierto y las playas de Sonora, así como de sus ciudades, pueblos, ranchos
y campos agrícolas. En los capítulos se insertan tomas de Jinich en su cocina
familiar en los suburbios de Washington, D.C. enseñando a preparar recetas
sonorenses–pescado zarandeado, gallinita pinta, arroz con almejas, tamales de
elote, tortillas y coyotas.
Originaria
de la Ciudad de México, Pati me contó como nació su interés por el “norte
mexicano”. A medida que ganaba popularidad la plataforma “Pati´s Mexican
Table”, se animó a explorar lugares completamente nuevos para ella.
“Quería
mucho ir al norte mexicano porque siento que se tienen prejuicios. Los mismos
mexicanos del centro de México y de otras partes no conocemos el norte. Es tan
grande y tan vasto, entonces mi meta era aprender lo más que pudiera de Sonora
y del norte. Tratar de abrir una ventana y construir puentes con México, no
sólo para los americanos y la gente que no conoce, sino para reconectarnos
entre mexicanos”. En 2018 viajó a Baja California, para filmar la séptima
temporada; en 2019, a Sinaloa, para la octava temporada y, ahora, a Sonora,
para la novena temporada.
Compartí el
artículo del New York Times en un chat de sonorenses. El consenso de que
“nuestra carne” es la mejor del mundo fue inmediato. Más allá de eso, generó
comentarios chuscos y nostálgicos. “Es cierto que el diezmillo y la palomilla
son más comunes, pero yo conozco una familia bien fifí que nomas come ribeye”.
“No es cierto que se considere pecado ponerle algo más que sal a la carne
asada, el orégano queda muy bien”. “Hay pocas cosas más ricas que una sobaquera
recién hecha, pero mis favoritas son las tortillas para quesadilla (gorditas
mantecosas)”. “Pero bueno, creo que ya es ganancia que se publique en el NYT
que la carne asada no se come con tortilla de maíz”. “Son nostálgicos e
inolvidables el sabor y aroma del lonche de los burros envueltos en tortilla
sobaquera de machaca y frijoles que mi papá recalentaba con leña de monte
debajo de un gran mezquite”.
Las
“sobaqueras”, como comúnmente se conocen, son tortillas de agua o de harina
extra grandes y delgadas que se cuecen en un comal cóncavo. Son originarias de
Hermosillo. Pese a la popularidad del término, Ernesto Camou Healy, antropólogo
y autor de un texto de recetas sonorense, dice que llamarlas así, “denota
cierto desprecio” (Cocina Sonorense, sexta edición).
De acuerdo
con Camou Healy, el ganado vacuno llegó a Sonora con los primeros evangelizadores
jesuitas en 1617 y la carne asada tiene su origen en los ranchos mientras que
en las ciudades empezó a consumirse apenas en la década de los 1950. Los
jesuitas también introdujeron el trigo para hacer el pan y las hostias para la
misa, pero fueron los indios yaquis y otros nativos los que usaron el trigo
para hacer tortillas (Distrito, 29/06/2020).
En
Hermosillo, la carne asada la introdujo Don Pancho Durazo, conocido como el
“mago” de la carne asada, en unas arboledas a un lado de Villa de Seris. Así
nació el hoy legendario restaurante Xochimilco, que ofrece el menú más
representativo de carne asada, tortillas de agua, frijoles maneados, guacamole
y quesadillas.
Además de
carne y harina de trigo, otros productos emblemáticos de la entidad son: quesos,
maíz, verdolagas, chile colorado, chiltepín (el “oro rojo” de Sonora), carne
seca, calabazas, camarones y bacanora.
Con una
población de menos de 3 millones y una extensión territorial de cerca de 180
kilómetros cuadrados, Sonora es uno de los estados con menos densidad
poblacional. Pese a su fuerte patrimonio ganadero y agrícola–es el segundo
exportador de cabezas de ganado a Estados Unidos y uno de los principales
productores de trigo, productos de harina para pan y tortillas—también es el
centro industrial y cultural del noroeste de México. La economía se nutre de
automotrices, empresas de tecnología y turismo local y regional. Las playas de
Kino y San Carlos son destinos favoritos de jubilados estadounidenses de
Arizona y otros estados sin costas.
Debo
confesar que el platillo que más se me antoja no es la carne asada (sorry
chat), sino el caldo de queso de mi madre, la carne con chile colorado de mi
hermana y los burritos de machaca del Xochimilco. Anhelo que pase la pandemia
para poder regresar a esas tierras secas y calurosas que me vieron nacer y
contemplar el amanecer en la playa, con un café de olla en la mano.
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