Enrique
Quintana.
Ayer, los
medios de todo el mundo daban la noticia de que el gobierno ruso había aprobado
una vacuna contra el Covid-19.
El anuncio
fue hecho por el mismísimo presidente Vladimir Putin, quien contó además que
incluso una de sus hijas había participado en los ensayos clínicos.
La
aprobación implica que la vacuna, desarrollada en el Instituto Gamaleya de
Epidemiología puede empezar a suministrarse a la población. De acuerdo con lo
señalado por el gobierno ruso, se empezará el proceso de vacunación con los
trabajadores de la salud y luego se irán cubriendo otros segmentos.
El nombre de
la vacuna es Sputnik V, lo que rememora el primer satélite puesto en órbita por
el hombre, con el que los rusos sorprendieron al mundo en 1957 y se pusieron
adelante en la carrera espacial. ¿Se entiende el mensaje?
Esta es la
segunda vacuna autorizada por un gobierno. La primera fue autorizada por uso
limitado por el gobierno chino, específicamente por la Comisión Central
Militar, el 29 de junio pasado, y fue desarrollada por la Academia Central
Militar y la empresa CanSino BIO, para un uso limitado entre personal militar.
Ninguna de
las dos vacunas autorizadas cumple con los protocolos de la OMS y en ambos
casos, existe la percepción de que se trata de anuncios con fuerte componente
político.
En términos
de las reglas para el desarrollo de las vacunas, la vacuna de CanSino BIO es
una de las que se encuentran en la tercera fase de ensayos clínicos, lo que
implica aplicar la vacuna a varios miles de personas en diferentes lugares, y
luego analizar los resultados.
La vacuna
rusa ni siquiera está entre las que se tienen registradas por la OMS como
prometedoras por sus resultados.
Las que
están en la tercera fase son las que han sido desarrolladas por grupos
encabezados por las siguientes personas e instituciones: Moderna y los
Institutos Nacionales de Salud, de EU; Pfizer, de EU, junto con BioNTech, de
Alemania y Fosun Pharma, de China; Astra Zeneca y la Universidad de Oxford, en
Inglaterra; CanSino BIO y el área militar china; Sinopharm y el Instituto de
Productos Biológicos de Beijing; Sinovac Biotech, empresa privada china; y
Murdoch Children’s Research Institute, de Australia.
La vacuna
que ayer anunció Putin no está más avanzada que estas que le mencionamos y más
bien se va a lanzar como parte de una guerra tecnológica con la que se pretende
redefinir el poder a escala mundial.
Ayer,
igualmente, el gobierno mexicano a través del secretario Ebrard anunció que el
país se une a otros tres ensayos clínicos que realizan las empresas chinas
CanSino BIO (que le referimos) y Walvas Biotechnology, además de la
norteamericana Janssen Pharmaceuthicals. Ellas se suman al acuerdo previamente
establecido con la francesa Sanofi.
Hay que
aplaudir estas acciones del gobierno mexicano, pero también ser realistas y
saber que la disponibilidad de la vacuna, así se apruebe este año va a tardar
varios meses más.
Es probable
que un esquema masivo de vacunación no esté disponible hasta antes del segundo
semestre de 2021. Ojalá me equivoque, pero de manera realista, es lo que
parece.
Y, hay que
tomar decisiones con base en esa realidad.
Por cierto,
si usted se pregunta por qué escribí hoy sobre la vacuna rusa y no sobre las
denuncias de Emilio Lozoya a EPN y Videgaray, le comentó que la razón es que el
tema de la vacuna me parece más importante para todos.
Quizás es
menos llamativo, pero el ubicarnos correctamente respecto a lo que podemos
esperar sobre la posibilidad de acabar finalmente con la pandemia es muy
relevante y más vale que no nos dejemos engañar.
Por lo
pronto, yo no me apuntaría para recibir la Sputnik V.
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