Darío Celis.
A partir de
que Emilio Lozoya Austin se sentó en la silla de director general de Pemex,
ideó 'su' propia reforma energética: una que le diera control de los negocios
más lucrativos que implicaba la apertura.
En las
postrimerías de 2012 el entonces financiero, un tiburón en el ámbito de la
banca de inversión, visualizó cuatro rubros: rondas petroleras, el cuarto de
datos, los gasoductos y el cabotaje de barcos.
Desde que
arrancaron las negociaciones con el PAN, PRD y Morena, Lozoya se manejó al
margen de la línea que trazaron el expresidente Enrique Peña y su secretario de
Hacienda, Luis Videgaray.
Artífices de
la reforma, Miguel Messmacher, subsecretario de ingresos; Javier Laynez,
procurador fiscal; Lourdes Melgar, subsecretaria de hidrocarburos, y Enrique
Ochoa, director de CFE.
Los de
Videgaray arrastraron el lápiz y concluido el documento empezó el forcejeo con
los partidos de oposición. A David Penchyna, presidente de la Comisión de
Energía, le tocó empujarla en el Senado.
La reforma
se presentó en agosto de 2013 y dos meses después fue aprobada por los
legisladores. Pero sus leyes y reglamentos se discutieron hasta finales de
julio de 2014, cuando se aprobó la reforma constitucional.
Fueron 700
reuniones las que se desarrollaron ese último año y en las que Lozoya Austin
brilló por su ausencia: habrá ido sólo a 10. Sin embargo, no desaprovechó
oportunidades para torpedear los trabajos.
Lozoya
organizaba sus propios foros en los que participaban multinacionales
petroleras, corredurías y bancos, cuya relación tejió como avezado financiero y
como representante del World Economic Forum.
Su obsesión
se centró en el control de los farmouts, las asociaciones estratégicas de Pemex
con privados para explorar y explotar nuevos yacimientos que a la postre se
pondrían en las rondas petroleras.
Lozoya
pretendía que se le diera manga ancha para decir con quién, cuándo, cómo y para
qué asociarse, en contra de la reforma energética que pugnaba por la
transparencia y apertura de la competencia.
“No le
pongas ataduras a Pemex, si no para qué está el director general”, se quejaba
amargamente con el PRI que lideraban Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa.
“Tú ni siquiera estás participando en las mesas, ve y dile el presidente Peña o
a Videgaray”, le espetaban.
Y es que el
testigo protegido de la 4T, que ahora está tergiversando toda la historia de la
reforma energética, aspiraba a que Pemex fuera como la noruega Statoil, que si
bien es estatal, tiene esa libertad.
Empresas
como la rusa Lukoi, la estadounidense Chevron y la angloholandesa Shell ya
hacían fila como prospectos para asociarse con Pemex invitados por un Lozoya
que al final vio frustrado su plan.
El control
del cuarto de datos fue otra razón del enfrentamiento de Lozoya con Videgaray,
Penchyna y Pedro Joaquín Coldwell. Aquél no quería que se abriera a la
competencia de Pemex.
Buscaba que
la ingeniería econométrica, la información geológica y los datos de los campos
y reservas petroleras las mantuviera él, y si había que compartirlas Pemex
debía obtener una retribución económica.
Le dieron
palo, igual que la tercera exigencia que planteó, y que tenía que ver con la
oposición, otra vez, a que la petrolera mexicana compartiera con privados su
red de ductos y gasoductos.
El cuarto punto
de la reforma que Lozoya quiso controlar fueron las operaciones de cabotaje de
embarcaciones transportadoras de hidrocarburos: quería sacar de la jugada a los
operadores mexicanos.
Rondas
petroleras, cuarto de datos, gasoductos y cabotaje promovían la competencia. La
reforma energética, más que beneficiar a Odebrecht, la perjudicaba porque
afectaba sus intereses.
Por eso
cuando el exdirector de Pemex llega del exilio a denunciar que la empresa que
fundó Noberto Odebrecht pagó sobornos para que se aprobara la reforma, no se
cree. Ellos pagaron por negocios específicos.
Haber
logrado la manga ancha y hacer del director de Pemex un poder omnímodo, sí le
hubiera alcanzado a Lozoya y hasta sobrado para manipular la competencia. Así
sí Odebrecht y otros muchos más ganaban.
LA
PROCURADURÍA FISCAL promovió sendas querellas por defraudación fiscal contra
los hermanos Ernesto y Francisco Álvarez Morphy. En el primer caso, por no
haber reportado en su declaración correspondiente a 2018 ingresos por poco más
de 11 millones de pesos y en el segundo por supuestamente haber evadido 3.6
millones en 2015. Ernesto fue cercano al expresidente Enrique Peña Nieto, sobre
todo a su entonces esposa Angélica Rivera. Francisco es el fundador del Grupo
Laboratorios Imperial Pharma, principal proveedor de vacunas en el sexenio
pasado y que en este nuevo régimen fue inhabilitado. Otra vez la furia de la
4T. Ambos ya son defendidos por Luis Pérez de Acha y Ambrosio Michel.
CARLOS CABAL
Y Amado Yáñez no son socios. Nada tienen que ver. Es más, son antagónicos. El
dueño de Oceanografía terminó alejado de Miguel Alemán Magnani por intrigas del
abogado Ángel Junquera. Yáñez y Alemán fueron socios en los últimos años. Yáñez
fue el primero en asesorar a Alemán para encontrar la fórmula para reflotar
Interjet, pero fue sacado abruptamente por Junquera, quien incluso desoyó las
recomendaciones del consejero jurídico de Presidencia, Julio Scherer, que había
dispuesto una ruta legal que implicaba ir por la vía del concurso mercantil.
Dicen que por eso le activaron las denuncias del caso Cruz Azul que lo tiene a
salto de mata. Amado se desmarcó de Alemán mucho antes.
FINALMENTE
RODINA CAPITAL, el fondo que gestionan Andrés y Felipe Chico Hernández, se puso
de acuerdo con Sabadell y cerró la compra del hotel Silver Sands. Jaime
Guardiola destapó las botellas de champagne porque su banco logró recuperar 50
millones de dólares. La operación con Benjamín Navarro, el dueño del inmueble y
sobre el que pesan un cúmulo de demandas de proveedores, contratistas y
financieros, entre ellos Unifin de Rodrigo Lebois, fue pactada en alrededor de
101 millones de dólares. El resto, los pupilos de Fernando Chico lo pagarán
diferidamente y conforme se cumplan ciertas condiciones. Rodina suma su cuarto
hotel. Tienen el Hyatt Regency y el W aquí y el Viceroy de Los Cabos.
EL IPAB,
QUE dirige Gabriel Ángel Limón, arrancó el proceso de venta de la cartera de
Banco Famsa. El próximo 11 de septiembre es el límite para inscribirse en la
licitación. Los cerca de 29 mil 236 créditos se integraron en dos grandes
tranches. El paquete “A” involucra 7 mil 446 millones 58 mil pesos de créditos
vigentes y 914 millones 791 mil pesos de vencidos, amén de derechos de cobro
por 2 mil 697 millones e inversiones en valores en un fideicomiso por 4 mil 730
millones de pesos. El paquete “B” incluye 707 millones mil 823 millones de
pesos y 47 millones 74 mil 51 pesos. El tramo más apetitoso son casi 7 mil
millones de pesos de créditos de nómina. Alvarez & Marsal, que capitanea
Sergio Meneses, liderará el proceso.
AYER LA
COMISIÓN Nacional Bancaria y de Valores se quedó sin sistemas un par de horas.
El 7 de julio advertimos que los de Juan Pablo Graf corrían el riesgo de que
les bajaran el switch si no pagaban al proveedor externo. El contrato venció el
30 de junio y por lo visto no liquidaron los servicios a Mainbit, de José
Antonio Sánchez. El contrato marco venció desde el 14 de marzo y se tuvo que
firmar una extensión de tres meses más. Pero ni así. Delicado que ahora que se
viene una potencial crisis de insolvencia de los ahorradores y la banca se
truena los dedos sobre cómo procesar los créditos vencidos, el supervisor
pierda el respaldo tecnológico. Y todo por la bendita 'austeridad republicana'.
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