Julio Astillero.
En términos
tácticos le sería más favorable al morenamlismo que el Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación (TEPJF) contraviniera al Instituto Nacional
Electoral (INE) y diera registro al proyecto de partido denominado México
Libre. Para efectos netamente comiciales, la llamada Cuarta Transformación y
sus candidatos en busca de cargos públicos en 2021 tendrían mejores
expectativas de triunfo si la oposición llegara dividida a las urnas, así fuera
poca la resta que hiciera el grupo encabezado por Felipe Calderón y Margarita
Zavala.
Con registro
otorgado en la segunda y definitiva instancia por el TEPJF, el felimargarismo
tendría que ir en solitario a las elecciones del año en puerta, pues la ley
obliga a que las organizaciones debutantes se ganen por sí mismas su lugar, sin
hacer alianza con ningún otro partido, a sabiendas de que si no alcanzaran el 3
por ciento de la votación relacionada con los poderes Ejecutivo o Legislativo
se les cancelaría el registro.
Así fue el
primer asomo formal de Morena a las boletas en las elecciones intermedias de
junio de 2015, cuando logró un porcentaje nacional de votos de 8.37, con un
reparto disparejo de su fuerza en los estados, una presencia consolidada en la
Ciudad de México y un resultado final que le significó ser la cuarta fuerza
electoral del país, ya en un proceso de crecimiento nacional que fue
desfondando al PRD y que tres años después le llevaría a una victoria
arrolladora no sólo por cuanto a la Presidencia de la República.
Pareciera
difícil que México Libre, en caso de que el tribunal le otorgara registro,
superara la hazaña de Morena, pero también parecería difícil que no consiguiera
cuando menos el 3 por ciento básico para no perder el registro. Los votos que
consiguiera serían sustraídos al paquete opositor que en un porcentaje de
distritos federales y de elecciones locales pretenden armar PAN, PRI, PRD y
Movimiento Ciudadano (aunque el coordinador nacional de este partido, el
alfarista Clemente Castañeda, ha asegurado que MC no hará ninguna alianza,
declaración que más adelante podría ser corregida). En el porcentaje,
mayoritario, de distritos federales y elecciones locales en que los partidos
vayan sin alianzas, México Libre afectaría en particular la cosecha de votos
del panismo.
Bajo esa
visión práctica, en Acción Nacional están deseosos de que no se otorgue el
registro a México Libre y ya hay voces que hablan de reconciliación y
reintegración de Calderón, Zavala y sus seguidores. Gustavo Madero, actual
senador y aspirante a gobernar Chihuahua, ha dicho que él mismo pondría tapete
rojo a la pareja mexicolibrista para que regrese al PAN.
Lo irónico
es que Madero fue el político que marcó el declive de Calderón. Sucedió justo
cuando el entonces ocupante de Los Pinos debería haber estado en la fase que el
priísta Fidel Herrera Beltrán definió para sí mismo desde Veracruz: en la
plenitud del pinche poder. Sin embargo, Calderón no pudo repetir lo que había
hecho al imponer como dirigentes del PAN, en diferentes momentos, a Germán
Martínez Cázares y a César Nava Vázquez. Cuando intentó colocar en diciembre de
2010 a otro secretario particular, Roberto Gil Zuarth, como presidente del
partido, Madero le ganó y desde entonces Calderón no pudo hacer candidato
presidencial en 2012 a Ernesto Cordero y la cuota de candidaturas y cargos para
el calderonismo fue disminuyendo de manera progresiva, hasta que hubo de dejar
Acción Nacional.
Cuando el
tribunal electoral federal decida si confirma o rechaza la decisión inicial del
INE respecto a México Libre, habrá de verse si los opositores al obradorismo
contarán con un aliado al que las circunstancias llevarían de regreso al redil
antes repudiado o ese partido restituido termina dividiendo el voto opositor.
Si el estimado lector de estas líneas fuera el estratega con poder de decisión,
¿cuál decisión tomaría?
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