El psicoanalista,
Giuseppe Amara, hizo un probable perfil psicológico del adolescente que disparó
contra su maestra, compañeros y luego a sí mismo en un colegio de Monterrey.
En entrevista para
Aristegui en vivo, detalló que se trata
de un “suicidio con asesinato”, en el que “matan a otros y luego la persona se
suicida”; el “modelo más frecuente es el estadounidense”.
Se trata de una “pequeña minoría de suicidios juveniles”,
que alarman, están aumentando, pero aun así siguen siendo “raros”.
“Parece copiado por
este sujeto”, consideró.
“Habría que ver a
través de los padres o personas cercanas si había conductas violentas en él”,
indicó. Esto, para establecer si tenía un trastorno mental.
“En este caso no hay
culpa y hay bastante frialdad. Sobre todo si se confirma que él ya había
avisado de esto en las redes” lo que finalmente ocurriría la mañana del
miércoles.
Los jóvenes con
problemas “Se exponen a que algo los dañe. Se cortan el antebrazo, la muñeca,
hay conducta propositiva, agresiva, parece que anduvieran buscando la muerte
como diría la canción de Jorge Negrete”, ejemplificó.
“Habría que ver si
había trastorno por déficit de atención. Si no es psicopatía podría ser
depresión, pero esta no es causa suficiente“, sostuvo.
“En este caso podría
haber exceso de narcicismo, alguien que quiere resolver algo, no sentirse
querido, alguna desventaja escolar, tiene que haber múltiples factores, pero es
una situación sin solución… lo que no tiene solución solo se resuelve a
balazos”, explicó sobre lo que hizo el joven de tercero de secundaria.
Ante la pregunta de qué cosas hay que observar en los
adolescentes, comentó que en este caso “lo que llama la atención es que en este
país está prohibida la compra y venta de armas. ¿Por qué este joven tenía tanta práctica? Era hábil, ensayó. Tenía un
arma y un cargador. Está familiarizado con las armas, cualquier familia que
sepa esto de sus hijos debe tener precauciones”, alertó.
Sobre el manejo del
arma, comentó que ese hecho “debería alarmar a cualquier” padre.
“Había que escuchar
al joven, cómo se expresa, más allá de insolencia, el trasfondo, el tono, el
rostro, la amenaza”, indicó.
Por lo general, “son
personas orgullosas, desafiantes, eso hay que tomarlo muy en cuenta”.
“Por la familiaridad
con las armas hay que ver con quién se vincula, la conducta violenta se
aprende, se ejercita”, aseveró.
“Habría que ver si él
estaba vinculado (a un grupo violento) o era totalmente aislado”, señaló.
Recordó que a la edad
de 15 años, los padres tienen el derecho de conocer su vida íntima, “ver si
está vinculado con alguna asociación”.
“No se requiere ser
psicópata para matar o destruir, basta que se conviva con psicópatas”,
expuso.
“Si los papás no tenemos
control de con quién van nuestros hijos, los papás tienen que preguntar”,
recomendó.
Actualmente, el psicoanalista reconoció que “entre padres e
hijos no hay lenguaje íntimo, hay funcional pero no íntimo”. “A veces con algún pariente se abren un
poco más de lo formal y pueden delatar una actitud”.
La “crisis familiar
creciente” que se puede notar hoy por hoy debe motivar a los padres a que
“tener un control” sobre los hijos.
“No es tan importante el contacto con programas violentos”,
consideró. Y es que “eso no influye
tanto como el contacto con muchachos con comportamiento agresivo”.
“La conducta se
aprende a través de otras conductas”, apuntó.
“Hay una juventud que
lo quiere todo con poco esfuerzo y hay un resentimiento. Hay que ver si es una
conducta aprendida”, insistió.
Sobre el grupo de
Facebook al que presuntamente pertenecía el joven, Amara comentó que podría ser
un “pequeño ISIS a escala nacional, por cómo se plantea ser el grupo denominado
Legión Holk”.
“Cuando hay un grupo
así, hay jóvenes que procuran destacar más que otros… el sociópata o el
impulsivo para brillar, para ganar a los otros, actúa más violento que el mismo
psicópata, si se comprueba que este individuo actuó de esta manera, se entrenó
a corta edad a disparar muy bien… solo equivocó uno, el herido en el brazo”,
precisó.
En el agresor, hay
una “situación muy conflictiva que no tiene solución” y el “asesinato con
suicidio es la más grave, la más explosiva”.
El psicoanalista llamó
a los padres a “acercarse al diálogo”, “tener reuniones con las personas que
los jóvenes se comunican”, pues “los muchachos después de 12 años, 13 años, ya
no oyen a los padres, los ven como figuras obsoletas, caducas, hay una pérdida
de confianza”, y entonces “el muchacho no toma en cuenta al padre para nada”.
Por ello hay que
tomar “en cuenta a los muchachos con los que se vincula”.
En el caso de lo ocurrido en Monterrey, “si se comprueba que su vínculo era con personas violentas se complica
más”, dijo.
“Nosotros somos
producto de nuestra conducta”, subrayó.
La tendencia de
jóvenes mexicanos puede ser “no me suicidio pero busco quien me mate”, y “ahora
se hacen las dos cosas: sí me voy a matar pero primero me echo a varios, la
manera norteamericana”.
Una señal para los padres, agregó, debe ser “si descubren que tienen un cuchillo bajo
la almohada” o peor aún si le encuentran una pistola.
En el caso del joven de Nuevo León, “sin duda hubo muchos
indicios previos pero no nos dimos cuenta”.
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