Las crisis ponen nuestro
temperamento a prueba. Las crisis provocan ansiedad social, pero también nos
obligan a tomar las decisiones que hemos postergado por largo tiempo. Hoy
vivimos un momento difícil, y es tiempo de asumir responsabilidades
impostergables.
En esa línea, he propuesto en Jalisco medidas que van desde la
protección del poder adquisitivo de las familias de la entidad, evitando
cualquier aumento al transporte público, hasta plantear la eliminación total de
las prerrogativas económicas que reciben los partidos políticos en años no
electorales.
Sobre esta última, que se formula
a través de dos iniciativas, la primera que, vía el Congreso local, busca
alcanzar el Congreso de la Unión para modificar el artículo 116 constitucional
para que el financiamiento de las actividades ordinarias de los partidos deje
de ser obligatorio; y la segunda, que se remite a adecuar la legislación local
en este mismo sentido. Pongo sobre la mesa los siguientes razonamientos:
1. El dinero no es infinito y en
un tiempo de incertidumbre económica, mi gobierno se pone del lado de quienes
más padecen estos efectos. Nunca negaré que la participación democrática y el
ejercicio del sufragio constituyen derechos políticos que deben ser
garantizados; sin embargo, ello no quiere decir que el financiamiento a los
partidos políticos sea el único mecanismo para hacerlo. Más aún, en la ponderación
de derechos, siempre estarán por encima derechos fundamentales como el acceso a
la salud, educación o vivienda, por mencionar algunos, mismos que, año con año,
ven reducidas sus asignaciones presupuestales.
2. A diferencia de los días en
que se autorizó el financiamiento a los partidos políticos buscando con ello
garantizar pisos mínimos de equidad entre fuerzas políticas e impulsar la
representación de la pluralidad, hoy uno de esos pisos mínimos, como es el
acceso a medios de comunicación masiva, está plenamente salvaguardado, toda vez
que, desde la reforma de 2007, se aseguró la difusión de los partidos políticos
y sus eventuales candidatos mediante el uso de tiempos oficiales. Más aún, hoy
en día en los medios digitales, los partidos políticos tienen un canal abierto
de interacción con militantes y simpatizantes sin que para ello medie algún
tipo de transacción comercial. Así las cosas, hoy en día los partidos políticos
no deben competir en ver quién derrocha más recursos públicos, sino en imaginación
y creatividad para seducir a los ciudadanos.
Establecido lo anterior, ¿por qué no suprimir las prerrogativas a los
partidos políticos? ¿Por qué no hacerlo cuanto más en tiempos de crisis?
Considero que el gobierno y la
clase política no son –y no deben ser– nunca inmunes a los efectos de una
crisis. ¿Cómo le explico a un jalisciense que mientras ellos enfrentan todo
tipo de dificultades económicas, los
partidos políticos viven en una burbuja como si nada pasara? ¿No es
precisamente esta actitud la que nos aleja de aquellos a los que debemos
representar?
No podemos pensar en una
reconciliación de la sociedad con la clase política si en ello no media la
mínima empatía. Retirar el financiamiento
público a los partidos ofrece una salida que, más allá del ahorro –270 millones
de pesos en el caso de Jalisco– nos permite sintonizarnos con el sentir de la
sociedad.
Los partidos tienen todo el derecho a recibir aportaciones de sus
militantes, esto es, de quienes por convicción decidan aportar recursos propios
al sostenimiento de un ente político con el que tienen afinidad. Esta opción,
en aras de equidad, debería hacerse extensiva a las candidaturas
independientes, mismas que hoy día compiten en situación desigual.
Nada más en Jalisco, los 270
millones de pesos que dejarían de llegar a las arcas de los partidos, podrían
traducirse en: calentadores solares y focos ahorradores para zonas vulnerables,
conversión de unidades de transporte público a gas natural y fortalecer la red
de programas de protección social.
Es cierto, en tiempos de
dificultades, la unidad y la confianza son esenciales para enfrentar juntos los
desafíos que vienen. Sólo lograremos unidad en la empatía. Y ganaremos
confianza con congruencia.
* El autor es gobernador de
Jalisco
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