Martín Moreno.
Desde el 7 de diciembre pasado, en este espacio lo
adelantamos: en el Estado de México, será el Presidente de la República quien
designe al candidato del PRI a la gubernatura. Advertimos: “Eruviel solamente
se limitará a decir: ‘Sí, señor Presidente’. (Ver “Edomex: la decisión la
tomará Peña Nieto. SinEmbargoMX. 7/XII/2016). Y no nos equivocamos: el dedazo
en favor de Alfredo del Mazo Maza salió de Los Pinos, de los forros de su
primo, Enrique Peña Nieto, y no de Palacio de Gobierno de Toluca. Así fue.
Y dentro de este juego de poderes, todavía la noche del
jueves 26 de enero, hubo un intento de “madruguete”, cuando el propio Eruviel
Ávila y su equipo cercano, dieron la instrucción – abierta y clara- de apoyar a
Ana Lilia Herrera para ser la candidata a la gubernatura. Esa era la carta
fuerte de Eruviel, pero de nada sirvió: desde el centro los aplacaron. “Será
del Mazo”, fue la orden. Y no les quedó de otra que tragar sapos, como buenos
priistas.
“Si hace seis años del Mazo se disciplinó, ahora te toca a
ti, Eruviel”, fue la máxima que se aplicó desde Los Pinos.
Sin embargo, la pregunta que ahora muchos se hacen, es: ¿Por
qué ahora sí va el junior del Mazo, y en 2011 no resultó favorecido, cediéndole
el lugar, precisamente, a Eruviel?
Por varias razones de peso y fondo:
Por razones de sangre: del Mazo Maza es muy querido por su
primo Peña Nieto y, además, ahora se agrega un factor, para ellos, sagrado:
Alfredo del Mazo González – ex Gobernador mexiquense, fuerte aspirante en la
carrera de la sucesión presidencial de 1987 (“es el hermano que nunca tuve”,
llegó a decir de él Miguel de la Madrid), padre del junior y tío del
Presidente- padece una enfermedad grave y su última voluntad política es saber
que su hijo será el candidato priista a la gubernatura. Peña no le negaría este
deseo a su adorado e influyente tío. Por eso – en una macabra jugada de vida-,
la desgracia de Alfredo padre obra en favor de Alfredo hijo.
Porque a diferencia de hace seis años, Peña Nieto mostraba
una fortaleza política extraordinaria y una posición favorable para pedirle,
entonces, a su primo Alfredo, que dejara pasar a Eruviel Ávila por dos factores
fundamentales: primero, porque las encuestas no favorecían a del Mazo Maza y
ponían en riesgo el triunfo del PRI en el Edomex en 2011; y segundo, la
consecuencia más grave para el Grupo Atlacomulco: con del Mazo derrotado, se
arriesgaría la potencial victoria de Peña Nieto en la presidencial. Del Mazo
era un factor negativo para Peña, que tuvo que hacerlo a un lado – con todo el
dolor de su corazón- para asegurar territorio mexiquense, y por eso llegó
Eruviel. Peña fue práctico y no se equivocó.
¿Acaso del Mazo es, ahora, más fuerte que en 2011? La
respuesta es no. Sigue siendo el mismo junior mexiquense, aunque con más
experiencia política-burocrática: fue alcalde de Huixquilucan hasta diciembre
de 2012 y diputado federal, además de director de Banobras. La diferencia
radica –además de la última voluntad de Alfredo padre-, en que, en contraste
con la fortaleza mostrada en 2011, hoy
por hoy, Peña Nieto es un mandatario débil, desprestigiado y aborrecido. ¿Cómo
influye eso en la designación de del Mazo? En que al término de su sexenio,
Peña necesitará un aliado de familia, de todas sus confianzas, de corazón y de
entraña, para refugiarse en el Edomex ante la condena cuasi unánime por su
pésimo gobierno. Peña Nieto buscará en su querido estado, un santuario en
el cual pueda vivir tranquilo y hasta escondido de lo que le espera: el
inapelable juicio de la historia que, desde ya, lo ubica como el peor
Presidente en la historia reciente de México. ¿Quién mejor que el primo Alfredo para garantizar impunidad? Sobre
todo, cuando en el círculo peñista se da prácticamente por descontada la
derrota priista en el 2018.
A pesar del desprestigio de Peña Nieto, de su inocultable
caída en el respaldo ciudadano, el cálculo del PRI es que, ante el fracaso de
la alianza PAN-PRD, al PRI todavía le alcanzará el voto duro (léase y
entiéndase como la compra del voto popular), para mantener la gubernatura en
junio próximo. Lo que les preocupaba era una alianza opositora, pero esa
amenaza se diluyó. No les inquieta tanto Vázquez Mota, y creen que a la
abanderada de Morena no le alcanzará para derrotarlos. Esa es la apuesta del PRI: convertir la del Edomex en una elección de
Estado que sirva de blindaje para el exilio dorado de Enrique Peña Nieto.
Algunos analistas predicen que quien gane este año el
Edomex, triunfará también en la elección presidencial del 2018. Se equivocan.
Ni es, ni ha sido así: en el 2000 y en 2006, el PRI ganó el Estado de México,
pero perdió la presidencial. Es un pronóstico equivocado.
Lo que sí es claro, es que una derrota del PRI en el Edomex,
equivaldría a decirle adiós a Los Pinos el próximo año; sería un adelanto
inequívoco de los ánimos electorales para 2018, con un claro mensaje: ya no
queremos al PRI en la Presidencia. Ni más ni menos.
¿Le alcanzará al PRI
mantener el Edomex, una entidad en la que jamás ha sido derrotado en la
gubernatura?
Esa es otra historia de la cual nos ocuparemos en otra
entrega.
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