Todo parece ser que los astros que se negaron a alinearse
–por las razones que sea- en el dos mil seis y en el dos mil doce para Andrés
Manuel López Obrador, se posicionan ahora sí, para el tabasqueño.
No existe una sola
encuesta de opinión que no ubique al presidente de MORENA como el puntero
indiscutible en las preferencias electorales de cara a la elección presidencial
del próximo año, sumando cada vez más adeptos de otros partidos y de la
sociedad civil. Llama la atención el pronunciamiento de la Asociación de
Banqueros de México que ha dicho claramente que podrían trabajar con López
Obrador o con cualquiera que mantenga la estabilidad económica del país.
Si bien es cierto este tipo de declaraciones no son nuevas
de los banqueros, lo que sí es cierto es que previamente se habían dado en dos
contextos muy diferentes, ya que por un lado en el año dos mil seis parecía
existir un esfuerzo de Estado para evitar a toda costa que Andrés Manuel
llegara a la presidencia, lo que llevó al gobierno panista de Vicente Fox a
operar todo y de todo para lograr este objetivo. El resultado, un presidente
Felipe Calderón con apenas .52% de los votos de ventaja.
En ninguna circunstancia política lógica se puede gobernar
un país con una diferencia de votos tan pequeña, lo que ocasionó la ausencia
absoluta de acuerdos políticos que fueron sustituidos por el uso de la fuerza
con resultados desastrosos. En el caso del 2012 los números no beneficiaron a
López Obrador nunca –a pesar del crecimiento tan importante que tuvo en la
preferencias- por lo que no puso en riesgo al puntero Enrique Peña Nieto.
El resultado, también
lo conocemos: un gobierno corrupto y frívolo tan lejos de las necesidades
reales de la gente, que parece que abona de manera importante con su
displicencia para que los electores de todos niveles sociales, culturales,
educativos y de todos los colores del espectro político volteen a ver al
morenista como una opción real de cambio en un país en que no cambia nada desde
hace mucho tiempo.
¿Será López Obrador el cambio que México necesita?
Quien sabe, eso sólo
se sabrá con el tiempo, pero lo que sí se sabe es que en el esquema actual de
las mediciones de preferencias políticas, Andrés Manuel se perfila como el
finalista indiscutible de la contienda electoral, no tanto por lo que
representa, sino por lo que no representa a ojos del público elector: No es
priísta, no es panista, ni tampoco es perredista. Punto. Los otros tres
partidos grandes, sufren un desprestigio derivado del mediocre ejercicio del
poder que han protagonizado a niveles federal y local y parece ser que el
elector no está dispuesto a repetir experiencias fallidas.
Pero Andrés Manuel
tendrá frente a sí a un enemigo, el mismo y su gran boca, más complicado porque
no existe ninguna posibilidad de prever sus acciones ni sus dichos, Andrés
Manuel es un hombre inteligente que se deja llevar en ocasiones por el fervor
de los eventos; las declaraciones fáciles que arrancan aplausos pero también
temores. No sé qué tan cierta sea la versión de que su famoso “cállate
Chachalaca” le costó varios puntos en dos mil seis, lo que sí me parece
evidente es que sus recientes acusaciones al ejército mexicano por los casos de
Nayarit y de Iguala, le pueden dificultar su interlocución con fuerzas armadas
que, a querer o no tendrá que liderar si llega a ser presidente.
Pero además, tiene que considerar que aunque no quiera, la
incompetencia de gobiernos estatales le pedirán el envío de tropas para que
hagan la labor que ellos no pueden hacer. ¿Cómo mandatará AMLO a dichos
militares después de los agravios cometidos? ¿O de plano no hará nada y dejará
que los corruptos e ineficientes gobernadores combatan al crimen con la
consecuente degradación de la seguridad en el territorio nacional? Tal vez sea
un exabrupto, pero sus locuaces declaraciones parecen ser el diálogo de dos
películas que ya vimos: 2006 y 2012.
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