Adela
Navarro Bello.
En 2016 criminales michoacanos
colgaron una manta con un mensaje dirigido al Presidente de la República,
Enrique Peña Nieto. Se quejaban de un comandante de la
Ministerial, Martín Godoy, que había sido llevado a aquellas tierras por el
entonces Comisionado Nacional para la Seguridad del Estado, Alfredo Castillo
Cervantes, pero que había tomado el camino equivocado. Lo acusaban de ordeñas a
los ductos de gasolina de Petróleos Mexicanos y de proveer impunidad a
criminales locales.
Los
supuestos narcotraficantes que ordenaron la manta al Presidente incluso le
hacían un llamado: “Sr. Presidente usted
tiene la solución en sus manos investigue a fondo al Peto y al Chino Tamacuas y
ahí va saber toda la verdad”.
No fue un
asunto menor aunque la Presidencia de la República haya –por lo menos en lo
público- hecho caso omiso de la narco manta. El grado de impunidad y corrupción quedó en evidencia cuando
criminales encuentran como única salida, de amenaza o llamada de atención,
dirigirse al titular del Poder Ejecutivo.
Tampoco es un asunto menor la manta
que el narco –supuestamente- dejó con una amenaza/advertencia para Andrés
Manuel López Obrador en el Estado de México, la entidad más grande en número de electores que irá
a un proceso electoral este 2017, y donde la figura del líder de Morena resalta
más que la de la propia candidata de ese partido a suceder a Eruviel Ávila,
Delfina Gómez.
Debido al nivel de violencia e
inseguridad con que suelen manejarse los cárteles de las drogas en este país,
el narcotráfico ha ganado espacios sociales a fuerza de sangre, balas, amenazas,
desapariciones, secuestros, asesinatos, corrupción. Incluso la facultad de
cobrar impuestos la han obtenido a partir del cobro de piso como le llaman al
hecho de obligar a comerciantes y empresarios a entregar una cuota de dinero a
cambio de “no molestarlos”.
En ese
contexto, la intromisión del narco en la
elección del Estado de México es una premisa que no es buena para nadie, y se
debe investigar a fondo. No se debe tomar a la ligera, no cuando los
antecedentes del narco en las campañas son graves.
Ya en Tamaulipas en el año 2010 y cuando iba
en tránsito para solicitar el voto de los tamaulipecos al Gobierno del Estado,
fue asesinado el candidato del PRI, Rodolfo Torre Cantú, también cuatro de sus
colaboradores. Lo asesinaron de acuerdo a las últimas investigaciones de la
PGR, elementos del Cártel del Golfo, y el móvil fue la negativa (aseguran) del
aspirante a Gobernador a participar en las actividades ilícitas de la
organización criminal que hasta la fecha, mantiene a la población de aquel estado
en la inseguridad y la violencia.
Si él área de fiscalización del
Instituto Nacional Electoral y el área de investigación de lavado de dinero y
terrorismo de la Procuraduría General de la República, fuesen eficientes y
puntillosas en las evaluaciones, seguramente sabríamos de casos donde grupos
del narcotráfico han invertido dinero en campañas políticas. Sabemos de algunos casos que han quedado en la impunidad o han sido los
políticos exonerados, o los narcotraficantes se desdicen. En Baja
California ha habido algunos. Un aspirante Alcalde de ascendencia panista
señalado por un narcotraficante de haber recibido su dinero a cambio de
otorgarle favores una vez logrado el cargo, por ejemplo.
Los narcotraficantes presionan a
periodistas, a empresarios y por supuesto a funcionarios y policías que llevan
a la corrupción para obtener impunidad, de estos últimos sí hay muchos casos
que concluyeron con cárcel, el de más alto nivel y más sonado, aquel de Jesús
Gutiérrez Rebollo, un General que fue nombrado Jefe del Instituto Nacional para
el Combate a las Drogas en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, pero
que utilizó esa posición para servir a Amado Carrillo Fuentes “El señor de los
cielos”. El primero murió de viejo, el segundo en una sala de operaciones.
En el cártel de los Arellano Félix
fue notorio cuando declararon cómo gastaban un millón de dólares al mes para
mantener a autoridades municipales, estatales y federales en la corrupción y a
su servicio.
Así, extraoficialmente el
narcotráfico ha estado ligado a la política, empezando por la política
electoral, pero oficialmente, nada se sabe. La manta del narco colgada en Acolmán, Estado de
México según el reporte de medios del centro del país, contra López Obrador,
decía: “AMLO en el estado ya te cargo la
verga porque ni tu ni el puto de tu compadre Felipe el Ojos de tlahuac no
entran a la verga. La Familia Unida”, es una afrenta que debe tomarse en
serio, determinar si son realmente
criminales quienes la colgaron, o si fueron “operadores” políticos que le han
entrado de lleno a la guerra sucia en el Estado de México.
El Gobierno de la República no debe
dejar ese tema sin investigar ni con dudas. La importancia de la elección y la
trascendencia de vivir en un país democrático, así lo exigen para bienestar de
los electores y los mexicanos en general.
No ha habido candidatos ligados al
narco que hayan sido detectados en su momento por el INE o por la PGR, pero sí
ha habido gobernadores que sirvieron a esos intereses criminales y
administraron un estado entre la corrupción y la impunidad, hasta que se convirtieron
en ex gobernadores prófugos. Los cárteles, es sabido, inician
los acercamientos durante la campaña y concretan los acuerdos en los gobiernos.
Así el caso de Mario Villanueva
Madrid, quien como Gobernador de Quintana Roo sirvió para lavar dinero al
Cártel de Juárez, y solapar la actividad criminal en aquella entidad. Fue
detenido al concluir su sexenio y posteriormente extraditado a los Estados
Unidos donde se le juzgó por narcotráfico.
También los casos actuales. Tomás
Yarrington, ex Gobernador de Tamaulipas al servicio del cártel del Golfo, acusado de narcotráfico en los
Estados Unidos, y quien hoy espera su extradición a aquel país en una prisión
italiana. Del mismo Estado, Eugenio
Hernández, prófugo y acusado de narcotráfico en la Unión Americana, también
para servir a los propósitos delincuenciales del Cártel del Golfo. O Jesús Reyna García, ex Gobernador de
Michoacán señalado por tener ligas con Servando Gómez Martínez “La Tuta”,
líder criminal que fue de los Caballeros Templarios, y narcotraficantes que
además corrompía alcaldes y amenazaba a sociedades enteras en Michoacán.
Está demostrado, pues, que la liga
entre narcotráfico y gobierno en México se ha diluido. Que existen narco-gobiernos,
y ahí están los ex gobernadores prófugos o detenidos para probarlo. Se sabe los narcos han financiado
sus campañas. Por eso no debe tomarse a la ligera la manta contra Andrés Manuel
López Obrador en el contexto de la elección en el Estado de México, finalmente,
es el único de los actores políticos que prácticamente tiene asegurada la
candidatura a la Presidencia de la República, y si un cártel, un puñado de criminales o una banda delincuencial tiene
la impunidad para amenazar a un aspirante a la presidencia de la República, sea
del partido que sea, está no solo atentando la seguridad de los mexicanos, sino
el proceso democrático que en este País se vive.
Investigarlo es un deber ineludible
del Gobierno Federal que aún está en manos de un vacilante Enrique Peña Nieto,
priísta de Atlacomulco, enemigo político y jurado precisamente, de Andrés
Manuel López Obrador.
En México
está comprobado que sí existen los narco-estados. Urge que el tema se combata,
que se investigue y se informe de éste hecho y otros en el mismo tenor, para que el ámbito de la corrupción no
escale a la Presidencia de la República, si es que no es demasiado tarde.
Porque está demostrado con los casos referidos que cuando el narco quiere gobierno, lo obtiene, o mata. México ya no
puede atenerse a tan viles consecuencias.
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