Alberto Núñez Esteva.
La pobreza
es, sin duda, uno de los grandes retos que confronta nuestro país.
El Consejo Nacional de Evaluación de
la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) analiza detalladamente la situación
de la pobreza en México, pero nosotros queremos poner al centro una cifra, sólo
una cifra: 55.3 millones de pobres en el 2014 (última cifra a la que tuve
acceso) equivalente al 46.5 por ciento de la población total de México.
Los contrastes entre la pobreza y la
riqueza en nuestro país son insultantes, peligrosamente insultantes.
Podríamos
especular sobre estas cifras, pero lo más importante es contestar una pregunta,
una sola pregunta:
¿Cómo
debemos atacar la pobreza en su raíz?
Y la respuesta que nos atrevemos a
sugerir es que la mejor forma de atacar la pobreza es generando riqueza y
distribuyéndola adecuadamente entre quienes contribuyeron a su generación.
Las dádivas sociales que ofrece el
gobierno son, en algunos casos, indispensables, pero están lejos de ser la
solución. Es más, si se aplican generosamente con fines
políticos, se transforman en un serio problema para alcanzar un sano desarrollo
económico en el sector al que están destinadas.
La generación de empleos a través de
las empresas, es una de las fórmulas más efectivas para combatir la pobreza..
Empleos dignos generados por empresas socialmente responsables.
Y estas empresas socialmente
responsables pueden surgir también de los segmentos más pobres de nuestra
población. Efectivamente, capacitar a “los pobres” para que salgan de su
pobreza a través de que se transformen en pequeños, muy pequeños empresarios,
es una verdadera aportación a la comunidad. Una forma digna y efectiva de
ataque a la pobreza.
Micro
empresarios que, si tienen éxito, se podrán ir transformando en pequeños y
medianos empresarios, cuyo crecimiento no tiene límite, la experiencia así lo
demuestra. Los ganadores son personas de gran visión, dispuestas a correr los
riesgos propios de los negocios, riesgos que constituyen verdaderos retos y
desafíos. Muchos son los que se quedan en el camino.
El sector
empresarial, organizado a través de sus cámaras, y éstas a su vez en organismos
cúpula que desembocan, las más de ellas, en el Consejo Coordinador Empresarial
(CCE), son un ejemplo de organización. En las bases de estos organismos están
no solamente las grandes empresas, sino también las medianas y pequeñas que
desean pertenecer a dichos organismos y están dispuestas a cumplir con sus
disposiciones.
El CCE ha
enfocado su visión social a través de la Fundación del Empresariado de México
(Fundemex), cuya misión es la de “Promover procesos transformadores y sustentables
vinculados al abatimiento de la pobreza en México, a través de los cuales las
Empresas Privadas integradas a los organismos del CCE, fomenten y fortalezcan
Empresas Sociales para que unidos construyan valor económico, social y
ambiental.” El desempeño económico no está reñido con la visión social del
empresario, todo lo contario, y esta declaración es la mejor prueba de ello.
La pobreza
es una grave enfermedad de nuestro país que no debemos dejar que prolifere. La
empresa socialmente responsable es la mejor medicina para atacarla. Micro,
pequeñas, medianas y grandes empresas. Todas ellas cumplen una función. Quienes
forman parte de ellas deben sentirse muy satisfechos. Están, entre otras cosas,
siendo un medio efectivo para atacar la pobreza, ese grave mal al que nos hemos
referido en líneas anteriores.
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