La familia de Cándido Ríos Vázquez,
“Pabuche”, ve con recelo las declaraciones de las autoridades en el sentido de
que su muerte no estuvo relacionada a su labor como periodista.
“A mí no me convencen. Yo pienso que
sí”, dice Hilda Nieves Martínez, la viuda.
Ella demanda seguridad: “tengo miedo de
que me pase lo mismo”. E insiste que Cándido murió por su compromiso social:
denunciar atropellos cometidos por poderosos, y hacerlos públicos.
Y señala a una persona, el dos veces
ex alcalde Gaspar Gómez Jiménez, cacique regional, que ha sido Edil por
Convergencia por la Democracia (2000-2004) y por el Partido de la Revolución
Institucional (2010-2013).
En el pasado
proceso electoral, Gómez Jiménez se lanzó por su tercer periodo, más resultó
aplastado por la oposición.
En la campaña, “Pabuche” escribió
numerosas notas y subió informes en redes sociales donde documentaba el saqueo
a las arcas, así como el negro historial del priista, el punto más puntilloso,
la desaparición de un Edil del Partido de la Revolución Democrática (PRD),
desaparecido y asesinado durante el primer gobierno de Gaspar Gómez.
“Mi esposo siempre dijo que había
sido Gaspar el responsable, siempre lo escribía”, dice la viuda.
“Desde que yo era niña, mi papá
denunciaba que el regidor había sido llevado y asesinado por órdenes del alcalde.
Sí, yo recuerdo que aquí a la casa llegaban las camionetas del alcalde, y él
salía y le gritaba de cosas a mi papá”, acusa la hija de “Pabuche”, Cristina
Ríos Martínez.
“Si se encontraban en la calle,
Gaspar lo insultaba y agredía, y ‘Pabuche’ le respondía igual, le gritaba:
‘¡sicopataaa!’”,
remarca Cecilio Pérez Cortés, director del diario de Acayucan, para el cual
colaboraba el periodista.
“Se odiaban. Entre los dos no podían
ni verse. Gaspar no aguantaba las críticas y a “Pabuche” le enojaba que, pese a
todo su historial, anduviera intentando llegar de nuevo al poder”, relata un vecino de “Pabuche”, quien
pide anonimato.
Mientras el
cadáver de Cándido Ríos Vázquez se enfriaba en el féretro donde fue depositado,
a unos 350 kilómetros, en la capital del estado, el subsecretario para Derechos Humanos, de la Secretaría de
Gobernación, del gobierno de la República, Roberto Campa, lanzaba un balde de
agua fría:
“El evento de ayer tiene que ver con
otro riesgo, con otra situación, con otras personas que fueron atacadas. Ahí
perdió la otra persona, uno de sus escoltas, y otra escolta está en una
situación de gravedad. El ataque estaba dirigido a otra persona”.
Campa
reconoció que el reportero contaba con medidas cautelares del mecanismo de
protección a periodistas, entre ellas, ocho cámaras de vigilancia conectadas a
un monitor y un botón de pánico. La familia indica que además de las cámaras,
la casa había sido rodeada con tela metálica y grandes enrejados de púas. Casi
como una prisión. Las puertas y ventanas resultaron reforzadas y contaba con un
teléfono satelital.
Según el
último comunicado de la organización Artículo 19, con respecto al homicidio de
Cándido Ríos Vázquez, “desde que Miguel Ángel Yunes Linares asumió la
gubernatura de Veracruz, 3 periodistas han sido asesinados.
Además de
Ríos, los otros periodistas son Ricardo Monlui, asesinado el 19 de marzo, y
Edwin Rivera, asesinado el 9 de julio”.
De esos dos
casos, suma la agresión a Armando Arrieta, de la Opinión de Poza Rica, el 29 de
marzo, cuando recibió varios disparos que lo pusieron al borde de la muerte.
Salvó la vida, pero de sus atacantes no se sabe nada, menos de los asesinos de
los dos citados arriba.
En ninguno
de eso casos, el Fiscal Jorge Winckler ha dado resultados, incluso, pasa gran
parte de su tiempo guerreando en las redes sociales, generando polémica entre
los periodistas, como una marcada estrategia de división.
En este
tenor, Artículo 19 exigió que la Fiscalía Fiscalía General “revise de manera
exhaustiva y diligente su proceder ante las investigaciones iniciadas con anterioridad
por las amenazas proferidas contra Cándido Ríos”.
Sobre las declaraciones de Campa, la
ONG dejó en claro que son “sin fundamento”, y exigió a la SEGOB un “informe
público sobre las medidas provistas, así como las acciones que se emprendieron
para disminuir el riesgo del periodista Cándido Ríos Vázquez y haga una
revisión exhaustiva de los procesos y medidas implementadas que coadyuve a
evitar la repetición de agresiones a periodistas incorporados al mecanismo”.
NO CREEN EN
LAS AUTORIDADES.
¿Usted piensa que por la profesión
que tenía su esposo, pudo haber sido asesinado?, se pregunta a la viuda.
-Pues yo pienso que sí. Me dicen que
no. Pero pienso que fue intencional, a mí no me convence eso.
“Gaspar lo amenazó y lo golpeó, le
hicieron una hernia que la traía reventada, él era muy terco y no iba al médico
(para curarla)”.
Producto de esa golpiza, propinada
por elementos de la Policía Municipal, en el 2012, el reportero quedó lisiado,
y desde entonces, arrastraba una pierna para caminar, e invariablemente
empleaba bastón.
La mujer reprocha al gobierno la
indolencia para el cuidado del reportero, que ya estaba en la mira de los
perpetradores.
Y aunque la
casa de Cándido Ríos, en la localidad de Soconusco, a unos mil metros de donde
resultó asesinado, se alza con un enrejado reforzado, alambrado de púas y
vigilada por seis cámaras, en la calle era vulnerable, ya que sólo empleaba un
teléfono satelital con GPS.
“Nunca vi a una autoridad que estuviera
en la puerta. Yo le decías que tu seguridad es que estén al pie, tu andas y
quien sabe las espaldas quién te las va cuidar”, recuerda.
“¿Para qué sirven estas cosas?”,
reprocha señalando los sofisticados aparatos de vigilancia.
Sobre su actividad como periodista,
“yo le decía que eso es malo, te van a matar, no te metas, eso es peligroso,
pero nunca me hizo caso”.
Cristina Ríos Nieves, primogénita de
Cándido Ríos (tuvo dos cuatro hijos en total) también afirma que su padre
encontró su destino por su labor.
“Él desenmascaraba, acusaba a
personas poderosas, con dinero, caciques del pueblo”.
“Acá se veían muchas injusticias, él
denunciaba a esta persona, que era Presidente Municipal, y por medido e ese
puesto se da trabajo en areneras, cementares, criminales, son docenas de
asesinatos sin esclarecer y él se lo notificaba al pueblo”, expresa.
A la distancia, viendo a su padre
resguardado en el féretro, reconoce que “pienso que él sabía lo que iba a
pasar, nos preparaba para esto, constantemente me llamaba y me decía, mira
hija, hice esta nota, hija, ve mi Facebook”.
En su última publicación, el
periodista subió un video en el cual él hace un resumen de su labor en
Hueyapan, y relata que por más de diez años ha vivido bajo amenaza, en la
resistencia contra los poderosos, uno en especial, el ex alcalde Gaspar Gómez.
Resultó tan popular el ejercicio entre sus lectores, que prometió apurarse a
realizar otro y efectuar más denuncias, pero ya no lo hizo, la “Voz de Hueyapan
se apagó”.
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