Mientras los
gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México se proponen renegociar el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los dirigentes sindicales de los primeros dos países están depositando
sus esperanzas en los pronunciamientos nacionalistas de Donald Trump para poner
sobre la mesa la protección contra la mano de obra mexicana barata, aseguró el
New York Times.
“A pesar de haber recibido miles de
millones en inversiones en relucientes fábricas de última generación desde que
nació el TLCAN, la industria automotriz mexicana todavía paga salarios entre un
sexto y un octavo de los de Estados Unidos”, expuso el diario estadounidense.
Los deprimidos salarios de México,
dijo, siguen siendo un poderoso símbolo de las deficiencias del TLCAN como
herramienta para el desarrollo económico.
“Los
salarios son realmente bajos en términos absolutos y relativos, entre los
salarios más bajos de América Latina”, dijo al diario Ben Davis, director de
asuntos internacionales del sindicato United Steelworkers.
La industria manufacturera de Estados
Unidos pagó a sus trabajadores 20.8 dólares por hora en junio de 2017, mientras
que la mexicana desembolsó 2.3 dólares por hora.
La
retribución erogada este año en Estados Unidos, de 20.8 dólares por hora, es el
mejor nivel desde enero de 2015, pero en
México ha sido lo contrario, se pagaron 2.5 dólares en enero de 2015 y llegó a
2.9 dólares en diciembre de ese año, pero comenzó a contraerse hasta bajar a
2.3 dólares por hora en junio pasado.
“Entre las
numerosas recomendaciones presentadas al representante comercial de los Estados
Unidos, la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones
Industriales pidió que el TLCAN
garantizara que todos los trabajadores -sin importar el sector- tengan derecho
a recibir salarios suficientes para pagar en la región del país signatario un
nivel de vida digno para el trabajador y su familia”, detalló el diario.
No es la primera vez que los
sindicatos han pensado en este tema, precisó el Times. “A comienzos de los años
90, cuando el TLCAN aún no se había convertido en ley, la Alianza para el
Comercio Responsable respaldada por el sindicato argumentó que los salarios
mínimos en los sectores de bienes comerciables de los tres países de América
del Norte deberían avanzar lo más rápido posible hacia el más alto y permitir
una calidad de vida decente”.
El New York Times detalló que “los
horribles salarios de México son un problema urgente” en las renegociaciones
del TLCAN.
“Lo que mantiene bajos los salarios
mexicanos no es el TLCAN sino la vasta economía informal de México fuera de los
límites de las leyes y reglamentos, donde la mitad de la mano de obra trabaja
en empleos de baja productividad en la pequeña industria manufacturera para el
mercado interno”,
indicó la publicación.
Para el diario, el TLCAN podría
mejorarse para proteger mejor los derechos de los trabajadores. “Las propuestas
de los sindicatos para facilitar las denuncias contra empleadores abusivos y
para garantizar el cumplimiento rápido y efectivo de las normas laborales
acordadas podrían prevenir violaciones”, indicó.
Desde el inicio del TLCAN en 1994,
México ha tenido como su principal ventaja competitiva los salarios bajos. Como
consecuencia, durante estos 23 años de libre comercio, los ingresos de los
trabajadores han disminuido aquí y en Estados Unidos.
Del total de
la producción nacional de nuestro principal socio comercial, el 64 por ciento
se destinaba a salarios de los empleados, pero a partir del tratado disminuyó
al 58 por ciento. En México ha sido más pronunciado: si bien la caída empezó en
1976, con el acuerdo se incrementó e hizo descender de 50 por ciento en ese año
a 24 por ciento en este 2017; es decir, la mitad.
A la par del inicio de la primera
ronda de renegociación, campesinos y sindicatos marcharon contra el TLCAN al
argumentar que los ha desplazado y las empresas trasnacionales han sido las más
beneficiadas. En Estados Unidos, de 100 por ciento de la producción
empresarial, el 58 por ciento se va a los trabajadores y el 42 por ciento a las
ganancias de las compañías. En contraste, en México entre el 22 y 26 por ciento
se queda para los empleados y entre 74 y 78 por ciento en las firmas.

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