Diego Petersen Farah.
Contra lo que muchos auguraron
finalmente se logró el Frente Amplio Democrático con PAN, PRD y MC. Por
supuesto que ello supuso la voluntad de muchos actores, no solo la de Anaya,
pero él era el principal interesado y será quizá el principal beneficiado,
porque hoy por hoy es el mejor candidato posible. Y digo posible porque
Margarita Zavala lo supera en todas las encuestas, pero ella es justamente la
afectada de la alianza, acusada, con razón o sin ella, del delito de portación
de marido incómodo. Margarita no supo, o no pudo, separarse lo suficiente de
Felipe Calderón y eso le costará muy caro. Si hubiera que apostar hoy quién
será el candidato del Frente, los momios a favor de Ricardo Anaya estarían
cinco a uno.
Anaya fue
también el blanco de reportajes por enriquecimiento ilícito de su familia
política. La acusación fue poco sólida, pues nunca mostraron qué había hecho o
dejado de hacer el presidente del PAN para favorecer a sus parientes, pero la
operación para divulgar el contenido fue con toda la mano. Al final de cuentas
Anaya pudo darle la vuelta y vincular la acusación con el tema del nombramiento
del Fiscal, un asunto sumamente sensible para una buena parte del círculo rojo,
que se ha comprometido en serio con este tema, y que Anaya transformó en una
batalla personal. A final de cuentas, y a pesar de que un grupo de senadores
panistas de pasó del otro lado, el Frente consiguió parar el pase automático
del procurador Raúl Cervantes (El Ferrari, hay que decirlo, ayudó y mucho).
Los detractores de Ricardo Anaya
señalan, con razón, que el joven político tiene una ambición desmedida y que ha
utilizado a su partido, manejado los tiempos y construido las alianzas en
función de su proyecto personal. Todo es cierto. Sus formas son poco ortodoxas
y algunos podrían calificarlas de poco éticas. Para muchos panistas es el gran
traidor, pero él es alguien que juega con las reglas, en los dos sentidos de la
palabra: las respeta y a la vez las manipula. Así gana las partidas.
A pesar del golpeteo de los últimos
quince días Ricardo Anaya es hoy políticamente más fuerte que antes. Salió con
moretones y raspones, pero fortalecido. Sabe que si es candidato los
calderonistas y la propia Margarita Zavala terminarán por apoyarlo porque la
otra opción es que su peor pesadilla, ver a López Obrador como Presidente,
termine convirtiéndose en realidad.
El Frente
nació anotando una victoria para su causa. Derrotaron al PRI, y Morena prefirió
ser espectador en esta batalla. Pero si de alguien deberían preocuparse Morena
y López Obrador es de Anaya. No sé si les pueda ganar, es demasiado temprano
para hacer escenarios electorales, pero de que va a ser kriptonita pura para
“El Peje” y un dolor de cabeza para Morena, no tengo la menor duda.
El héroe y
el traidor suelen ser dos caras del mismo personaje, diría Borges (y en el
cuento, también presidente de un partido)
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