Javier Risco.
Andrés
Manuel López Obrador, líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena),
estuvo el martes pasado en el auditorio del Woodrow Wilson Center en Washington
D.C.; después de un discurso de poco menos de 40 minutos, compartió una mesa de
diálogo con Duncan Wood, director del centro, y Michael Shifter, presidente del
Diálogo Interamericano.
Shifter –con
un casi perfecto español– le hizo la siguiente pregunta sobre la violencia
contra periodistas en México: “creo que para ser más transparente y hacer
pública la información juegan un papel muy importante los periodistas. Y en
México, en este año, han matado a 10 periodistas. ¿Usted ha pensado cómo
fortalecer o mejorar los sistemas de protección a periodistas? Más allá del
desarrollo, usted ha planteado cosas, pero a largo plazo, esta cosa de
periodistas investigando temas de crimen organizado o de corrupción es un tema
urgente, ¿hay algo que podría hacer para atender ese problema y fortalecer los
mecanismos de protección?”
La respuesta
de López Obrador fue: “sí, desde luego. Garantizarles su seguridad. Buscar las
estrategias o el mecanismo más adecuado para protegerlos, que no sean
agredidos. Nosotros condenamos todos estos asesinatos”.
Cuando
escuché su respuesta escribí por Twitter lo que me había parecido: “El lugar
común, la respuesta vacía, el no tener idea”. Y lo sostengo.
Al contrario
de las líneas discursivas que AMLO maneja al derecho y al revés sobre los temas
de coyuntura política, esta vez no supo qué decir. No es un tema que defienda,
que critique, en el que tenga un ‘proyecto’ o que le quite el sueño.
¿Qué podrían
importarle a Andrés Manuel las decenas de tragedias de los periodistas en el
país que él quiere gobernar, si la prensa crítica con él es calificada de
inmediato como “aliados de la mafia del poder” o lo nuevo: “prensa fifí”?
¿Qué
respuesta esperaríamos de un candidato con posibilidades de llegar a la
presidencia en 2018?
Tendría que
ser algo como: “En primer lugar, ESCUCHAR a los periodistas, sentarme frente a
ellos, hablar con los jefes de redacción de Río Doce, en Sinaloa, de La Opinión
de Veracruz, de Guerrero, Tamaulipas, Coahuila. ESCUCHARLOS.
“El gobierno
del presidente Enrique Peña, hace algunas semanas, después del terrible
asesinato de Javier Valdez, se reunió con su gabinete, con los gobernadores y
simularon una solución.
“¿Por qué
digo que simularon? Porque fueron incapaces de invitar a las víctimas a la
mesa, en este caso a los periodistas, quieren arreglar el problema del acecho a
la prensa sin su voz, así que lo primero que haría sería conocer de primera
mano sus preocupaciones. He leído en la prensa, en las redes, que en las
últimas semanas se han estado organizando, que hay un movimiento llamado
#AgendaDePeriodistas, tocaría su puerta, y me acercaría también a Artículo 19,
organización que vela por la libertad de expresión; y aprovecho este foro para
decir que, en mi gobierno, cuando llegue a la presidencia, habrá, por sobre
todas las cosas, el respeto a esa libertad.
“También
limpiaría la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la
Libertad de Expresión, que depende directamente de la PGR y que es otra
simulación del gobierno de Peña; no ha hecho nada, no protege a nadie. Tiene el
98 por ciento de impunidad en los casos investigados. ¿Para qué sirve? Lo estoy
evaluando.
“Habría que
revisar caso por caso, los periodistas que han pedido protección, lo digo aquí
frente a este auditorio, hay zonas en México donde no se puede ejercer el
periodismo libremente, muchos son amenazados y hay que tomar medidas extremas
de protección. No voy a permitir ni un asesinato más.
“Creo de
verdad que la mejor solución contra la violencia a estos comunicadores es
RESOLVER cada uno de los casos de periodistas asesinados, hasta que se tenga
JUSTICIA, ellos se sentirán seguros. Les pido confianza, vamos a protegerlos
desde el Estado, porque de eso depende nuestra democracia y la libertad de este
país”.
Algo así me
hubiera gustado escuchar.
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