Jesús Robles Maloof.
Dime que
cifras presentas para saber que cifras ocultas.
2017 es ya
en números absolutos, el más violento de la última década al alcanzar 14,190
carpetas de investigación por homicidio doloso tan solo de enero a julio. Esta
cifra supera por mucho los 11,141 homicidios de 2011. Pero el Quinto Informe de
Gobierno nos habla de una realidad totalmente distinta. ¿Cuál es la verdad
sobre los homicidios en México?
Retomo mi espacio en Sin Embargo con
la sensación que el título de esta columna es demasiado pretencioso. Hablar de
verdad en tiempos de Enrique Peña Nieto, lo mismo que de Donald Trump podría ser una aspiración
pasada de moda, sobre todo cuando la política actual parece dirimirse en el
terreno de las emociones, como el enojo y los deseos.
La verdad en política no significa la
verdad ontológica de carácter absoluto que estudiamos en filosofía, sino acaso
supone aquella evidencia empírica que acompaña la argumentación de un
determinado programa político. Dicho de otra manera, lo verdadero radica en que
toda afirmación pueda ser verificada de forma independiente, incluso por
cualquier persona con información pública razonablemente accesible.
Así el
esfuerzo de construir entidades como el INEGI, el CONEVAL o el Secretariado
Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública, tiene que ver con generar
un consenso temporal sobre lo que entendemos por pobreza, índice delictivo y
otros conceptos fundamentales para crear programas de gobierno basados en
evidencia que los atiendan y que estén por encima el vendaval partidista. En este sentido una simple revisión de la evidencia
que soporta los argumentos del pasado informe nos muestran la manipulación
habitual de este gobierno al presentar las cifras.
Mi candidez,
si es que conservo algo de ella, no llega al punto de buscar la verdad en un informe
de gobierno, solo destaco que si queremos conocer el estado de las cosas
podemos revisar este y cualquier Informe de gobierno bajo una útil hipótesis de
trabajo que puede resumirse en, dime que cifras presentas, para saber que
cifras ocultas.
En entre
otros temas de interés público en materia de homicidio el Quinto Informe es
ejemplo de lo anterior. Sobre homicidios
el sábado pasado Peña Nieto afirmó tres ideas:
“En los
primeros cuatro años de esta Administración, se logró disminuir la incidencia
de delitos del fuero común por cada 100 mil habitantes”.
“Asimismo, según datos del INEGI, entre 2012 y
2015, se redujo la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, al
pasar de 22.2 a 17.2. Sin embargo, ese resultado se ha revertido”.
“Hoy, una parte significativa de los
homicidios no está relacionada con el crimen organizado, sino con delitos del
fuero común, aquellos que son responsabilidad de los estados y municipios. Por
ello, es imperativo que se atienda la debilidad y los rezagos históricos que
existen en las instituciones locales de seguridad, particularmente en los
municipios”.
Lo primero
que salta a la vista es que presenta cifras de 2012 a 2015 al respecto caben Tres preguntas ¿Por qué escogió esos
años si se trata de informar del “el estado general que guarda la
administración pública del país” como dice el artículo 69 constitucional? Sí,
el estado que guarda de 2016 a 2017, no que guardaba la administración del país
en 2015. ¿Por qué presenta la tasa de 2012 cuando apenas ocupó el Ejecutivo
menos de un mes? Como pueden seguir de lo anterior se deriva la última pregunta
y su respuesta evidente. No presentó la tasa de 2016 y 2017 precisamente porque
es las que quiere ocultar.
La
estimación preliminar del INEGI establece que la tasa de 2016 se encuentra
alrededor del 20 por ciento por cada 100 mil habitantes. Estimaciones independientes de Carolina Torreblanca y José Merino la
ubican en 18.3 por ciento y las cifras de 2017 podrían arrojarnos una tasa
histórica, superior incluso a la de 2011. El “sin embargo, ese resultado se ha
revertido” de Peña Nieto podría ser una confesión involuntaria y quizá la única
pieza de evidencia sobre homicidios en su discurso.
Cuando escuchamos
al Ejecutivo decir que una parte significativa de los homicidios no tienen
vinculación con el crimen organizado, inmediatamente tratamos de ver la fuente
de tal afirmación, pero como Lilian
Chapa Koloffon, nos dice su fuente es el CISEN con información que no es
pública y que por lo tanto nos piden un acto de fe. Incluso suponiendo que
eso fuera cierto la PGR solo ha
iniciado, de 2012 a junio de este año, 107 averiguaciones previas por
homicidios lo que corresponde apenas al 1 por ciento del total nacional. Esto
podría explicar por qué la tasa de impunidad por el delito de homicidio supera
el México el 78 por ciento, haciendo muy poco probable que un homicida siquiera
sea detenido y procesado.
Así estamos en el peor de los
escenarios. Una pésima calidad y oportunidad de la información sobre
homicidios, un claro repunte de la violencia homicida en los últimos dos años,
la ausencia de un plan nacional coherente para atender la violencia letal, un
presidente que desinforma, autoridades estatales listas para lavarse las manos
y determinar homicidios como “del crimen organizado” incluso antes de cualquier
acto de investigación y autoridades federales que solo investigan el 1 por
ciento de los homicidios.
Ante este
desolador panorama creo que la tarea está en nuestra cancha, al menos por el
momento. La campaña regional Instinto de
Vida busca precisamente reducir la tasa de homicidios en América Latina (la
región más violenta del mundo) países, como México, en los que esta tendencia
podría escalar de 21 por ciento, al 40 por ciento hacia 2030.
Pensar esa tasa de homicidios es
hablar de algo nunca antes visto en la historia de la humanidad. Sería como despertar de una
pesadilla en la que estamos a otra que no es posible siquiera imaginar. Trágicamente las condiciones pueden estar
dadas como prueba el mismo discurso de Peña Nieto que solo tres párrafos
después de citar los homicidios, exige al congreso la aprobación de la Ley de
Seguridad Interior, que además de ser una estrategia fracasada como lo hemos
dicho aquí, constituye un golpe militar a la democracia misma.
Como hemos
insistido en el colectivo de organizaciones mexicanas #MxSinHomicidios, un buen
inicio sería mejorar la calidad de la información y elaborar una política
pública más allá del despliegue de fuerza militar y policial, acciones
focalizadas en las personas, en los espacios y lugares, en las causas
contextuales donde el homicidio se recrea y en las instituciones de
investigación e impartición de justicia donde la tendencia puede ser detenida.
Existe por parte de Instinto de Vida una serie de propuestas disponibles
basadas en la experiencia y el conocimiento acumulado.
Como sociedad debemos tomar en serio
esta tendencia que prefigura una sociedad donde el homicidio sea más probable
que la vida misma. Si no nos movilizamos nos tocará verla y lo que es peor a
nuestros hijas e hijos vivirla. Tomemos acción ya.
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