Javier Risco.
Imaginemos
qué haría el dueño de una empresa en esta situación: El departamento de
distribución de la compañía no logra llegar a las metas laborales fijadas. De
manera urgente manda a hacer una evaluación externa que mida eficiencia,
productividad, asistencia, participación y extras. En los resultados sale que,
de los 128 trabajadores de la planta, 116 no logran llegar ni siquiera a los 60
puntos de un total de 100. El 90 por ciento de sus empleados están reprobados;
peor aún, los jefes de sección no llegan a 50 de calificación y por lo menos
una decena no llegó ni a los 20 puntos.
¿Qué haría
alguien que quisiera que el negocio no se fuera a la bancarrota? Por lo menos a
los cincuenta peores, despedirlos, no hay vuelta atrás, los cincuenta restantes
reprobados lo colocan en una crisis de productividad, ha caído en cuenta que su
departamento es un fracaso. Lo sabían, pero esta evaluación lo confirma. El mismo panorama de esta empresa ficción,
de manera trágica se reproduce en el Senado.
De los 128 legisladores en funciones,
116 no lograron superar los 60 puntos de 100 en materia de eficiencia,
productividad, asistencia, votaciones, rol político y extras legislativos, de
una evaluación externa hecha por la organización Borde Político.
Esta medición, que se llevó a cabo
con base en los datos del Sistema de Información Legislativa de la Secretaría
de Gobernación, nos
mostró con datos lo que ya vemos en hechos: el Senado es un semillero de grilleros, rapiña política y mercenarios
de la legislación que no cumple su principal función: hacer leyes para mejorar
la vida de los ciudadanos. 116 de 128 nos deja algo claro: pasa en todos los
partidos, de todos los colores, plurinominales y de elección popular.
La medición
hecha por Borde Político, que nombró ‘Borde Score’, se sacó midiendo en rangos
de 70 y 30 por ciento, dándole el mayor
porcentaje al desempeño laboral del senador evaluado, lo que incluía su
asistencia, las iniciativas y puntos de acuerdo que han presentado ante el
Pleno y que fueron aprobadas –no
basta con subirse a tribuna a hablar y hablar–, contra el 30 por ciento
resultante de su eficiencia en el rol político que desempeña, según su nivel de
representatividad y el partido al que pertenece.
Y como eso
no basta para saber qué tanto están funcionando estos legisladores, se sumaba
un 30 por ciento extra que salía de su influencia en redes sociales, su
comunicación interna contrastado con su transparencia y el cumplimiento a la
ley 3de3. 30 puntos extra que tampoco
los ayudaron a pasar al menos de panzazo.
Ernesto Cordero, presidente del
Senado, el panista impuesto, no alcanza ni los 45 puntos. Los coordinadores de las bancadas
del PRI, PAN, PRD, PVEM y PT (en la que los Morenos están incluidos), aquellos senadores que no sólo están
encargados de legislar, sino de dirigir a su grupo político, todos están
reprobados. Y sí, pongámosles nombre: Emilio Gamboa Patrón, Fernando Herrera,
Luis Sánchez, Carlos Alberto Puente y Manuel Bartlett.
Aquellos senadores –por cierto, todos
priistas– que además lideran algún sindicato, como Isaías González, de la CROC
(Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos); Carlos Romero
Deschamps, de Pemex; Jesús Priego, de la CTM, y el líder de los burócratas,
Joel Ayala, no alcanzaron más de 20 puntos.
¿Por qué nos
importa si ya sabemos que los senadores han hecho todo menos trabajar para
hacer leyes? Porque en el último año legislativo aún tienen pendientes
primordiales como los nombramientos del Sistema Anticorrupción, los magistrados
del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, la Ley de Archivos que
garantice mayor transparencia, la Ley de Obra Pública que combata a corrupción
en ese rubro, discusiones sobre la Ley de Seguridad Interior y la revisión de
la Ley Orgánica de la PGR, sin contar con el Presupuesto 2018.
No sorprende tener legisladores
buenos para nada, lo que debería sorprendernos es seguir manteniendo en
funciones y elegir a los personajes que ya han demostrado que no sirven. En 2018 tenemos una oportunidad de
ser ciudadanos eficientes, que tomen decisiones distintas.
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