PRIMERO: NO
SON BOTS RUSOS, SON CYBORGS MERCENARIOS
Los bots (robots) de Twitter son
cuentas automatizadas que hacen tareas mecánicas, generalmente distribuir spam,
retuitear mensajes con determinadas palabras o repetir el mismo mensaje con
distintas cuentas cuando aparecen cierto hashtag. Los perfiles falsos son
cuentas de nombre inventado y foto robada, manejadas al peso por personas
reales (esta técnica se llama sockpuppeting). Los dos son actores habituales en
el mundo de la campaña política desde hace tiempo. La evolución natural de
ambos es el cyborg, el perfil falso y semiautomatizado que está contaminando
las redes y que se cría en las granjas de trolls.
Las granjas de trolls son una especie
de call centers donde cientos de personas crean, manejan y monitorizan cientos
de miles de cuentas cyborg. No son hackers, porque no hace falta. Son
publicitarios, periodistas y vendedores en paro, pero también estudiantes y
amas de casa en apuros. No necesitan ser programadores, solo manejarse en las
redes y gestionar un enjambre de cyborgs en distintas misiones. Su salario
depende de su eficiencia, pero no cobran mucho. Es un trabajo precario en una
economía brutal.
Si el cliente quiere generar interés
en torno a un nuevo producto, el enjambre busca espacios de interés y produce
cientos de comentarios positivos y los disemina rápidamente por medios, foros y
tiendas online. Si el cliente quiere deshacerse de la competencia, el enjambre
hace lo mismo, pero para difamar. El enjambre ataca en
grupo: los perfiles falsos se enlazan y se dan la razón unos a otros, tanto
para defender un producto como para destrozar a un rival con abusos verbales o
acabar con un tema a base de provocación.
NO SON
ESPÍAS, SON EMPRESAS DE SERVICIOS.
También buscan humanos afines a los
que alientan con su calor cibernético, creando relaciones, campañas de
propaganda que parecen haber surgido de manera espontánea, como un movimiento
desde las bases. Cuando dos enjambres rivales se encuentran, levantan una gran
cantidad de polvo que ciega a los medios de comunicación. Por ejemplo, cuando dos ancianitas son presuntamente desterradas de un vuelo por hablar en catalán.
El producto podría ser un coche, un
videojuego o un festival, pero esa clase de cliente se conforma con el 30 por
ciento del mercado.
Un político necesita convencer a más
de la mitad. Es por eso por lo que sus clientes más habituales son candidatos
electorales, partidos políticos y gobiernos, como apuntaba este reciente
estudio de la Universidad de Oxford. Esto es así de Argentina a Corea del Norte, de los Estados
Unidos a China, de Venezuela a Rusia.
Evidentemente, no les contrata el
candidato. Les contrata la agencia o el spin doctor que lleva la campaña. Y no los
contrata a ellos solos. Combinará a los trolls con agresivas herramientas de
Big Data y marketing personalizado y la segmentación por perfiles de
plataformas como Facebook y Twitter. Esa hidra venenosa de tres cabezas se ha
convertido en la gran máquina de propaganda política de nuestro tiempo. La
navaja suiza de las campañas políticas online.
LA MÁQUINA
DETRÁS DE TRUMP Y DEL BREXIT SE LLAMA CAMBRIDGE ANALYTICA Y NO ES RUSA
“Los regímenes autoritarios no son
los únicos que usan la manipulación organizada de las redes sociales”, explica
el informe de Oxford. Ni siquiera son los mejores. “Los primeros registros de
gobiernos revolviendo en la opinión pública son de democracias. Las nuevas innovaciones en las tecnologías
de comunicación suelen venir de partidos políticos y surgen durante campañas
electorales de alto nivel”.
Usar
propaganda para modificar comportamientos no es nuevo, ni siquiera en la Red.
El ejército de EU ya contrataba empresas en 2011 para manipular las conversaciones
online con miles de cuentas falsas y distribuir propaganda norteamericana en
árabe, persa, urdu y pashto. Pero lo gordo empieza cuando el grupo británico
SCL tiene un hijo llamado Cambridge Analytica. Un parto diseñado para utilizar
tácticas militares en el terreno político.
“SCL Group
proporciona datos, análisis y estrategia a gobiernos y organizaciones militares
en todo el mundo -dice la página del grupo. – Durante 25 años hemos conducido
programas de modificación del comportamiento en más de 60 países”. Su
especialidad son los “psyops” (operaciones psicológicas) en países como
Pakistan y Afganistan. Cambridge Analytica hereda esa experiencia para llevarla
a la batalla política. Y su principal accionista es un multimillonario
ultraconservador llamado Robert Mercer.
Mercer tiene, entre otras muchas
cosas, un thinktank negacionista del cambio climático y una agencia que se
dedica a corregir medios progresistas. Le gusta invertir en comunicación: le
dio 10 millones de dólares a Steve Bannon para relanzar Breitbart. Su hija fue la principal donante de
la campaña de Donald Trump. Aunque empezó apoyando la campaña de Ted Cruz, Cambridge Analytica fue la calabaza que
llevó a Trump a la Casa Blanca. Dicen que tienen perfiles psicológicos de 220
millones de adultos norteamericanos con 5 mil rasgos diferentes de cada uno.
Un detalle
interesante: el germen del sistema fue un quiz de personalidad que el
Psychometric Centre de la Universidad de Cambridge puso en Facebook, y que
contestaron más de seis millones de personas, logeados en sus cuentas. Le
siguieron más. SCL Group no podía usar esa mina de oro por estar sujetos a
regulaciones más rígidas. Mercer invirtió fuertemente en la nueva empresa para
poner la tecnología al servicio de la ultraderecha. Bannon era miembro
principal de su junta directiva hasta que se convirtió en el estratega jefe de
la Casa Blanca y consejero de Trump (le despidieron en agosto de 2017).
Lo siguiente que hizo Cambridge
Analytica fue apoyar el Brexit, en dos campañas simultáneas: @vote_leave y
@LeaveEUOfficial (lo cuenta el Guardian en un artículo imprescindible para
entender las “injerencias”). Según el Proyecto de Propaganda Computacional de la
Universidad de Oxford, en la antesala
del referendum europeo Twitter se llenó extrañamente de cyborgs, y todos
estaban a favor del Brexit. Resumiendo: no sabemos si la red global que apoyó a
Trump e impulsó el Brexit ataca ahora a España. Pero, si lo hiciera, no sería
en contra del gobierno de España sino a su favor.
LOS RUSOS
PROPIAMENTE RUSOS: THE INTERNET RESEARCH AGENCY
Lo que sí sabemos es que la agencia
de trolls más famosa del mundo se llama Internet Research Agency (IRA) y tiene
su sede en San Petersburgo. Su dueño es Yevgeny Prigozhin, propietario de
varios restaurantes de copete, incluyendo el lugar donde Putin celebra sus
cumpleaños si está en la ciudad. No es la única, pero es la más conocida. Esto
es gracias a dos famosos artículos de Adrian Chen en el New York Times y el New
Yorker.
Chen describe cómo los trolls a
sueldo de IRA usaron Facebook, Twitter, Google y YouTube, entre otras
plataformas, para interferir en las elecciones estadounidenses a favor de
Donald Trump, como muchas otras cosas, con la intención de sembrar la paranoia
e inutilizar la Red. En la última edición del festival The Influencers, en
Barcelona, Chen explicó cómo había llegado hasta ellos y cuáles eran sus
métodos: crear perfiles falsos, rumores falsos, noticias falsas. Caos y
destrucción.
NO ES UN
NEGOCIO NACIONALISTA. ES UN NEGOCIO GLOBAL.
Efectivamente,
la Agencia está en Rusia y trabaja habitualmente para el Kremlin. Chen tiene
documentación y testigos que lo demuestran. Eso no significa que el Kremlin sea
su único cliente. “Trabajan para otros clientes -nos explica el propio Chen por
teléfono desde Nueva York-. Hasta tienen una agencia de marketing que gestiona
clientes privados, políticos y gente así”. Tampoco
significa que todas las granjas de trolls estén allí. De hecho, ahora mismo hay
granjas operando en México y en la India, y las más grandes son chinas. Como la
IRA, trabajan a menudo al servicio del Gobierno. Por conveniencia, más que
conspiración.
El negocio es ganar dinero haciendo
campañas contaminantes, distorsionando la realidad con ayuda de cientos de
trabajadores precarios, ordenadores conectados, teléfonos móviles y mucha
electricidad. Como las famosas fábricas de explotación de la industria textil o
la informática, plantan su casa allí donde el negocio encuentra menos
obstáculos. En este caso, donde la electrónica y la mano de obra sea barata, la
legislación sea laxa y les hagan descuento en la factura de la luz. No es un
negocio nacionalista. Es un negocio global.
EL PEQUEÑO
PROBLEMA DE MARÍA DOLORES DE COSPEDAL.
Esta es la
razón por la que Cospedal se comió una buena broma: su jefe afirmó
categóricamente que “en las cuentas españolas de Twitter sobre el tema catalán
había muchos perfiles falsos” y que “más del 50 por ciento están registrados en
Rusia y un 30 por ciento en Venezuela”, recogiendo el jersey que le ha ido
tejiendo El Pais. Pero no puede hacer que sea verdad. Aun en el dudoso caso de
que pueda demostrar estas cifras, sería muy difícil demostrar su coalición con
el Kremlin.
Otro non
sequitur persistente en esta narrativa: que
Julian Assange apoye la causa independentista no significa que esté a sueldo de
Putin. Todas las agencias de marketing contratan influencers, y lo único que
demuestra la “injerencia” de Assange en Catalunya es que es un influencer
efectivo en el asunto soberanista. Si está a sueldo de una agencia, podría ser
cualquiera. Por ejemplo, la Assemblea Nacional Catalana.

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