Dolia Estévez.
Contrario a
los que anticiparon una “verdadera mina de oro”, los recién liberados 2,800
documentos secretos sobre la investigación del asesinato de John F. Kennedy no
contienen ninguna bomba informativa que ayude a corroborar oficialmente el
contubernio entre los gobiernos priistas de Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz
Ordaz y Luís Echeverría con la CIA. A
última hora, Mike Pompeo, director de la famosa agencia de espionaje, convenció
a Donald Trump–quien por ley tenía como fecha perentoria liberarlos el jueves
26 de octubre–, mantener en reserva 90 por ciento del acervo de 30,000
documentos por consideraciones de “seguridad nacional”.
Jefferson Morley, autor de la
biografía de Winston Scott, el legendario jefe de la estación de la CIA en
México de 1956 a 1969, me dijo que la CIA se opuso a su divulgación, entre
otros motivos, para proteger uno de los operativos secretos más ambiciosos de
su historia: el reclutamiento de la élite política mexicana. En Our Man in Mexico (Nuestro Hombre
en México, Tauros 2011), Morley dice que
López Mateos, Díaz Ordaz y Echeverría fueron reclutados, con pago de por medio,
por Scott, según consta en
documentos obtenidos por el autor para su libro. Estos no revelan los montos
que les pagaban, pero se deduce que eran excesivos, a decir por las quejas al
interior de la agencia.
Las leyes de transparencia
estadounidenses generalmente prohíben la difusión de material secreto que aluda
a personas vivas. En vista de que todos los reclutas de Scott han muerto, con
la excepción de Echeverría, cabe concluir que el propósito de la CIA es blindar
al individuo que ordenó la masacre de Tlatelolco y darlos a conocer sólo
después de su muerte.
“Tengo la certeza de que el nombre de
Echeverría está en los documentos que están siendo negados por esa razón”,
me dijo Morley, quien posee una lista de títulos de una parte del acervo bajo
reserva.
Los expedientes son potencialmente
explosivos pues probarían más allá de toda duda que Echeverría sirvió a un
gobierno extranjero a cambio de un beneficio (pago) cuando fue subsecretario y
secretario de Gobernación. Bajo la Constitución, eso se llama traición a la
patria. Morley
considera que el argumento que esgrimió la CIA ante Trump invocando la
seguridad nacional es falso. “La
estrecha relación entre la CIA y las presidencias mexicanas de entonces, es muy
delicada porque puede tener implicaciones para las relaciones hoy en día. De
saberse, el presidente mexicano [Enrique Peña Nieto] tendría que pronunciarse y
dañaría las relaciones”, me dijo Morley.
Morley no sabe si el gobierno de Peña
fue consultado, aunque no lo descarta. “No me sorprendería si la CIA o el
Departamento de Estado hubieran preguntado a sus contrapartes si tendrían
problema en que se publicaran. Es posible”.
Otra razón
para frenar su divulgación, según Morley, puede estar relacionada a los métodos
de espionaje de la CIA. Pese a que han transcurrido más de seis décadas, la CIA pudo negarse a que se conocieran el
lugar donde ubicaban cámaras secretas de vigilancia, aparatos de intercepción
telefónica y hasta los nombres de los colaboradores que ayudaron a espiar al
consulado de Cuba y a la embajada de la URSS. De no haber sido por la
subordinación de López Mateos, quien dio luz verde a la CIA para echar andar el
masivo operativo de espionaje contra Cuba y la URSS, la CIA jamás se hubiera
enterado de la presencia de Lee Harvey Oswald en las sedes diplomáticas de esos
países semanas antes del asesinato de Kennedy.
Morley dice
tener la certeza de que los documentos censurados por la CIA contienen información
sobre los informantes de Litempo, nombre en código del operativo de
reclutamiento de la agencia, y la relación con la presidencia de México. Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nassar
Haro, los torturadores irredentos de la sangrienta guerra sucia, también fueron
parte de Litempo. “Sabemos que los records no desclasificados tienen muchas
referencias a esas relaciones”.
Cabe concluir que la cacareada
desclasificación de la semana pasada fue mucho humo y poco fuego no solo en lo
que respecta a México sino también al asesinato de JFK. Ha sido gracias al trabajo de Morley
que sabemos de Litempo y de cómo la
estación de la CIA en México solapó en sus despachos a Washington a los
verdaderos autores de la masacre de Tlatelolco para proteger su connivencia con
el gobierno de Díaz Ordaz. Los documentos obtenidos por Morley–los que
pueden consultarse en línea en los Archivos de Seguridad Nacional de la
Universidad George Washington–ofrecen
una ventana a la perversa historia de intrigas y componendas entre las élites
de Estados Unidos y México, pero es una historia incompleta y fragmentada
porque seis décadas después la CIA insiste en mantenerla en secreto.
RUSIAGATE
TOCA A SINALOA.
Resulta que Mercury Public Affairs,
la firma contratada por el gobierno de Quirino Ordaz Coppel de Sinaloa, al son
de 25,000 dólares mensuales, está enredada en la explosiva investigación en
torno a la presunta colusión entre los rusos y la campaña presidencial de
Donald Trump. Contratada por Sinaloa para dar “asesoría estratégica” sobre
“asuntos internacionales, abogacía, publicidad y cabildeo”, Mercury es la compañía identificada
como “A” en el encausamiento criminal contra Paul Madafort, ex jefe de la
campaña de Trump. Según la acusación, los pagos que Madafort hizo a Mercury son
parte de los millones de dólares que el operador político lavó en paraísos
fiscales para ocultar su procedencia vinculada a Rusia. A ver si a Quirino Ordaz no le sale el tiro por la culata por andar
empleando servicios mercenarios que no por caros son menos cuestionables y
cuestionados.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.