Martín
Moreno.
Mancera se sienta a tomar café con
Moreno Valle y Margarita Zavala…pero no ha tenido tiempo para visitar a los
damnificados de San Gregorio, Xochimilco.
Mancera en la grilla: hace berrinche
y amenaza con no participar – ¡uy, qué miedo! – en el Frente Ciudadano por México (FCM), si la
elección de candidato presidencial es, según él, por “dedazo” …mientras miles de damnificados protestan en
la CDMX, ante el abandono de las autoridades capitalinas tras el sismo del 19
de septiembre.
Mancera se erige en Raúl Velasco y
funge como vocero artístico vía TW: “Hoy estará @Timbiriche_35 dando un
concierto gratuito en el Zócalo”. Son sus prioridades…aunque carece de un programa de
Reconstrucción integral, transparente y viable, para la CDMX.
Mancera se la vive, como gallinita
descabezada, dando vueltas sin rumbo, pretendiendo una candidatura presidencial
sin pies ni cabeza…en tanto decenas de damnificados todavía duermen en la
calle, ya cumplidos dos meses del terremoto.
Mancera se la pasa viajando a los
estados gastando y publicitando su imagen, gracias a los impuestos pagados por
los capitalinos…pero pretende que los damnificados vuelvan a
pagar – sí, otra vez-, el valor de sus inmuebles destruidos por el sismo,
echándolos en los brazos de la usura bancaria o del Infonavit.
¡No sea cínico, señor Miguel Ángel
Mancera!
No sabemos
qué es peor: que el jefe de Gobierno se quede para enfrentar, como lo haría
cualquier funcionario responsable y con dos dedos de ética en cualquier parte
del mundo, la reconstrucción en la capital tras los sismos hasta el último día
de su mandato, o es mejor que ya se vaya.
Pero lo que sí sabemos, es que
Mancera ha entrado en una fase de descomposición política que lo tiene en un
punto de intrascendencia gubernamental que se refleja en tres síntomas:
Primero: su figura es cada vez menos respetada, al
convertirse, a los ojos de capitalinos, políticos, periodistas (críticos, no
paleros, por supuesto) y ciudadanos en general, en un vulgar trepador de la
política que, encima del cascajo en el que murieron mexicanos y que son emblema
de la desgracia y el dolor de decenas de familias, pretende buscar una
candidatura presidencial, una Fiscalía, una Senaduría o cualquier cosa que a
partir del 2018 lo siga manteniendo en la nómina del poder. Mancera se trepa en
la desgracia de los damnificados para intentar alcanzar sus ambiciones
políticas.
Segundo: a Mancera, en una frase, ya no le importan
los damnificados, si es que alguna vez le importaron. ¿Ejemplos? Van: jamás
puso un pie en una de las zonas más afectadas por el temblor: San Gregorio,
Xochimilco, donde, hasta la fecha, necesitan de manera urgente apoyo
gubernamental. Nada. Para Mancera, San Gregorio no existió. O bien: ¿cuándo se
ha reunido frente a frente con los sin casa de Tlalpan que siguen durmiendo
entre los escombros? Optó, en aras de cuidar su imagen pública, por enviar a un
amigo llamado Ricardo Becerra que no solo no resuelve absolutamente nada, sino
que llegó borracho a la reunión con los tlalpenses. ¡Una vergüenza! Otra: durante la marcha legítima del domingo
pasado de damnificados por el sismo, Mancera no se dignó a atenderlos. Vamos,
ni siquiera se dirigió a ellos para escucharlos. ¿Qué hacía Mancera en esas
horas? Tomar cafecito con otros políticos para hablar de grillas baratas. Ese
es el nivel de Mancera.
Tercero: la intrascendencia política de Mancera ya
genera un grave daño para la CDMX por el vacío de autoridad reflejado, sin
duda, en la falta de respuesta a los damnificados. Y también se ha desbordado
hacia otras dimensiones políticas, ahora, hacia el FCM, donde el jefe de Gobierno
estorba más que ayudar; vocifera, en lugar de proponer; amenaza, en lugar de
solucionar. ¿Quién le dijo a Mancera que es un candidato presidencial viable si
en cualquier encuesta sus posibilidades oscilan entre 5 y 7 por ciento, a años
luz de AMLO o de Margarita Zavala? ¿De dónde saca sus probabilidades de llegar
a Los Pinos si es el mandatario peor evaluado de la historia en la ciudad de
México? Mancera dice qué si hay “dedazo” en el Frente, él no participaría en la
contienda interna. ¡Hombre, que le tomen la palabra, no se nos vaya a
arrepentir!
Mancera
inició su mandato bajo una figura: híbrido político. Hoy por hoy, sigue exactamente igual: un híbrido político
desprestigiado e intrascendente.
“No nos dicen nada, dicen que nos
atienden, vienen personas, pero no sabemos si los dictámenes son seguros y
luego nos salen con que tenemos qué pagar créditos, pero ¿dónde está el dinero
que nos mandaron otros países? Ese dinero alcanzaría para reconstruir nuestras
casas”, reclamó Jocabed Ochoa, damnificado del 19S. (Selene Velasco Reforma 20
XI 2017).
La voz de
Jocabed resume, de manera certera, dos
cosas graves: la desesperación que sienten los damnificados tras el sismo, y el
abandono por parte del Gobierno de Mancera.
La marcha del domingo pasado fue el
primer llamado de atención severo de los damnificados hacia una postura
insensible, y hasta cruel, de Mancera: si perdieron sus inmuebles por el
temblor, ni modo: que los vuelvan a pagar. Ya les abrí la puerta de la usura
bancaria. Que se jodan.
Tienen mucha
razón los damnificados:
¿Dónde está el dinero del Fonden, lo
que aportaron celebridades en efectivo, el que nos llegó desde el extranjero?
¿Dónde demonios están esos recursos?
Por lo pronto, Mancera se dedica a
grillar y abandona a los damnificados.
Abiertamente, sin ningún pudor, se
olvida de las víctimas y prefiere sus intereses políticos.
Descabezado,
patea al FCM, hace berrinche y escupe al cielo.
Ya veremos
si se logra colar para alguna candidatura, a ver quién vota por él.
Yo no.
Ni yo.
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