En la
perversión del tapadismo, ese repugnante hábito priista que fascina a los
adictos al régimen, hasta Luis Videgaray
puede ser el verdadero candidato presidencial, aun cuando haga creer que lo
será su cómplice José Antonio Meade.
Pero si él no es el ungido de Enrique
Peña Nieto, en el PRI se da por hecho que Videgaray tiene garantizada una
posición de poder para prolongar su influencia más allá del actual sexenio: ser
senador y, desde luego, coordinador del grupo parlamentario.
Con un crecimiento mediocre de menos
de 2% anual, el aumento escandaloso de la deuda pública en más de 50%, una
inflación histórica al alza, acreditados hechos de corrupción de él mismo, por
no mencionar a los que solapó, y con su subordinación a Donald Trump, Videgaray
no debió haber saltado de la Secretaría de Hacienda a la Cancillería, sino que
tendría que haber sido despedido definitivamente.
Pero no: El
poder de Videgaray viene desde que se convirtió, como secretario de Finanzas
del Estado de México, en administrador del poder y articulador de alianzas
políticas, empresariales, financieras, mediáticas y mafiosas para que Peña
llegara a la Presidencia de la República, con él como coordinador de la
campaña.
Videgaray fue el artífice del pacto
con Felipe Calderón, su primo político, para, primero en 2006, apoyar a éste
para que llegara a la Presidencia de la República y luego, en 2012, renovar ese
acuerdo en favor de Peña, a quien aquél siempre ha mostrado subordinación.
Además de
garantizar su escaño en el Senado, Videgaray también será, en los hechos, el
coordinador de la campaña presidencial para encabezar, junto con las
estructuras del gobierno, la magna operación político-financiera para imponer a
Meade –o a quien sea– en la Presidencia de la República y ganar las dos cámaras
del Congreso.
¿Tendrá éxito? En este país que
saliva por el tapadismo y el dedazo, donde la arquitectura para la impunidad es
propicia para la defraudación, donde el país se desangra con tanta violencia y
donde las ofertas de oposición –incluido Morena– no terminan de cuajar, hasta
el PRI puede volver a ganar de la mano de Videgaray, el hombre del poder
transexenal…
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