Adela Navarro Bello.
Don Salvador
Nava Martínez doblegó al poder político de México en la era de un PRI
presidencialista y autoritario como el que vivimos hoy, pero en 1991. El país
lo gobernaba el licenciado Carlos Salinas de Gortari y su Secretario de
Gobernación, entonces la entidad encargada del desarrollo de las elecciones era
Fernando Gutiérrez Barrios, el policía político. También en su equipo de
operadores Salinas contaba con Manuel Camacho Solís.
De los
cuatro protagonistas, tres fallecieron. Solo
el ex presidente Salinas sigue con vida, y le ha correspondido ver, después de
vivir doce años en la oposición, el regreso de ese PRI autoritario,
todopodersoso y opresor.
Y muchos somos testigos del surgimiento de
personas, asociaciones, agrupaciones, medios, personajes, que, como Salvador
Nava Martínez, enfrentan a un gobierno abusivo, autoritario y corrupto, por
pura dignidad. En algunos casos con mejores resultados que en otros, pero
despertando cada vez más a una sociedad aletargada por la corrupción y la
impunidad.
Como en 1991
con Salvador Nava, ahora en 2018, Javier
Corral Jurado, el Gobernador de Chihuahua, está doblegando a un sistema
desprestigiado y corrupto que ahora encabeza en las postrimerías de la
administración federal, Enrique Peña Nieto.
En aquellos
años, poco había transcurrido de la elección de 1988 en la que a todas luces y
voluntades ciudadanas parecía que había ganado el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas
Solórzano, pero que oficialmente el triunfo se le había concedido a Carlos
Salinas de Gortari. A pesar de los
millones de ciudadanos que clamaban el fraude electoral en México, Cárdenas
desistió de luchar junto a la sociedad, lo que le habían arrebatado a través de
las instituciones.
En ese
contexto, durante el sexenio de Carlos
Salinas de Gortari, muchas elecciones las ganó la oposición, pero muy pocas
fueron reconocidas como tales. Una de las que sí, fue la de Ernesto Ruffo
Appel en Baja California en 1989, convirtiéndolo en el primer Gobernador de
oposición en el País. Con líderes genuinos en otros estados de la República, en
el Partido Acción Nacional (no el de hoy, aquel de aquellos años), tomaría
valor para postular a sus ideólogos y fundadores y después defender sus
triunfos o exhibir los fraudes.
Así llegó don Salvador Nava a la
candidatura al gobierno de San Luis Potosí, y así se la robaron en un fraude
electoral que dio el triunfo a Fausto Zapata. Entonces desde su estado, Nava emprendió la Marcha
por la Dignidad. Llegaría hasta la Ciudad de México para señalar el fraude
electoral. Su sociedad y ciudadanos de otros estados lo siguieron, se convirtió
en un dolor de cabeza para el gobierno federal. Los negociadores comenzaron a
llegar. Notas de prensa, entrevistas, recuerdos de compañeros de la marcha de
aquellos años, dan cuenta de ello. Gutiérrez
Barrios le ofreció el gabinete completito de San Luis Potosí, que metiera al
que quisiera pero que aceptara el triunfo y detuviera su marcha. Camacho Solís le propuso quitar a Zapata y
tomarle la protesta a él como Gobernador interino. A todo dijo que no don
Salvador Nava. La dignidad no tiene
precio y el político y luchador social tenía mucha dignidad. Trece días después
de tomar posesión, Fausto Zapata pidió licencia permanente. Dejó el gobierno y
Nava Martínez no alcanzó a llegar a la Ciudad de México.
Hoy día
Javier Corral Jurado se distingue de los panistas que enarbolan las siglas de
ese partido en alianza con la izquierda y enfrascados en una lucha que incluye
incluso aliarse con el PRI si eso les determina triunfos. No hay dignidad en ello. Hay oportunismo, ambición política y la lucha
del poder por el poder.
Desde septiembre de 2017 el gobierno
de Javier Corral solicitó a la Procuraduría General de la República, la
extradición de César Duarte, el ex Gobernador priísta, aliado de Peña Nieto y
representante del PRI que aún está en Los Pinos. No
se la concedieron, a pesar de que presentó no una investigación, sino diez,
donde jueces del fuero común de Chihuahua concedieron órdenes de aprehensión
contra Duarte por peculado agravado.
Aun cuando
la investigación más sólida ha documentado el desvío de 250 millones de pesos
que con anuencia de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público fueron a parar
a empresas fantasmas y una propiedad de quien fue secretario adjunto del comité
ejecutivo nacional del PRI en 2016, cuando Manlio Beltrones que encabezaba el
partido y Enrique Peña desde la Presidencia, estaban empecinados en ganar las
elecciones que habrían de perder. Aparte, a
la fecha se investiga la distracción de más de mil 200 millones de pesos del
gobierno de Chihuahua.
Como es sabido el gobierno de Enrique
Peña no hizo algo por concretar las órdenes de extradición. A por los hechos, decidieron mejor congelar las
investigaciones y tomar represalias contra el Gobernador de Chihuahua.
En diciembre
de este 2017, le dijeron que no le
entregarían un recurso que había sido destinado al saneamiento financiero del
gobierno estatal. Más de 700 millones de pesos le fueron retenidos por la
secretaría de hacienda y crédito público, y, dicho por el propio Gobernador, amedrentado
que no le liberaban el dinero porque no sabían los alcances de la investigación
contra el secretario adjunto del PRI, Alejandro Gutiérrez, quien permanece en
prisión. El temor de los de hacienda y de la propia Presidencia de la
República, es que se siga el dinero y se llegue hasta el gabinete y la cúpula
priísta.
Eso ya fue el colmo del abuso de
poder. Castigar a una entidad con recursos porque en esa entidad persiguen la
corrupción, se ha convertido en el ejemplo de la reacción de un gobierno corrupto.
Javier Corral ha sabido tomar ventaja. Primero denunció públicamente acompañado
de miembros del Sistema Nacional Anticorrupción, y después uno a uno con quien
quiere escucharlo, lo ha dicho: se enfrenta a un gobierno corrupto, señala
actos de corrupción, recibe “escarmientos”, le retienen recursos. No se
doblegará.
Por eso,
como Nava en 1991, Corral arrancó su marcha por la dignidad. La ha llamado
caravana por la dignidad unidos con valor contra la corrupción. Indudablemente
también ha habido quienes para congraciarse con el poder de la Presidencia de
la República le han buscado para ofrecerse como intermediarios y congraciar a
Gobernador con Presidente. La respuesta
de Corral ha sido la misma: que le pague hacienda lo que le debe, que se
liberen las órdenes de extradición, que se recupere lo que se le robó al pueblo
de Chihuahua, que César Duarte sea detenido para que se haga justicia. El único
punto de negociación es la justicia. No les debe nada, dice el Gobernador
Corral. No les tiene miedo. No será parte del pacto de impunidad.
También como
en 1991 a Nava, a Corral le va funcionando la manifestación pacífica social, y
la denuncia de la corrupción. Iniciada el 20 de enero, la caravana por la
dignidad tuvo su primer logro un día antes de iniciar, de hecho, cuando el
encargado de despacho de la PGR, Elías Beltrán, informó que ya se realizaba el
trámite para solicitar la orden de extradición contra César Duarte en tres
casos judiciales, uno del ámbito federal, dos del estatal.
A dos días
de iniciada la marcha, en la fiscalía especial para la atención de delitos
electorales, dieron a conocer que abrirían su propia investigación sobre la
utilización de recursos públicos del gobierno de Chihuahua en las campañas del
PRI en 2016, justo lo que desde 2017 les había solicitado el Gobernador Corral.
Tres días
después de la marcha, en un twitter del encargado de despacho de la PGR, éste
informó que está en la “etapa final del procedimiento para formular las
solicitudes de extradición de las ocho causas penales pendientes del fuero
común contra un ex Gobernador de Chihuahua”, así, sin escribir el nombre de
César Duarte.
A la
caravana por la dignidad todavía le faltan muchos días para llegar a la Ciudad
de México, hasta ayer martes no había salido aun de Chihuahua y le faltan por
recorrer once estados, Durango, Coahuila, Nuevo León, Zacatecas,
Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato, Nayarit, Jalisco, Michoacán y
Morelos.
Como a Salinas, a Peña no le
beneficia que le caravana por la dignidad termine en la Ciudad de México, pero
al igual que aquellos años, poco o nada tiene para negociar, y mucho por
cumplir. Pagar los recursos al gobierno de
Chihuahua, solicitar las órdenes de extradición, aprehender a César Duarte,
investigar en el ámbito federal la distracción de 250 millones de pesos con la
venia de la secretaría de hacienda y crédito público que en ese 2016, titulaba
su amigo Luis Videgaray Caso, parte del equipo de su candidato, José Antonio
Meade, quien de hecho lo suplió en el cargo.
Parece imposible que el gobierno de
Peña se auto-investigue por corrupción, pero se ve probable que, en la lucha
por la dignidad y el señalamiento de la corrupción, la caravana ni termine en
la Ciudad de México ni en Chihuahua, sino que llegue a otras latitudes, y
particularmente a las urnas.
El combate a la corrupción y a la
impunidad, serán definitivamente los elementos que marcarán la contienda
electoral para renovar la Presidencia de la República, y ahí, el PRI y Peña,
llevan las de perder.
Es momento
de salvar la dignidad, para castigar la corrupción. Sea en una caravana, con
una denuncia ciudadana, con un señalamiento, en un juzgado, en una fiscalía, o
en las urnas. Ahora es cuando, no habíamos sido en la historia contemporánea de
México, testigos de tanta corrupción y abuso de poder.
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