Atzayaelh Torres.
Tabasco y
Chiapas son dos bastiones petroleros que tendrán nuevo gobernador este año, su
futuro político es inherente a la actividad de exploración y extracción, pero
hay que considerar que a finales del año pasado Moody’s advirtió de que en 2018 y 2019 estos y otros estados petroleros
seguirán presentando presiones financieras.
Por ejemplo,
en el caso de Tabasco, apuntó la calificadora, entre 2011 y 2015 la actividad
petrolera representó más de la mitad de su PIB, misma que sufrió la recesión de
precios desde 2015, que derivó en el recorte presupuestal de Pemex y que tanto
desempleo ha dejado en ambas entidades.
Cabe recordar que 12 por ciento de la
producción nacional de petróleo y gas es generada por los estados de Tabasco y
Chiapas, esto asciende a un estimado de 248 mil barriles por día de petróleo y
900 mil millones de pies cúbicos diarios de gas en aproximadamente mil 67 pozos
petroleros en explotación en la región sur.
Sin embargo,
actualmente la Terminal Marítima de Dos
Bocas, localizada en el municipio de Paraíso, en Tabasco, maneja en total 1.1
millones barriles de crudo pesado y 200 mil barriles de crudo ligero por día,
es decir, 80 por ciento de la producción proveniente de pozos marinos en el
litoral de Tabasco y la Sonda de Campeche pasa por esa entidad.
Sin embargo,
la actividad petrolera en esta región ha venido a la baja. De 159 pozos petroleros perforados en 2015, se perforaron tan sólo 23
en 2017; y ni qué decir de los
problemas que ha pasado la mano de obra nacional y las empresas de servicios de
la región, pues justamente este declive en la actividad petrolera llevó a
Tabasco a finales de 2017 a posicionarse en primer lugar en desempleo a nivel
nacional, ante la inoperancia del actual gobernador Arturo Núñez Jiménez.
Esto toma relevancia cuando parece un
hecho irreversible que Morena ganará el estado, de acuerdo con la totalidad de
las encuestas que se han hecho públicas.
Entonces será necesario que el nuevo
gobierno impulse de manera contundente a la industria de hidrocarburos, pues
sin lugar a dudas este estado es una pieza clave para elevar las cifras de producción
nacional de crudo, y más con una caída de 9.5 por ciento de Pemex en 2017.
Es cierto que la política de
producción y exploración depende del gobierno federal, sin embargo, el nuevo
gobierno tabasqueño tendrá la responsabilidad de fomentar las condiciones para
recuperarse del trancazo operativo de Pemex, pues muy lejos está aquella cifra
récord de 530 mil barriles diarios, por los años de 2010 y 2011. A partir de
ahí, solamente ha ido a la baja. Lo mismo en Chiapas.
Si la tendencia electoral continúa
como va hasta el momento, entre Tabasco, Chiapas y Veracruz podría establecerse
una productiva relación entre los estados de la cuenca del sureste, cuya
producción de petróleo conjunta es cercana a 270 mil barriles por día.
Siempre los cambios son buenos y más
si se trata de impulsar el crecimiento económico del país, principalmente de
estos estados que tanto han sido impactados por el impasse petrolero. No habrá quien se oponga.
DIVIDE LA
RONDA SHALE.
Tremendo lío traen en la Secretaría
de Energía y la Comisión Nacional de Hidrocarburos con el lanzamiento de una
última ronda petrolera de campos terrestres no convencionales, los tan temidos
shale oil & gas, pues una facción dice que convocar esa licitación es
patear el avispero político, pues sería abrirle la puerta a protestas sociales
y medioambientales.
El otro
bando, más institucional, afirma que sacar esa ronda dará certeza que la
industria está por encima de los tiempos políticos. Ya lo dijeron ayer las
petroleras privadas a través de Pulso Energético: no hay prisa, pero, por
ejemplo, si en 2018 se adjudica todo lo que hasta 2017 no salió, México habría
'perdido' tres mil 245 millones de dólares y cada año se elevaría.
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