Hay una seria preocupación en el PRI
y en el equipo de José Antonio Meade porque las cosas en la precampaña no les
están saliendo como preveían y eso los ha llevado a realizar un giro en la
estrategia con un discurso más conciliador y propuestas que difícilmente habrán
de tener éxito porque son problemas que el presidente Enrique Peña Nieto carga
como una losa inevitable: la corrupción y la inseguridad.
A poco más
de un mes de precampaña, Meade sigue enfrentando el problema de la identidad
política con los priistas, que no lo han hecho suyo como les pidió en el
arranque de su carrera por la presidencia.
Atorado en
el tercer lugar de las preferencias electorales, detrás de Andrés Manuel López
Obrador y de Ricardo Anaya, el precandidato
priista sigue siendo una figura inasible para los militantes del PRI, que no
saben si tratarlo como un arribista o como un impostor.
La estrategia de posicionamiento, que
se preveía sería exitosa en el primer mes de precampaña, no ha tenido los resultados
positivos que se esperaba porque José Antonio Meade navega entre las aguas del
PRI y el PAN, causando ambigüedad y conflicto interno en la base priista.
A este problema de identidad se le
suman las dificultades de coherencia en su discurso cuando habla de temas como
la corrupción, la seguridad y la pobreza, que son el talón de Aquiles para el
gobierno de Peña Nieto, principal impulsor de la carrera política de Meade.
Sin saber cómo enfrentar y resolver
estos dos temas – la identidad y la lucha contra la corrupción, la violencia y
la pobreza– Meade tampoco ha logrado conectarse con la ciudadanía, que no
siente sinceras sus propuestas, venidas de un gobierno que no cumplió las
promesas de una mejoría con las reformas energética, laboral, educativa y
hacendaria.
Además,
Meade sufre las consecuencias de la desorganización de su equipo y la falta de
acuerdos con la dirigencia nacional del PRI, que caminan por senderos distintos
y eso genera inconsistencia e irrelevancia en el mensaje del precandidato.
Entre el PRI y su equipo, Meade tiene
cinco voceros que todos los días salen a dar declaraciones y mandan mensajes en
las redes sociales priorizando su perfil al del precandidato. Pareciera que
para esos voceros es más importante su mensaje que el del precandidato.
Así mientras
en el caso de Andrés Manuel y Ricardo Anaya sólo ellos manejan sus mensajes
frente a la ciudadanía y militancia, en el caso de Meade su mensaje queda
supeditado o en segundo lugar, después del que emiten sus voceros.
La suma de todos estos conflictos es
la que tiene atorado a Meade en su precampaña y para salir del atolladero no
será suficiente cambiar la estrategia a un discurso conciliador, sino tendrá
que dar un mensaje de fuerza para reducir la distancia que ya le lleva Andrés Manuel López
Obrador y Ricardo Anaya, que siguen ganando apoyos a mes y medio de que
arranque la campaña.
Por cierto…
Hasta ahora la actual precampaña se parece a lo que ocurrió en el año 2000,
cuando Vicente Fox sumaba apoyos de todos los sectores sociales en una especie
de bola de nieve que creció sin parar y a pesar de los esfuerzos del PRI. Ese
fenómeno se llamaría después el “voto del cambio”. A ver si la bola sigue
creciendo o se desbarranca en algún despeñadero.
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