La industria
de elaboración de productos a base de cannabis, por sí sola, tiene un valor
potencial cercano a los dos mil millones de dólares para los próximos 10 años,
refieren datos de la consultora KPMG. En la actualidad, según cifras del fondo
Privateer Holdings, el valor del mercado
mexicano de la mariguana para uso recreativo asciende a 1,000 millones de
dólares. Y si a este negocio le sumamos las potenciales aplicaciones médicas
del cannabis, el mercado prácticamente se duplicaría, coincide.
El tamaño de este negocio, no
obstante, acaso supone la mitad del mercado ilegal de la mariguana en México,
según cifras del Gobierno federal. Una droga que se mantiene como el
estupefaciente más consumido en el mundo con al menos 183 millones de usuarios
a nivel mundial, refiere el World Drug Report de 2017.
Nuestro
país, en la actualidad, es uno de los principales productores de cannabis del
mundo, con una producción anual estimada de entre 15 mil y 27 mil toneladas, de
acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos y la Organización de
las Naciones Unidas (ONU).
“Esos
niveles significarían dos veces el consumo mundial anual [estimación baja-low],
o el 50 por ciento del consumo mundial [estimación alta-high]; o el 200 por
ciento del consumo anual de toda América [estimación alta-high]”, explica el
Gobierno federal en un documento realizado por Miguel Molina, en 2016.
Según las
estimaciones oficiales, México produce
entre siete y ocho mil toneladas anuales de mariguana, donde el consumo
-incluyendo el del turismo- “probablemente no rebasa las 400 toneladas anuales
[alrededor del cinco por ciento de la producción nacional]”.
Los estados identificados como
productores de mariguana son Chihuahua, Durango, Guerrero, jalisco, Michoacán,
Nayarit, Oaxaca, Sonora y Sinaloa. Y la mano de obra empleada para su cultivo y
seca, refiere el documento de Molina, asciende a 17 mil 200 jefes de hogar por
año, “lo que significa alrededor de 75 mil personas dependientes del cultivo” cada año.
Esta producción, a un precio mínimo
de venta -12 pesos por gramo, según datos del gobierno- implicaría un mercado
ilegal de al menos 4.2 mil millones de dólares al año. Sin embargo, en Estados Unidos, la mariguana mexicana se vende hasta en 10 dólares
el gramo.
A estos más de cuatro mil millones de
dólares, con la llegada de la industria médica, tocaría una expansión del
negocio de entre mil -según Privateer Holdings- y dos mil millones como mínimo -según KPMG-. Aún, el crecimiento de
este mercado sería más amplio si el cannabis se legalizara. Una tendencia a
nivel global, al menos desde la década de los noventa -en 1995, el Ministerio
de Sanidad de Israel impulsó el uso medicinal del cannabis-.
Para Pablo
Girault, fundador de la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y
Tolerante (SMART), la cuestión no es si
México debiera subirse al barco del mercado del cannabis -algo que ya existe
porque la gente fuma- sino que lo regule y no permita que caiga en manos de
privados -lo que ya sucede de manera clandestina, generando violencia e
inexistentes controles de calidad-.
“Nosotros en
SMART, no proponemos que haya un mercado
privado, sino que sea un mercado controlado […], porque nos parece que con una
sustancia que hace daño [como la mariguana], dejar que los privados compitan
para atraer mercados, no va acorde con la salud pública. Nosotros proponemos
que se pueda plantar, que haya clubes canábicos y que, si se vendiese en
farmacias, lo vendieran a través de un consorcio controlado y muy regulado, sin
publicidad en los mercados”, dijo en entrevista con SinEmbargo.
Debido a la
creciente liberalización de la mariguana en diferentes países como Brasil,
Canadá, Croacia, Dinamarca, Estados Unidos, Inglaterra, Jamaica, Portugal,
Puerto Rico, República Checa, Uruguay, además de México, entre otros, la firma
especializada en el mercado del cannabis, Brightfield Group, considera que el mercado global de la mariguana legal
crece a una tasa anual de 60 por ciento.
Sin embargo,
como señala un artículo periodístico de la revista Business Week de 1987,
escrito por Gary Becker, Premio Nobel de Economía en 1992, “la legalización de las drogas reduciría su precio en más de 90 por
ciento”, aunque sin duda, “aumentaría el consumo de drogas si fueran
legalizadas”.
En marzo de
este año, la firma Global Financial Integrity (GFI), en su reporte
Transnational Crime and the Developing World, estimó que el mercado negro del cannabis, a nivel mundial, genera entre
183 y 287 mil millones de dólares al año -lo que representa el 43 por ciento
del mercado de las drogas, valuado entre 426 y 652 mil millones de dólares-.
Sólo en
Estados Unidos, entre 2016 y 2021, se espera que el negocio de la mariguana
legal aumente 2.5 veces [al pasar de 4 mil millones de dólares en 2016, a 14
mil millones de dólares en 2021], refieren cifras de GFI. Si a ello se adiciona
el impacto general de la industria del cannabis, el mercado de entre 16 y 18
mil millones de dólares en 2016, será de entre 48 y 68 mil millones de dólares
en 2021. Es decir, el negocio se
triplicará.
“Ahora el
mercado se está dando en reversa [del exterior al interior de México] y estamos perdiendo el mercado de aquí y el
de desarrollo de algo que pudiera ser exportado”, comentó Girault. Sin embargo,
apunta, “el gobierno parece no querer entrar de frente al tema para acabar
con los efectos negativos [de las drogas] y desarrollar efectos positivos en
algo que ya está sucediendo”. Por eso, dijo, “como país nos urge una regulación”, que, si bien implica la
legalización de algo “potencialmente dañino”, podría acabar con la violencia
del narcotráfico y la victimización de consumidores.
Legal o no, el consumo de mariguana
en México es un fenómeno que va en escalada. En los últimos
38 años, entre 1988 y 2016, el uso de mariguana de la población mexicana de
entre 12 y 65 años aumentó en al menos 84.5 por ciento [pasó de 1.03 a 1.9-2.4
por ciento de la población], según cifras comparadas de la Secretaría de Salud.
En el caso de “cualquier droga”, el incremento mínimo fue de 114 por ciento
[pasó de 1.23 a 2.7-3.2].
EL CÁÑAMO:
LA OTRA CARA DEL NEGOCIO.
El cannabis, más allá de ser una
droga ilegal, puede llegar a ser un producto básico convencional para elaborar
derivados tales como textiles, fibras, champú, alimentos (semillas), papel,
plástico y materiales de construcción, además de aceites y ungüentos tópicos.
La diferencia básica entre la
mariguana y el cáñamo, a pesar de que ambos son productos derivados del
cannabis sativa L, radica en su contenido de Tetrahidrocannabinol, mejor
conocido como “THC”, que es el compuesto psicoactivo, o bien, la sustancia que
hace que el consumidor “vuele alto” o se ponga “high”.
Para que una
planta de cannabis sea clasificada como “cáñamo”, debe de contener un máximo de
0.3 por ciento de THC, refieren datos de la Fundación Canna, especializada en
fertilizantes y plantas. La mariguana de uso corriente, por ejemplo, tiene
niveles de concentración de entre 10 y 30 por ciento -dependiendo de la cepa-. Esto es, al menos, 33 veces más
concentración de THC que en el caso del cáñamo.
Para Stuart
Titus, presidente de Medical Marijuana Inc., compañía que en 2016 obtuvo
permiso del Gobierno mexicano para importar productos de cannabidol no
psicoactivos -como en el caso del aceite de cáñamo-, el “mercado mexicano va a ser al menos del tamaño del de Colorado, que
fue de casi mil millones de dólares el año pasado”, reveló el Daily Post.
Sin embargo, apuntó, existe la
posibilidad de que el mercado mexicano alcance las proporciones del estado de
California: “alrededor de siete mil millones de dólares al año”, según
calcula.
Entonces, ¿de qué tamaño sería la
industria de la mariguana en México si le quitaran los candados?
Sumados los
valores del mercado negro nacional [4.2 mil millones de dólares al año como
mínimo] y del potencial de la industria legal del cannabis [entre mil y siete
mil millones de dólares], tendríamos un
negocio de entre 5.2 y 11.2 mil millones de dólares cada año.
Para ponerlo
en perspectiva, el monto de remesas recibido por México en 2017, según las
proyecciones del Banco Mundial, es de 30.5 mil millones de dólares -situación
que nos coloca como el cuarto país que más remesas recibe en el mundo-. Esta
cantidad es poco más del 2.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de
México.
Como consecuencia, “las políticas
prohibicionistas de drogas han transformado a México en un importante
cultivador, exportador y punto de transbordo para las drogas ilícitas que
abastecen al mercado estadounidense”.
Según la
Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), se estima que México, hasta 2015, era el
productor más grande de semillas de amapola con 28 mil hectáreas que producen
-en potencia- 475 toneladas de opio crudo al año. A los ojos del Tío Sam, somos
una “gran nación de producción y de tránsito de drogas”, por donde pasa el 95
por ciento de la cocaína que consume su pueblo.
El más reciente caso de presión en
contra de la legalización, en apariencia de parte de Estados Unidos, tuvo lugar
en Uruguay, que,
desde julio de este año, se convirtió en el primer país del mundo en regular el
uso de mariguana con fines recreativos.
Dos meses después de la legalización,
las farmacias uruguayas se enfrentaron a un imprevisto: bancos internacionales
con filiales en el país sudamericano -Itaú, Santander, Scotiabank, entre otros-
amenazaron con cerrar las cuentas de los expendios que distribuyeran mariguana.
¿Por qué
razón? Estos bancos, a su vez, podrían
sufrir represalias en Estados Unidos, donde a partir de 2001, luego de la
aprobación del Acta Patriótica, quedó prohibido para las instituciones
bancarias hacer negocios relacionados con sustancias ilegales a nivel federal
-como en el caso de la mariguana-.
Esto
contrasta con las proyecciones de Brightfield Group, según las cuales, el
mercado de la mariguana en Estados Unidos acapara el 90 por ciento de las
ventas globales legales de cannabis; es decir, un mercado valuado en 6.9 mil
millones de dólares. Sin embargo, debido a la tendencia de legalización a nivel
mundial, mientras el mercado internacional crecerá cuatro veces para 2021 [al
pasar de 7.7 a 31.4 mil millones de dólares], el del vecino del norte decrecerá hasta perder un 57 por ciento de su
valor [perderá, cuando menos, 3.9 mil millones de dólares].
La tendencia
sería nociva para Estados Unidos, que según la corporación especialista en
negocios Rand, es la nación que establece los precios de la mariguana. En el caso de México, la tesis de Rand
propone que los productores y traficantes en nuestro país son “price takers” o
“tomadores de precios” que impone el país vecino. Aquí, el cannabis mexicano
cuesta entre 12 y 20 pesos el gramo. Allá son precios superiores a los 10
dólares.
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