Adela Navarro Bello.
En quince días y recorriendo doce estados de la República, Javier Corral, el Gobernador de Chihuahua
doblegó al Gobierno federal que encabeza Enrique Peña Nieto. Las horas hombre
dedicadas a la caravana por la justicia para Chihuahua tuvieron su pago. 900
millones de pesos que la administración federal, de manera unilateral,
amenazante y soberbia, venía negando a la administración estatal chihuahuense;
además que efectivamente, la Procuraduría General de la República emita las
órdenes de extradición contra el ex Gobernador César Duarte.
A pesar de la victoria de Corral, el problema de fondo persiste: el clientelar y opaco reparto de
recursos por parte del Gobierno federal a los estados de la república. Nada ha
cambiado. Ni una ley, ni una reglamentación, ni un requisito, para el manejo de
miles de millones de pesos al año.
Tan solo en subsidios,
fondos y programas del Gobierno federal para llevar recursos a estados y
municipios, se manejan más de 80 rubros de tres grandes cuentas, Ramo 33, Ramo
23 y programas especiales nacionales 2012-2018, que manejan las secretarías de
estado, comisiones y consejos federales de atención a la educación, la ciencia,
los fenómenos sociales.
Por supuesto las
secretarías que más recurso manejan para repartir entre estados y municipios
son gobernación y hacienda y crédito público. Entre ambas controlan más de 20 fondos
y subsidios. Y aun cuando la ley indica que los recursos a
entregar deben informarse con máxima pública y transparentar su uso en los
portales de transparencia de los gobiernos de los estados y municipios, la
realidad es que esa práctica, a pesar de ya estar sancionada el no hacerlo, no
se lleva a cabo.
El círculo vicioso de
la opacidad en el manejo de los recursos inicia en el Gobierno federal, pero
termina en los estados y municipios.
“El Ramo 23 es al gran
ramo de la discrecionalidad política en México”, me dijo Javier Corral en una entrevista y reflexionó: “el poder político… no está
en Los Pinos, está en la Secretaría de Hacienda, y su instrumentación es el
Ramo 23, es una bolsa que Hacienda maneja a discrecionalidad”.
A Chihuahua el Gobierno
federal le retuvo más de 700 millones de pesos del programa de fortalecimiento
financiero, y lo hicieron de manera directa, ante la amenaza de ver destapado
el fraude con empresas fantasmas, dineros públicos y campañas políticas, que la
investigación en Chihuahua ha develado entre la Secretaría de Hacienda, el
gobierno del Estado de César Duarte, y el PRI dirigido por Manlio Fabio
Beltrones. Así con esa discrecionalidad, en la SHCP deciden a quién si y a
quién y para qué, entregan los recursos.
Luego que Corral diera
a conocer detalles de la “operación zafiro”, para desviar 250 millones de pesos
del presupuesto de Chihuahua con la venia de la secretaría de hacienda, el
gobierno de Enrique Peña Nieto se puso a la defensiva y amenazó, denostó y
después pretendió politizar la exigencia de un Gobernador de un recurso ya
pactado. Se requirió de un nuevo secretario de gobernación, Alfonso Navarrete,
para aplacar a los de la secretaría de hacienda, negociar con el Gobernador y
acabar con la pugna entre estado y federación que llegó a los titulares
internacionales.
Corral al tiempo ganó. Después de recorrer doce estados en
quince días, al final de la caravana social que organizó para reclamar lo
justo, le dijeron que sus dos peticiones serán cumplidas: la entrega del recurso
para las finanzas de Chihuahua, y las solicitudes de extradición contra César
Duarte. No sabemos ahora si los 900 millones ya fueron transferidos, como
tampoco se ha informado de las órdenes de extracción, está la palabra del
secretario, y el apretón de mano con el Gobernador y solo eso.
Falta también que la
secretaría de hacienda y crédito público cumpla con la petición que el 24 de
enero le hizo la Comisión Permanente del Congreso, para que en un plazo “no
mayor a quince días informe y haga público los convenios de transferencia de
recursos a las entidades federativas, por concepto de fortalecimiento
financiero durante los años 2015 a 2017, indicando el estado de su
cumplimiento”.
En el mismo dictamen del poder legislativo se lee: “es indispensable señalar que gran parte de
los ingresos excedentes se gastan a través de fondos del Ramo 23, los cuales no
cuentan con mecanismos adecuados de transparencia y rendición de cuentas sobre
la aprobación y uso de los recursos públicos… actualmente los controles no han
sido suficientes para frenar el desfalco en las finanzas públicas, en
particular el manejo del Ramo 23”.
Y en efecto, la
secretaría de hacienda y crédito público no ha hecho pública esa información, y
si la han enviado a la Comisión Permanente (el 7 de febrero se cumplen los
primeros 15 días naturales) de ahí no han transparentado tal recurso.
De los excedentes presupuestarios en una ocasión me comentó
el senador Ernesto Ruffo Appel el manejo de estos. La trampa inicia desde el momento en que la secretaría de hacienda baja
la expectativa de los ingresos precisamente para que haya excedentes, los
cuales para repartirlos “de manera equitativa”, se los reparten por partidos
políticos representados en la cámara federal, y estos a su vez “los bajan” a
estados y municipios, a través de la secretaría de hacienda. Ahí es donde,
reiteró el senador, se dan los moches. Un legislador va a su estado o ciudad y
dice que tienen tantos millones en tales programas que le ayudará al Gobernador
o alcalde a obtenerlos a cambio de un porcentaje. Eso o que decidan entre
legisladores y hacienda, entregarlos a quienes políticamente les conviene.
De eso nada se ha
transparentado. Nada.
Y si los gobernadores
dejaron solo a Javier Corral (él me comentó en una entrevista que solamente uno
le mandó un whatsapp para solidarse con él en privado y decirle que no podía
hacerlo en público), se asume de entrada que no tienen “problemas” con el acceso
y disfrute de recursos federales, o que definitivamente han entrado al círculo
de la opacidad que inicia en el Gobierno federal.
En una medida que se ve
más de sistema que de otra cosa, en la Conago se dijeron sorprendidos los
gobernadores sobre la denuncia de Corral, lo cual es por en sí mismo
sorprendente, pensar
que únicamente a un Gobernador el Gobierno federal intenta someter con la no
entrega de recursos. Ante el triunfo de Corral, los gobernadores no quedan bien parados. Tampoco el Gobierno federal,
que requiere de presiones sociales para actuar conforme la Ley.
Es imperante en estos
momentos, para asegundar la acción de Corral, que la comisión permanente del
congreso exija a la secretaría de hacienda transparentar por lo menos el Ramo
23, que ya después hagan lo propio con el Ramo 33 y los proyectos nacionales de
2012-2018, con sus más de 80 subsidios, fondos y programas.
Y que, en todo caso, en
los gobiernos de los estados, los congresos y la sociedad civil obliguen a sus
mandatarios a transparentar la entrega y el uso de los recursos federales. Que el caso Corral no quede aislado,
que sea inicio de un movimiento nacional por la trasparencia y la rendición de
cuentas. Ya se demostró que si se puede.
Y que el problema, está en la opacidad de la secretaría de hacienda.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.